Optimismo como Elección

honduras

En la previa de la primera semifinal de fútbol masculino de las olimpiadas de Río 2016 todos sentíamos hinchado el corazón. La selección nacional de Honduras jugaba contra Brasil, país en categoría mayor número uno en logros históricos, copas mundiales y estadísticas. Jugábamos nada menos que en La Meca del fútbol mundial, el mítico Maracaná, donde se han jugado dos finales del mundo, en el mismo césped pisado por Pelé, Maradona, Messi, Ronaldo, Garrincha y aunque no me crean también Frank Sinatra, Paul McArtney y U2. La emoción era máxima cuando se entonó “Tu Bandera es un lampo de cielo…”, nos parecía flotar. A los quince segundos del partido, perdíamos uno a cero, y el primer comentario que escuché a la persona que tenía al lado fue: “apagá ese televisor”. Me quedé viéndole muy sorprendido.

No me duele tanto que pierda la selección. Sí me duele en el alma que haya hondureños que sólo apoyen cuando ganamos. Es como si un amigo que te acompaña a tomarse dos tragos sale huyendo cuando hay que pagar la cuenta. Me pareció que no era pesimismo aquello, sino pura comodidad. Era como si me hablara el corazón de esa persona y dijera: “yo quería que la selección me diera algo, pero ahora que la selección demanda algo de mí, ya no estoy dispuesto a darlo. Ya no me conviene éste partido, porque ahora me toca dar de mí ya no estoy recibiendo nada.”

Más allá del fútbol, que nos apasiona a todos, me importa mucho la actitud de las personas de nuestro país. ¿De dónde viene esa actitud pesimista y ramplona que se mira también en otras esferas de la vida? La respuesta fácil y errónea es la que recibo de las personas con las que hablo del tema: es cultural. ¿El pesimismo forma parte de nuestra cultura? Esa afirmación no sólo falta a la verdad, sino que además hace algo todavía peor que la actitud negativa, porque la legitima. Es como decir: no sólo soy una persona interesada y mezquina, sino que además lo hago porque todos lo hacen, y por tanto no es algo malo. Lo hago porque lo recibí del ambiente donde me muevo y por tanto no tengo la culpa, la tiene los demás.

Un hombre de cierta relevancia escribió una vez: “yo no sé si soy honrado o no, porque no me han faltado nunca los medios económicos, porque cuando mi mujer o mis hijos se han puesto enfermos he tenido donde llevarles para que les atendieran, porque cuando ha llegado el momento de descanso hemos podido trasladarnos de lugar. No me ha faltado nada.” De la misma forma podemos decirle a un estadounidense que realmente él no sabe si es optimista o no, porque en todas las olimpiadas siempre son los que sacan más medallas de oro. En todas las competiciones, entre los primeros diez hay un gringo, ¿qué saben ellos de optimismo? Muy poco.

Las personas, como las culturas, no se comparan. Al hacerlo pierden su “personalidad” es decir su condición de personas, de seres únicos e irrepetibles. Me perdona entonces el lector al hacer la anterior comparación, sólo quiero aclarar que el verdadero optimismo es una elección, que cuesta cierto esfuerzo. El esfuerzo de asimilar una derrota, de aprender del digno adversario, cuando nos ha ganado justamente. Cuesta empeño levantarse de nuevo. Hace falta sacrificio para estrujar el corazón para exprimir la última gota de energía, e invertirla en seguir adelante.

No somos diferentes de otras culturas, simplemente hemos tenido distintas condiciones. Todos estamos hechos de la misma pasta, y todos podemos caer alguna vez en el pesimismo de la rutina, de pensar que las cosas no van a mejorar. El pesimismo es siempre una profecía auto cumplida, una forma de envidia que entristece el alma y por lo mismo la envenena. No caigamos por tanto en ese vicio que nos cercena los brazos y los pies del alma, haciéndonos incapaces de levantar la vista hacia un futuro mejor. El optimismo cuesta esfuerzo en última instancia porque nos pone a trabajar, y nos pone en camino hacia la victoria. Yo elijo ser optimista.

Daniel Cáceres

Que quiera ser mejor persona

Niño buena persona

Pedro busca trabajo. Es ingeniero industrial y dirigió un departamento de soldadura en los últimos cinco años, es un especialista en su campo.
Encuentra un anuncio en el periódico de una empresa multinacional que necesita cubrir dos puestos de trabajo. Uno es de soldador y el otro es especialista en sistemas de computación.
Como es lógico, Pedro presenta su solicitud para el puesto en el que tiene experiencia; el de soldador. Pasa toda clase de entrevistas, encuestas y exámenes psicotécnicos… Al cabo de un mes recibe una carta, le dicen que está contratado para el puesto de sistemas de computación. Pedro pensó: “Debe tratarse de un error, no tengo la más mínima experiencia en computadoras”. Al solicitar una entrevista con el Director de Personal se da cuenta que no se trata de ningún error. ¡El puesto en experto en informática era para Pedro! Contrataron como soldador a otro candidato que le superaba en pericia con la máquina de soldar.
La explicación que le dieron no deja de ser interesante: “Para nuestra empresa la contratación de personal nuevo es muy importante, hacemos lo posible para no equivocarnos. Hemos analizado su vida y sabemos que usted es trabajador; es leal a su empresa; trabaja bien en equipo; es constante y ordenado. Además posee un nivel académico universitario y tiene cinco años de experiencia en empresas. Con este currículum le hemos adjudicado el puesto que requiere de nuestra confianza absoluta. ¿Lo quiere usted?”.
Pedro replicó; pero yo no tengo ninguna experiencia en sistemas de computación. El Director de Personal le dice: “En cuatro meses, nosotros le enseñamos los conocimientos necesarios y en un año tendrá la experiencia que pedimos. En un año y medio, usted será la persona idónea para ocupar ese puesto. ¡Las características que usted tiene como persona no se pueden adquirir en dos años, y, a veces, ni en toda la vida! ¡Es un puesto de gran responsabilidad! No nos hemos equivocado. Usted es el mejor”.
Esta anécdota, con algunas adaptaciones, que aparece en el libro “Cómo educar la voluntad” de Fernando Corominas, es también la historia de un buen amigo. Es una experiencia que constato una y otra vez cuando me corresponde intervenir en alguna contratación en la empresa en que trabajo. Es más fácil dar a alguien los conocimientos técnicos en relación a su labor determinada, que formar las virtudes que le hacen lo que solemos llamar “buena persona”.
Hace pocos días me preguntaba alguien con el que hacía una entrevista de contratación : -qué hace falta de mi parte para trabajar con ustedes. Mi respuesta, tal vez algo simplista, no dejó de sorprenderle. -Que quiera ser usted mejor persona, -¿Ese es el único requisito? Me preguntó el entrevistado con algo de sorpresa -Si, ¿le parece poco? Si entra a trabajar con nosotros, le exigiremos mucho compromiso en su formación personal. Deberá esforzarse por ser buen trabajador, aprovechando el tiempo al máximo. Deberá esforzarse además por ser buen compañero: sincero, leal, solidario. Le preguntaremos con frecuencia si se esfuerza en ser buen esposo… nosotros estamos para darle toda la formación necesaria, pero usted deberá hacerla “vida propia”. Con cierta dureza concluí: -Si no desea esforzarse por mejorar personalmente, adquiriendo las virtudes necesarias, mejor no pierda su tiempo y no nos lo haga perder.
Aunque esta forma de contratación, centrada en la persona, sea más lenta, he comprobado que a la larga es la mejor. Una persona con virtudes es terreno propicio en el que luego pueden desarrollarse las competencias para hacer bien prácticamente cualquier labor.
Una vez contratado, con las virtudes y la actitud adecuada, la persona capta con mucha más prontitud nuestra filosofía institucional. Con los talentos necesarios, se aprovecha más el tiempo en las capacitaciones correspondientes. Se absorben como por ósmosis, el buen trato, la preocupación de unos por otros y el espíritu de servicio que son parte del día a día de la institución donde trabajo.
Con el paso de los años, he descubierto que este exigente compromiso personal en ser mejores junto con el serio empeño por servir a los demás es el mejor motor para hacer bien las cosas. Aún con la importancia de percibir un salario adecuado, los profesionales más competentes buscan otras razones más trascendentes para permanecer en un determinado empleo.
Al final, el trabajo bien hecho, a conciencia, es el mejor medio de formación en el que se ponen en práctica todas las virtudes. La satisfacción por la contribución personal a la familia y a la sociedad se convierte en la mejor motivación para “las personas que se esfuerzan por ser mejores”. Basta solamente una de ellas para transformar un ambiente por completo.

Desafíos para ser mejor
Centrados en la persona humana

1. ¿Cuántos verdaderos amigos tienes? Escribe sus nombres
2. Investiga los gustos de tres amigos
3. ¿Sabes qué preocupación tienen en este momento tus mejores amigos? ¿Puedes hacer algo esta semana para ayudarles?
4. ¿Cuándo fue la última vez que sugeriste a alguien un consejo para mejorar como persona?¿Tienes pendiente alguna conversación importante en esta línea?
5. ¿Cómo sería una tarde con cada uno de estos grupos de personas: tus padres, tus hermanos, compañeros de escuela o trabajo y un grupo de niños de 5 años a los que debes cuidar? ¿Estarías pendiente de servir o de ser servido?

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 14 de agosto de 2016

@jcoyuela

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Fiestas costosas

Fiestas

Esta semana, tuve una conversación interesante con Daniel, estudiante de la escuela en la que trabajo.  Nada mejor que las preguntas inquisitivas de un joven de 17 años para desempolvar y aclarar argumentos. El interés iba en vistas a su próxima fiesta de graduación, y tal vez, perder un poco de tiempo de su clase de matemáticas…

No estoy en contra de las fiestas. Son necesarias. Festejar por lo que vale la pena, es parte de la vida humana desde que el hombre está en este mundo. El libro de Josef Pieper “Una teoría de la fiesta”, resalta algunas dificultades del hombre moderno para celebrar. Estamos tan rodeados de “edificios prefabricados de alegrías artificiales”, motivadas muchas veces por fines comerciales, que a veces perdemos de vista el significado profundo de las celebraciones. Hace falta cierta capacidad contemplativa para valorar los abundantes regalos que recibimos todos los días. Las fiestas nos llevan precisamente a darnos cuenta de la bondad de todo lo que existe y de descubrir que estos regalos proceden de la bondad de otros, que desean comunicarnos sus bienes.

Conviene escuchar la advertencia de Nietzsche, recogida por Pieper: “No es muestra de habilidad organizar una fiesta, sino el dar con aquellos que puedan ‘alegrarse’ en ella”. El aviso se completa con una observación del propio Pieper, en otro libro (“El amor”): “Una persona no desea sin más ponerse en ese especial estado físico de la alegría, sino que siempre desea tener una ‘razón’ para alegrarse”.

En la celebración, lo más importante son las personas, no el derroche desconsiderado de gastos. Cuando se exagera en lo material es difícil luego ver el rostro de los demás. Al desorden de un corazón lleno de materialismo no puede entrar nada que no sea el propio yo, la comodidad o el capricho. Alguien que sabe colocar a las personas por encima de lo material luego le es más fácil ser servicial y misericordioso.

No estoy en contra de las fiestas. Pero sí de las fiestas excesivamente costosas. Pueden ser caldo de cultivo para la frivolidad, provocar la envidia en los demás, llevar a presumir de lo que tenemos o no tenemos, facilitar una vida llena de caprichos y centrada en nosotros mismos.

Tenemos tanto de todo y tan al alcance de la mano, que con facilidad se nos embota el alma y se empequeñece. Es fácil que el opulento piense que con eso basta para ser feliz. No se da cuenta que ese estilo de vida promete mucho pero da poco. Causa cada vez más insatisfacción que luego se busca llenar con una forma de vida cada vez más superficial. Una persona así, necesita experiencias más novedosas y rebuscadas para alcanzar una alegría que se aleja irremediablemente. En resumen, hacen falta más virtudes para comportarse adecuadamente en la abundancia que en la escasez.

Recuerdo los juegos de béisbol en mi infancia. Hacíamos la pelota con un calcetín y una piedra en el centro. El bate era un palo de escoba sobrante y los guantes, pelotas de plástico partidas por la mitad con un agujero en el centro para meter el dedo y sujetarlo. Con este rústico equipo, pasábamos unas tardes estupendas con los amigos jugando al béisbol. Por contraste, recuerdo otro juego un tanto diferente que presencié hace algunos años. Todos los jugadores tenían uniformes impecables. Bates y guantes nuevos. Parecía que los padres de familia estaban al servicio de sus hijos, uno incluso estaba colgado del tablero para anotar el marcador. ¿Y los niños jugando en el campo? Unos perfectos inútiles y caprichosos. No quiero decir que sea malo tener los medios adecuados. Tener antes que desear y encontrar sin esforzarse en buscar siempre inutiliza a las personas.

Así es la naturaleza humana. No se valora lo que no cuesta. Hacemos un enorme daño cuando existe desproporción entre el don otorgado y el esfuerzo realizado. Cuando una persona ingresa por la vía del materialismo, todo se aprecia desde el único lente del tener. Tanto vales, tanto tienes. Se pierde la óptica verdadera para sopesar a las personas y a la cosas.

Un santo educador del siglo XX decía que es conveniente tener a los hijos cortos de dinero. Los empresarios podrían contarnos tantos ejemplos de que la abundancia de recursos no es buena compañera de una vida virtuosa. La facilidad en el gastar casi siempre no va de la mano en el esfuerzo por obtener los recursos. Kant afirmaba: “dadle a un hombre todo lo que desee, e inmediatamente pensara que ese todo ya no es todo”.

Es difícil que una celebración pletórica de lujos innecesarios nos haga mejores personas. Por lo menos, es fuente de escándalo (entendido como ocasión de perjuicio a los demás), en primer lugar respecto a los asistentes. Y en un país en el que abundan tantas necesidades y niños que no tienen ni qué comer, tal vez incluso motivo de injusticia que clama al cielo.

Detrás de cada billete hay una persona. El dinero que nosotros gastamos en cosas superfluas e innecesarias pertenece a los pobres ¡Cuántas veces vemos nuestras supuestas necesidades de otra forma cuando entramos en contacto con personas pobres o enfermas! Todavía recuerdo las lágrimas en los ojos de un alumno caprichoso después de visitar a un niño con cáncer. En cambio, cuánto se puede hacer con el dinero bien empleado. Por lo menos puede ser una escuela de orden, generosidad, sobriedad, fortaleza, perseverancia, magnanimidad, humildad, justicia y responsabilidad.

Celebrar, ¡Claro que hemos de celebrar muchas cosas! En primer lugar queriendo de verdad a las personas. Pero procurando que el modo de hacerlo sea sobrio y no nos haga olvidar la razón de fondo. Que los detalles materiales sean expresión de las virtudes que procuramos cultivar. Que exista proporción entre el dinero que dedicamos a nosotros mismos y el que procuramos dar a los más necesitados.

Desafíos para poner en práctica
Generosidad y desprendimiento
1. ¿Serías capaz de regalar a un niño necesitado la prenda de tu closeth que más aprecias?
2. La Madre Teresa, una religiosa ganadora del Premio Nobel de la Paz, murió en 1997 luego de una vida dedicada al servicio. ¿Considerarías la posibilidad de ayudar a las personas como una profesión de tiempo completo sin esperar ninguna recompensa material a cambio?¿Por qué o por qué no?¿Cómo te sentirías con respecto de las personas con empleos regulares?
3. Si donaras un día de tu vida a trabajar en una ONG que brinda alimentos a personas con hambre ¿A quienes irías a visitar en tu ciudad?¿Cómo te comportarías?
4. Dispones una hora de tiempo para hacer una obra de caridad ¿A quienes buscarías para ayudarles?
5. ¿Qué gasto innecesario podrías evitar esta semana?¿A quién donarías esa cantidad de dinero?

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 7 de agosto de 2016

@jcoyuela

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Ateos y cristianos ante el dolor

dolor photo

Hace unos días los padres de un niño con algunas dificultades en el aprendizaje estaban analizando la permanencia en su escuela o trasladarlo a otra para niños con capacidades especiales. Después de varios análisis, el psicólogo que les atendió les dijo: -el niño puede continuar. Será capaz de sobrellevar las dificultades que se le presenten porque el amor de ustedes como padres será la mejor protección para adaptarse al ambiente escolar.
Pensaba en esta anécdota después de varias conversaciones con un amigo que se autodenomina ateo. Al repasar diversos argumentos filosóficos y teológicos sobre la existencia divina, decidí abordar en dichas pláticas el sufrimiento humano.
Todos, creyentes en Dios o no, altos o bajos, ricos o pobres, todos experimentamos el dolor en algún momento de nuestra vida. Todos también, tenemos ansias de paz, de reconciliación y perdón. Estos son lugares comunes que compartimos los cristianos con los que se dicen creyentes en un dios-sin-rostro o mejor dicho en diferentes dioses-con-muchas-caras. Porque hasta los que se dicen ateos creen que no existe dios alguno. La increencia absoluta es imposible. Los que no tienen ningún punto de apoyo, los que no creen en nada ya dejaron este mundo o están a punto de hacerlo; por la puerta que conduce a la desesperación.
Si Dios es bueno ¿Cómo permite el mal y el dolor?, este es uno de los cuestionamientos más usado por los ateos y agnósticos para intentar demostrar la inexistencia de Dios. Este tema no tiene explicaciones fáciles y durante siglos fue piedra en la que tropezaron muchos. Los que echan la culpa a Dios de la existencia del dolor en el mundo parecen olvidar la libertad del hombre. Me corrijo, no es la libertad lo que a veces olvidan sino su contrapartida necesaria; la responsabilidad. Dios no se escapa tampoco de esa tendencia nuestra de echarle las culpas a otros. Dios no es culpable de nuestros males sino todo lo contrario; es la fuente de todos los bienes que existen.
La diferencia entre los cristianos de los que no lo son es precisamente que ante el drama desolador del sufrimiento, los sin-Dios solamente encuentran en el mejor de los casos algo inútil, sin sentido. Fuente de tristeza y desesperazón. En cambio, para nosotros los cristianos, Dios es el eterno amante. El Padre-Dios cristiano solamente trae bienes para sus hijos, igual que los padres de la tierra. Él es precisamente la causa de la vida, la libertad y el amor que todos ansiamos en lo más profundo de nuestro corazón.
El cristiano saborea en ocasiones la tristeza y la desesperanza, sin embargo para él, hasta estas incomprensibles realidades adquieren un sentido. Igual que el médico aplica la medicina desagradable para alcanzar la salud, Dios permite los dolores que no coartan nuestra libertad, en vistas a bienes mejores.
El dolor, lejos de aislar en una rabiosa soledad, puede servir para salir al encuentro de los que sufren. Para unos puede ser ocasión de instalarse en la autocompasión, para otros, puede ser la oportunidad de imitar a su Maestro que se hizo cercano, uno más entre nosotros. Y de esta forma enseñarnos a compartir esta realidad con generosidad.
La enfermedad, el sufrimiento y la muerte, bien enfocados, como el antídoto obtenido del mismo veneno, se convierten en medicina para enfocarse en lo verdaderamente importante. Estas realidades pueden ser maestros estupendos para colmar la vocación al amor.
Intentar entender el problema del dolor es trascendental. Nos lleva a la esencia del cristianismo o nos aparta de él. La forma en qué una persona enfrenta el sacrificio demuestra si confía de verdad en un Ser supremo o no. Paladear el amor divino es la diferencia que brinda al que cree en Dios la posibilidad de transformar una experiencia dolorosa en fuente de alegría y paz.
Para un buen cristiano, Dios es el Dios del amor y la alegría. La confianza en Él le lleva a descubrir que su amor es el aceite que suaviza cualquier sufrimiento. Las dificultades no le apartan de su Padre-Dios sino todo lo contrario. El dolor, sobrellevado por amor es precisamente lo que le hace fuerte. Es el escudo que le protege de la desesperanza y le permiten alcanzar la plenitud definitiva en el amor verdadero.

Juan Carlos Oyuela
Tegucigalpa, 31 de julio de 2016
@jcoyuela
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Familias fuertes contra la violencia

El caso reciente aparecido en los medios de comunicación de una mujer golpeada brutalmente por su pareja seguramente nos conmovió profundamente. Nos da la ocasión de reflexionar sobre la tremenda realidad de la violencia en la familia. No existen los matrimonios sin problemas, nos lo decía recientemente el Papa Francisco en su última exhortación postsinodal “Amoris Laetitia”. Hacen falta familias fuertes, sustentadas en el amor y el respeto mutuo para que no se cuelen por las rendijas del descuido o la indiferencia la fuerte presión de la violencia e intolerancia imperante en la sociedad actual.

Hacer frente a la crisis de valores requiere algo más que leyes. En el caso de la violencia doméstica resultan siempre insuficientes sin la adecuada custodia y promoción de la institución familiar. Sin valores cultivados precisamente en el seno del hogar, no son más que papel mojado. Letra muerta incapaz de detener cualquier clase de violencia.

La violencia solamente puede ser eliminada por el amor. El dragón de mil cabezas de la violencia familiar solamente puede ser ahogado en el santuario que custodia las correctas relaciones en la familia. Es decir en el matrimonio. Institución que por miles de años, anterior a cualquier forma de gobierno, es la única que se ha mostrado capaz de socializar al hombre y prepararlo para los retos de cada época.

En varias estadísticas reveladoras se muestra que la violencia en las parejas de hecho es hasta trece veces mayor que en los matrimonios bien constituidos. Sustentados sobre la base sólida de un compromiso estable fundado en el amor. En las sociedades donde este vínculo es débil debido a la proliferación de “matrimonios” de hecho o el divorcio, las familias se ven sin las herramientas para cumplir su función pacificadora y educativa.

Una sociedad sin familias fuertes es necesariamente una sociedad violenta pues solamente en este ámbito se enseña a vivir y a respetar la gratuidad del amor verdadero. Único elemento capaz de superar la violencia del egoísmo individualista que es la principal causa de los conflictos sociales y familiares.

También son gérmenes de la violencia en la familia, y por ende en la sociedad, todas las formas de eliminación de los más débiles e indefensos. La eutanasia y el aborto son realidades de dominación injusta que introducen la cultura del utilitarismo y cosificación de las personas. Cuando se permite impunemente que unos estén sobre otros, se introduce el chantaje del temor en las relaciones familiares. La experiencia demuestra que en todas estas formas de oponer unos contra otros, al permitir la asimetría de derechos y deberes, quien sale más lastimada es la mujer.

Ya lo decía un personaje importante del siglo XX: “Pervertida la mujer, pervertida la sociedad”. En la familia, la mujer es el santuario de la vida y de los valores más nobles de las personas. Al final, la fortaleza que custodia los valores imperantes en una sociedad son las mujeres, especialmente las madres. La función del hombre, importante también, es custodiar y marcar límites. Pero es la mujer la que define primariamente la función educativa en la familia. Con los valores correctos, las madres pueden cambiar radicalmente una generación completa. Depende mucho de que ellas sean conscientes de su gran responsabilidad y que enseñen a sus hijos el respeto. A veces incluso deberán ir contra corriente para hacerse respetar y defender su importante labor en la familia.

Hacen falta padres fuertes que enseñen a sus hijos, primero con el ejemplo, la lógica del amor y el respeto en la intimidad familiar. De esta forma, los padres, cada uno en su lugar, enseñarán a sus hijos la lógica del servicio y de la entrega mutua. Único lenguaje válido para familias que lejos de la violencia, cultiven el amor sincero y duradero, familias sembradoras de paz y de alegría.

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 24 de julio de 2016

@jcoyuela

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Fiestas sin alcohol

En enero de este año, la empresa Heineken, publicó un estudio sobre las actitudes de los jóvenes respecto al alcohol. La investigación toma en cuenta las preferencias de 5.000 personas entre 21 y 35 años de diversos países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Brasil y México. Los resultados muestran que el 75% de ellos se inclina por limitar las bebidas embriagantes en las noches de fiesta.

Según la empresa, factores tales como la imagen que las personas jóvenes dan de sí mismas en las redes sociales actúan como elementos disuasorios para tomar bebidas embriagantes. Al parecer involuntariamente, Facebook está haciendo su parte. El 36% de los encuestados admitió que sufrió “vergüenza social” al ver publicadas fotos personales durante una “noche de copas”.

La encuesta muestra que esta evolución positiva se debe también a un mayor interés en las perspectivas del futuro de los jóvenes. Un 69% de los “millenials”, como se llama a los nacidos en torno al año 2000, sienten que deben hacer mucho más que la generación anterior para conseguir una carrera profesional exitosa. El 88% de los encuestados se miran a sí mismos como los únicos responsables de su futuro profesional. El 71% entiende que su vida es mejor cuando su comportamiento en el ámbito de la diversión es moderado.

Pareciera que las nuevas generaciones están cambiando respecto a la idea de que es imposible divertirse sin alcohol. Esta es una de las conclusiones de un artículo aparecido en The Guardian (”Sober is the new drunk: why millennials are ditching bar crawls for juice crawls ) en el que aparecen otros tipos de fiestas. En estos nuevos formatos recreacionales las bebidas embriagantes tienen cada vez menos cabida.

En el artículo citado se mencionan bebidas que están tomando el puesto del whisky, del ron o la cerveza. En su lugar los jóvenes están consumiendo bebidas más saludables con esencia de jugo de naranja, pimienta, jengibre y aceite de orégano. Los nombres de estas bebidas no dejan de ser curiosos: “Purple rain” o “Dr. Feelgood”, por ejemplo.

En estas fiestas modernas, los participantes, además de disponer de alimentos, ambientan el local con música y películas. En algunas de ellas incluso programan un tiempo dedicado a la meditación. Según el psicólogo clínico Gol Auzeen Saedi, influye en este cambio de conducta la preocupación por el futuro. Al parecer los jóvenes son más conscientes de las dificultades laborales para asegurar una carrera profesional exitosa; cada vez es más frecuente la idea que: “incluso si usted tiene un título universitario, no tiene garantizado un empleo”.

Tristemente esta moda, no ha llegado todavía a nuestro país. Es frecuente contemplar adolescentes atrapados por los tentáculos del alcohol y las drogas. Muchas veces ante la mirada complaciente y cómplice de sus padres. A veces, son los mismos padres los que fomentan estos comportamientos poco adecuados en sus hijos.

 Hace más de dos mil años Cicerón mencionaba: “No se baile sobrio, a menos que se esté loco” Pareciera que cada vez más el comportamiento juvenil va en contra de esta antigua sentencia. En manos de los jóvenes, y especialmente de sus padres, está tener la creatividad para encontrar otras alternativas más saludables de diversión.

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 16 de julio de 2016

@jcoyuela

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Restricciones al aborto en Estados Unidos

aborto EU

El lunes 27 de junio, el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró inconstitucionales, por cinco votos contra tres, varias disposiciones de una ley de Texas para regular la actividad de las clínicas abortistas en el estado: que los médicos tengan credenciales para remitir pacientes a hospitales cercanos, y que las instalaciones cumplan con los estándares de equipamiento, personal y construcción exigidos a otros centros de salud.

Los partidarios del aborto presentaron la decisión del Supremo como una gran victoria; en los medios de comunicación de todo el mundo aparecieron fotografías de sus festejos. La realidad es que la sentencia invalida algunas restricciones de las muchas que están en vigor en gran parte de Estados Unidos. Según un informe del Guttmacher Institute, una organización abortista, solo entre el año 2011 y 2015 se aprobaron 288 medidas restrictivas en todo el país: límites a la financiación pública, restricciones a la prescripción de determinados medicamentos, limitaciones a la cobertura del procedimiento por seguros privados, o al acceso por parte de menores.

Entre otros límites, 27 estados exigen un tiempo de espera mínimo desde que se manifiesta la intención de abortar hasta que el procedimiento se lleva a cabo. En algunos de ellos, la gestante debe someterse a una ecografía (o, al menos, ser informada sobre esta posibilidad). Este tipo de leyes casi siempre recibieron en el pasado el respaldo de los tribunales cuando han sido apeladas, y no parece que el fallo reciente del Supremo suponga ningún peligro para ellas.

Según la opinión mayoritaria de los jueces, las exigencias derogadas en la ley de Texas, provocaron que la mitad de clínicas abortistas del estado hayan tenido que cerrar sus puertas. A su juicio imponían una carga excesiva sobre las mujeres que deseaban abortar. Por tanto, la ley de Texas entraba en contradicción con las dos grandes sentencias del Tribunal sobre el aborto: Roe vs Wade (1973) y Planned Parenthood vs Casey (1992). La primera respalda el “derecho” de la mujer a abortar el feto antes de la semana veintitrés, e incluso después si peligraba la vida o la salud de la madre. La segunda permitió a los estados limitar este derecho siempre que las restricciones no supusieran una “carga excesiva” para la madre.

Estas restricciones a la ley que aprobó el aborto en 1973, responden en buena parte a la impopularidad creciente del aborto en Estados Unidos. En un estudio de opinión hecho por Gallup, al inicio de 2015 solamente el 34 por ciento de los estadounidenses apoyan las actuales políticas de interrupción de la maternidad. La disminución inició en el 2012 cuando la aprobación llegaba al 39 por ciento. Es significativo que entre el 2002 y el 2008, este mismo indicador estaba en el 43 por ciento. Hoy en día, el 24 por ciento de los entrevistados indica que quiere leyes más rigurosas, mientas que el 12 por ciento expresa que quiere más libertad.

Pareciera que cada vez menos personas comparten las declaraciones de Hillary Clinton que calificaba esta sentencia de: decisión “valiente” y “estupenda” y que es una “victoria para las mujeres en Texas y en todo Estados Unidos”. La realidad, cada vez más confirmada, es que el aborto es un terrible atentado en contra de los derechos de la mujer. Al final, facilitar el acceso al aborto, redunda en perjuicio de las más vulnerables de la sociedad.

Tegucigalpa, 8 de julio de 2016

Juan Carlos Oyuela

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@jcoyuela

¿Cómo educar niños varones?

niños varones

Trabajo desde hace años en una escuela para muchachos varones de mí país. Para mí son parte del día a día su tendencia a la competitividad, su energía, sus bullicios y su incansable actividad física. Con frecuencia también soy testigo de su corazón noble y poco dado a los rencores, su capacidad de explorar, sus deseos de aventura y la necesidad de arriesgar.

Algunos estudios dicen que los varones están mejor dotados que las niñas para las matemáticas, el dibujo o el razonamiento espacial. Tienen mayor facilidad para concentrarse en un solo asunto a la vez, por lo que pueden volverse con mayor facilidad en expertos de cualquier tema. Su forma de razonar abstracta y de lógica lineal les ayuda a llegar a la esencia de los asuntos.

Por otro lado, debido a ciertas particularidades del cerebro masculino -menos comunicaciones nerviosas entre los dos hemisferios- tienen más dificultad que las niñas en expresar sus sentimientos y en comprender los ajenos. Como dije antes, los varones olvidan y perdonan pronto las ofensas recibidas. No llevan en la memoria una lista de agravios. Su sencillez les hace a veces poco suspicaces para captar situaciones. También puede convertirse en un problema para su formación que ante las dificultades tienden a encerrarse en ellos mismos. Tal vez por el buen deseo de resolver personalmente sus problemas o por el orgullo de no dar muestras de debilidad para pedir ayuda.

Estudios diversos indican que en el sistema educativo actual, el varón es ahora el “sexo débil”. Muchos niños experimentan frustración, desánimo, incomprensión y, como muchas estadísticas reflejan, un fracaso escolar que no para de aumentar.

Según mi opinión personal, el feminismo mal enfocado, llevó a los hombres a estar en desventaja en las aulas de clase. La supuesta búsqueda de la igualdad, prohibió hablar de las diferencias entre varones y niñas. Ellos, tienen un tiempo de maduración distinto al de ellas, también suelen ser más despistados, desordenados, inquietos y con intereses distintos. Al intentar educar por igual, con varones tratados con expectativas de niñas, ellos salen perdiendo. Es preciso conocerles, tener una idea clara de sus limitaciones y por supuesto de sus posibilidades.

Algunos tratados de psicología, psiquiatría, neurología y pedagogía muestran que los varones tienen una forma de aprender y comportarse diferente a la de las niñas. Michael Gurian, autor del libro, A Fine Young Man, dice que debemos saber con certeza «cómo son los niños» para tratarlos con justicia y comprensión, así como para optimizar las potencialidades propias de su sexo y encauzarlas en lugar de intentar exterminarlas.

Las estrategias docentes válidas para los varones pueden provocar frustración en las niñas. Y viceversa, los sistemas exitosos con las niñas pueden ser un desastre, pedagógicamente hablando, para los varones.

Para desarrollar toda su potencialidad, el varón necesita retos, emociones fuertes, tensión, confrontación y competición. Para motivarle lo único que hace falta es que una persona coherente le muestre de forma conveniente una cumbre que conquistar. Pero también necesita ser formado en fortaleza, disciplina, responsabilidad y orden.

Especialmente con los varones, la autoridad y disciplina son ingredientes básicos para una correcta educación. No existe otra receta para ayudarles a crecer y transformarse en adultos maduros e independientes. Los varones generalmente tienen menor capacidad de autocontrol y madurez. Un estudio de Duckworth y Seligman descubrió que el mejor predictor del rendimiento escolar es la autodisciplina, no el discutible coeficiente intelectual.

Un niño necesita reglas claras que marquen el terreno de juego. Que muestren las consecuencias de sus actos, tanto buenos como menos buenos porque por tendencia biológica de su cerebro se inclina primero a actuar y después a pensar. Hace falta ayudarle a detenerse, a ser paciente y aprender a escuchar. Diversidad de estudios científicos indican que las niñas aprenden antes a ir al baño y aguantan más tiempo sentadas en clase sin moverse o sin hablar y son capaces de guardar turnos hasta veinte veces más que sus compañeros.

Sólo por medio del cariñoso ejercicio de una adecuada autoridad y disciplina, marcando límites y ejercitando la voluntad, los niños aprenden a controlar su conducta impulsiva y a inhibir reacciones emocionales ante determinados sucesos. Mi experiencia, una y otra vez, es que sin autoridad -bien entendida como educación en la libertad- es prácticamente imposible educar a un niño.

No obstante, en algunas corrientes pedagógicas actuales existe un desprestigio del esfuerzo personal. En lugar de las virtudes propias de los varones están de moda las femeninas: colaboración, comunicación, armonía y tranquilidad. Estas virtudes siendo necesarias también en los varones no son las prioritarias al menos al inicio de su período educativo.

En mi opinión personal, es equivocado el planteamiento pedagógico tomado tal vez de Montaigne, según el cual, no debe haber otro estímulo para la enseñanza que el placer del estudiante. En esta visión, es necesario evitar a toda costa cualquier contrariedad, y por otra parte exaltar la idea de que el colegio es un lugar de socialización donde el niño acude a divertirse y no a esforzarse en el aprendizaje. En palabras de García Morente se trata de «pedagogías infantilistas», consideradas por él «técnicas totalmente perjudiciales que lejos de favorecer la educación -la conducción de la infancia a la madurez- la obstaculizan, haciendo perdurar indebidamente la vida pueril».

Concediendo que en estas “nuevas pedagogías” se tome en cuenta las necesidades e intereses de los estudiantes, también se debe decir claro que una excesiva preocupación por acomodarse a ellos resulta perjudicial. Así visto, el aprendizaje se ve casi como un juego o un placer y la escuela se identifica no con un lugar de estudio sino de recreo y diversión. Como afirma Savater, la misma idea de ir a la escuela a jugar es disparatada: para “jugar los niños se bastan y se sobran por sí solos. Precisamente lo primero que aprendemos en la escuela es que no se puede estar toda la vida jugando. El propósito de la enseñanza escolar debería ser preparar a los niños para la vida adulta, no confirmarles en los regocijos infantiles”.

Las consecuencias de esta “ludopatía” comienzan a ser más evidentes a partir de la adolescencia y sobre todo en los varones. Como menciona el profesor Revol, “el desarrollo físico, social y psíquico de los alumnos asemeja el de un niño de preescolar, mientras que sus cuerpos poseen ya la fuerza física del adulto y hablan constantemente de sus derechos sin respetar los de sus propios compañeros. Este infantilismo provocado por la falta de esfuerzo hace del joven un ser incapaz de soportar situaciones en las que no consigue una satisfacción inmediata, reaccionando en muchos casos con violencia si no obtiene lo que quiere, cuando quiere y como lo quiere”

Para educar, a las niñas pero especialmente a los niños, continúan siendo válidas las enseñanzas llenas de realismo de Aristóteles a Nicómaco. Él veía necesaria la adquisición de algunas virtudes, hoy en desuso y desprestigiadas, como: la fortaleza y la templanza. Para adquirirlas se requiere su ejercicio habitual, mediante la reiteración de actos. La repetición de actos virtuosos configura una personalidad virtuosa que permanecerá si somos constantes el resto de nuestros días.

El pequeño disgusto que representan las frustraciones diarias merece la pena a largo plazo. Instaura como por capas sucesivas que se añaden unas a otras, una percepción mucho más segura del mundo y en absoluto traumatizará a los muchachos. Antes al contrario, ayudará a la correcta configuración de su carácter como personas maduras, responsables y, en consecuencia, libres, pues, como nos recuerda Baltasar Gracián “no hay mayor señorío que el de sí mismo”. Para ello, el niño, desde la cuna, necesita que los adultos le propongan normas de conducta, obligaciones y prohibiciones claras que le indiquen por dónde ir.

Para educar adecuadamente a los niños varones es necesario explicarles desde que se sientan en un pupitre que lo que obtengan en la vida será mediante su trabajo, hecho con esfuerzo, por amor y entrega. Educar no es evitarles disgustos sino enseñarles a superar las pruebas, a levantarse después del fracaso. A sentir como propias las necesidades de los que les rodean. A respetar a sus padres y maestros. Entender que para ilustrar su espíritu y su inteligencia hace falta también formar la voluntad.

En pocas palabras, educar niños varones requiere ayudarles a templar su carácter, haciéndoles capaces de amar a Dios y a las demás personas.

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 3 de julio de 2016

@jcoyuela

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Anteojos perdidos, mi devoción a san Josemaría

san josemaría

 

Habrá sido en el año 1992. Me dirigía un sábado por la tarde a un examen en la universidad. Iba en un bus de ruta urbana absorto en la lectura del libro “El Señor de los Anillos”. Aunque me dirigía a la facultad de ingeniería a un examen de electromagnetismo, días antes había quedado fascinado con la lectura del libro. Iba de pie leyendo en el pasillo central del autobús, tan absorto estaba en la lectura.
Hace pocos días también, por recomendación de un oftalmólogo, había comprado unos anteojos debido a una leve miopía que me impedía ver bien. Por la falta de costumbre y la incomodidad, me había quitado los anteojos y los había colgado de un ojal del pantalón (grave error).
Iba con una cierta preocupación por el examen. Si embargo estaba absorto leyendo el maravilloso poema de los primeros capítulos titulado “No todo lo que reluce es oro”: “No todo lo que es oro reluce,/ni toda la gente errante anda perdida;/a las raíces profundas no llega la escarcha,/el viejo vigoroso no se marchita.
De las cenizas subirá un fuego,/y una luz asomará en las sombras;/el descoronado será de nuevo rey,/forjarán otra vez la espada rota.”
De repente, el bus había llegado a la universidad. Me dirigí con cierta prisa al edificio de ingenierías para hacer mi examen. Cuando el profesor me entrega el examen, descubro con cierto pavor ¡no llevo conmigo los anteojos! Al pensar dónde los dejé llego a la conclusión de haberlos perdido en el autobús.
Después de tres horas, regreso a la estación de la universidad. En el trayecto voy pensando en la pérdida de mis anteojos casi nuevos por ser tan despistado. También por la imprudencia de dejarme absorber en una lectura en un transporte público.
Me subo al primer bus y para mi sorpresa me dice una señora sentada en el primer asiento:
-Joven, yo sé quien tiene sus anteojos.
-¿Perdón?
-Sí, hoy mismo por la tarde, yo venía en el mismo bus que usted. Vi cuando llegó a la estación, se bajo a toda prisa y en ese momento se cayeron al suelo sus anteojos.
-Entonces, ¿usted los tiene? Le dije.
-No, los recogió una señora amiga mía, ella vive en frente de la Iglesia pequeña de Suyapa. Es la casa de esquina. Su nombre es Carmen.
En ese momento, cerca de las 6 de la tarde, ya no podía ir a recoger mis anteojos porque iba con el tiempo justo para llegar a un rato de oración a la Residencia Guaymura, Centro del Opus Dei ubicado en la Colonia Reforma en aquel entonces.
Tanto en el trayecto hacía Guaymura como el día siguiente, en el cual estuve de retiro hasta las cuatro de la tarde, recé varias veces a san Josemaría para encontrar los famosos anteojos.
Al terminar el retiro, me dirigí a Suyapa, a la casa de la Señora Carmen. Cuando llegué me atiende un hijo suyo y me confirma tener mis anteojos. Me los entrega en perfectas condiciones.
Este es uno de los muchos favores que Dios me ha concedido a través de la intercesión de san Josemaría. Lo escribo con ocasión de su próxima fiesta el domingo veintiséis de junio y también para dar testimonio de su eficaz intercesión desde el cielo. Al mismo tiempo deseo animarte a hacer la prueba. Si rezas su oración, con toda seguridad nunca dejará de ayudarte. En las necesidades grandes y pequeñas.

Juan Carlos Oyuela
Tegucigalpa, 24 de junio de 2016
@jcoyuela
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Oscura reelección en Honduras

Reelección
El veintiocho de julio del 2015, Barack Obama expresó en un discurso ante la Unión Africana, seis argumentos por los que descartaba la reelección por segunda vez.
Obama ya ganó las elecciones de 2008 y 2012, pero se negó a ir por un tercer mandato, primero porque su Constitución se lo prohíbe. Aseguró que nadie, ni siquiera él, está por encima de la ley.
“Estoy en mi segundo mandato. No puedo imaginar un honor más grande o un trabajo más interesante. Amo mi trabajo. Pero bajo nuestra Constitución, no puedo postularme de nuevo. De hecho, pienso que soy un muy buen presidente, creo que si postulo podría ganar. Pero no puedo. Hay mucho que quisiera hacer para mantener a Estado Unidos en movimiento, pero la ley es la ley y ninguna persona está encima de la ley, ni siquiera el Presidente”, explicó.
Obama advirtió que puede llevar a un camino peligroso cuando un líder trata de cambiar las normas para quedarse en su cargo.
“Cuando un líder trata de cambiar las reglas en el medio del juego sólo para quedarse en el cargo, se arriesga a inestabilidad y conflictos, como vimos en Burundi. Y esto es sólo un primer paso en un camino peligroso”, indicó.
En Burundi, el presidente Pierre Nkurunziza solicitó a su Tribunal Constitucional que lo habilite para ser reelecto en un tercer periodo consecutivo, lo cual estaba prohibido por su Constitución. El tribunal le dio la razón y se generaron protestas, aún así se produjeron elecciones donde volvió a ser el vencedor.
Obama señaló que los líderes que quieren quedarse en el cargo bajo el argumento de ser “la única persona que puede mantener esta nación”, más bien demuestran su fallo.
“Si eso es verdad, entonces el líder ha fallado en verdaderamente construir una nación”, expresó.
Obama mencionó al expresidente de Sudáfrica, Nelson Mandela, y al fundador de su país, George Washington, como líderes históricos que agrandaron su legado al estar dispuestos a transmitir el poder.
“Vean a Nelson Mandela, Madiba, como George Washington, forjaron un legado duradero no sólo por lo que hicieron en su mandato, sino también porque estaban dispuestos a dejar el cargo y transmitir el poder pacíficamente”, dijo.
La Constitución sudafricana sólo permite dos periodos de cinco años consecutivos para un presidente. Mandela sólo permaneció en el cargo de 1994 a 1999 y decidió retirarse.
En el caso de Washington, él fue presidente de Estados Unidos desde 1789, fue reelecto en 1792 y se retiró en 1797 sin buscar una nueva reelección, a pesar de que su Constitución no lo prohibía entonces.
El mandatario de Estados Unidos destacó que si bien se siente joven para continuar con su trabajo, el país es mejor con sangre e ideas nuevas.
“Yo sigo siendo un hombre joven, pero sé que alguien con más energía y nuevas ideas será bueno para mi país”, señaló.
Agregó que nadie debería ser presidente de por vida.
Obama indicó que dejando la presidencia podrá tomar un paseo, sin la necesidad de estar resguardado por tanta seguridad y que tendrá más tiempo para su familia.
“No sé por qué la gente se quiere quedar tanto tiempo en el cargo, especialmente cuando tienen mucho dinero”, acotó.

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Regreso a la realidad hondureña. En esta semana veo a varios partidos políticos sonando los tambores de la reelección. Ya no es un tema prohibido para hablar de él, aunque en la realidad concreta de nuestra sociedad, asunto sumamente sensible en el que nos jugamos el futuro de nuestra joven democracia.
Tema delicado, manchado con la sospecha de la ilegalidad. Nuestra constitución parecía clara en esto, pero unos cuantos Magistrados, sucesores de los otros quitados de forma ilegal el 12 de diciembre del 2012, se echaron a las espaldas declarar inaplicable parte de nuestra constitución. La alternabilidad de la presidencia sigue vigente. Aunque seguramente siempre habrá leguleyos “expertos” que nos dirán que esta queda asegurada al dejar la posibilidad de que otro la asuma. Agradecer o llorar, ¿cuál será la actitud correcta?, ante ese gallo-gallina jurídico que nos dejaron y que abre las puertas a un incierto futuro político.
Oscuro camino que no hacía falta, tomando en cuenta los verdaderos problemas de nuestro país. Sobre todo, porque ya estaba previsto el procedimiento para consultar a todos los ciudadanos su parecer sobre este tema. Aunque tal vez, camino impracticable para los obtusos intereses de algunos, sabiendo la impopularidad de la reelección.
Reviso las fotografías de los posibles candidatos a la reelección. Incluido el presidente actual. No sé por qué tengo una sensación de que algo no encaja. Tal vez es la nube de la falta de rendición de cuentas. No es que dude de la honorabilidad personal de cada uno. Sin embargo, pienso en cada uno de esos gobiernos grises, con escandalosos actos de corrupción permitidos y no juzgados. Antes de hablar de reelección, ¿no habría que examinar la gestión de cada uno? Olvidaba que nuestra débil institucionalidad falla muchas veces hasta en lo más elemental.
Algún amigo me hizo ver, a favor del presidente actual, su destacada labor en la administración de los asuntos públicos. Intentaba justificar el “darle otra oportunidad”. Sin negar los avances en diferentes campos de la gestión pública, me atrevo a cuestionar esa destacada labor si fallara en algo tan esencial para el bienestar del país. Seguramente se dará cuenta que intentar introducirnos en aguas pantanosas y de profundidad desconocida puede resultarle en una falla política considerable.
El Partido Nacional está consultando a sus bases. Dicen que más del noventa por ciento se declara a favor de la reelección por una sola vez, igual que en Estados Unidos. No es de extrañar tratándose del partido en el poder. No obstante, quién nos dice, que más adelante, ellos u otros oportunistas, no decidan dos, tres, cuatro o cinco reelecciones consecutivas.
Tal vez no se dan cuenta que rebasar la línea de lo correcto, les hace perder legitimidad sin la cual la democracia no es nada. Pasada esa línea, aunque la justifiquen sabios expertos en derecho con razonadas sin razones, no les quedará otra que mantener el poder por la fuerza.
Las mismas Fuerzas Armadas, otra vez serían colocadas en una insostenible perplejidad. Pasada por alto la ley, la democracia se resquebraja, luego ¿quién podrá rehacerla? Nos sobran los ejemplos cercanos para tomar experiencia.
Seguro que estos razonamientos ya estarán en la astuta estrategia de quienes se han mostrado hábiles y sutiles para jalar a todo un país hacia donde han querido. Solamente introduzcan a tiempo en su fórmula que el hondureño, tradicionalmente pacífico, ya dio muestras de no estar dispuesto a dejarse llevar como esclavo al despeñadero por la clase política.
Tal vez es el momento, ya que algunos mencionaron la democracia Norteamericana, de recordar las palabras que otro presidente. J. F. Kennedy afirmó durante la campaña electoral de 1960: «Si llegara el momento –y no acepto que conflicto alguno sea remotamente posible– en que mi cargo me requiriese violar mi conciencia o violar el interés nacional, entonces renunciaría al cargo, y espero que cualquier otro servidor público consciente haga lo mismo».
¡Cuánto nos queda por aprender todavía! Cuando tengamos líderes a la altura de las verdaderas necesidades de nuestro país, y no miren solamente sus intereses personales, entonces podremos hablar con toda confianza sobre la reelección en Honduras.

Juan Carlos Oyuela
Tegucigalpa, 12 de junio de 2016
@jcoyuela
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