Familias fuertes contra la violencia

El caso reciente aparecido en los medios de comunicación de una mujer golpeada brutalmente por su pareja seguramente nos conmovió profundamente. Nos da la ocasión de reflexionar sobre la tremenda realidad de la violencia en la familia. No existen los matrimonios sin problemas, nos lo decía recientemente el Papa Francisco en su última exhortación postsinodal “Amoris Laetitia”. Hacen falta familias fuertes, sustentadas en el amor y el respeto mutuo para que no se cuelen por las rendijas del descuido o la indiferencia la fuerte presión de la violencia e intolerancia imperante en la sociedad actual.

Hacer frente a la crisis de valores requiere algo más que leyes. En el caso de la violencia doméstica resultan siempre insuficientes sin la adecuada custodia y promoción de la institución familiar. Sin valores cultivados precisamente en el seno del hogar, no son más que papel mojado. Letra muerta incapaz de detener cualquier clase de violencia.

La violencia solamente puede ser eliminada por el amor. El dragón de mil cabezas de la violencia familiar solamente puede ser ahogado en el santuario que custodia las correctas relaciones en la familia. Es decir en el matrimonio. Institución que por miles de años, anterior a cualquier forma de gobierno, es la única que se ha mostrado capaz de socializar al hombre y prepararlo para los retos de cada época.

En varias estadísticas reveladoras se muestra que la violencia en las parejas de hecho es hasta trece veces mayor que en los matrimonios bien constituidos. Sustentados sobre la base sólida de un compromiso estable fundado en el amor. En las sociedades donde este vínculo es débil debido a la proliferación de “matrimonios” de hecho o el divorcio, las familias se ven sin las herramientas para cumplir su función pacificadora y educativa.

Una sociedad sin familias fuertes es necesariamente una sociedad violenta pues solamente en este ámbito se enseña a vivir y a respetar la gratuidad del amor verdadero. Único elemento capaz de superar la violencia del egoísmo individualista que es la principal causa de los conflictos sociales y familiares.

También son gérmenes de la violencia en la familia, y por ende en la sociedad, todas las formas de eliminación de los más débiles e indefensos. La eutanasia y el aborto son realidades de dominación injusta que introducen la cultura del utilitarismo y cosificación de las personas. Cuando se permite impunemente que unos estén sobre otros, se introduce el chantaje del temor en las relaciones familiares. La experiencia demuestra que en todas estas formas de oponer unos contra otros, al permitir la asimetría de derechos y deberes, quien sale más lastimada es la mujer.

Ya lo decía un personaje importante del siglo XX: “Pervertida la mujer, pervertida la sociedad”. En la familia, la mujer es el santuario de la vida y de los valores más nobles de las personas. Al final, la fortaleza que custodia los valores imperantes en una sociedad son las mujeres, especialmente las madres. La función del hombre, importante también, es custodiar y marcar límites. Pero es la mujer la que define primariamente la función educativa en la familia. Con los valores correctos, las madres pueden cambiar radicalmente una generación completa. Depende mucho de que ellas sean conscientes de su gran responsabilidad y que enseñen a sus hijos el respeto. A veces incluso deberán ir contra corriente para hacerse respetar y defender su importante labor en la familia.

Hacen falta padres fuertes que enseñen a sus hijos, primero con el ejemplo, la lógica del amor y el respeto en la intimidad familiar. De esta forma, los padres, cada uno en su lugar, enseñarán a sus hijos la lógica del servicio y de la entrega mutua. Único lenguaje válido para familias que lejos de la violencia, cultiven el amor sincero y duradero, familias sembradoras de paz y de alegría.

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 24 de julio de 2016

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Fiestas sin alcohol

En enero de este año, la empresa Heineken, publicó un estudio sobre las actitudes de los jóvenes respecto al alcohol. La investigación toma en cuenta las preferencias de 5.000 personas entre 21 y 35 años de diversos países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Brasil y México. Los resultados muestran que el 75% de ellos se inclina por limitar las bebidas embriagantes en las noches de fiesta.

Según la empresa, factores tales como la imagen que las personas jóvenes dan de sí mismas en las redes sociales actúan como elementos disuasorios para tomar bebidas embriagantes. Al parecer involuntariamente, Facebook está haciendo su parte. El 36% de los encuestados admitió que sufrió “vergüenza social” al ver publicadas fotos personales durante una “noche de copas”.

La encuesta muestra que esta evolución positiva se debe también a un mayor interés en las perspectivas del futuro de los jóvenes. Un 69% de los “millenials”, como se llama a los nacidos en torno al año 2000, sienten que deben hacer mucho más que la generación anterior para conseguir una carrera profesional exitosa. El 88% de los encuestados se miran a sí mismos como los únicos responsables de su futuro profesional. El 71% entiende que su vida es mejor cuando su comportamiento en el ámbito de la diversión es moderado.

Pareciera que las nuevas generaciones están cambiando respecto a la idea de que es imposible divertirse sin alcohol. Esta es una de las conclusiones de un artículo aparecido en The Guardian (”Sober is the new drunk: why millennials are ditching bar crawls for juice crawls ) en el que aparecen otros tipos de fiestas. En estos nuevos formatos recreacionales las bebidas embriagantes tienen cada vez menos cabida.

En el artículo citado se mencionan bebidas que están tomando el puesto del whisky, del ron o la cerveza. En su lugar los jóvenes están consumiendo bebidas más saludables con esencia de jugo de naranja, pimienta, jengibre y aceite de orégano. Los nombres de estas bebidas no dejan de ser curiosos: “Purple rain” o “Dr. Feelgood”, por ejemplo.

En estas fiestas modernas, los participantes, además de disponer de alimentos, ambientan el local con música y películas. En algunas de ellas incluso programan un tiempo dedicado a la meditación. Según el psicólogo clínico Gol Auzeen Saedi, influye en este cambio de conducta la preocupación por el futuro. Al parecer los jóvenes son más conscientes de las dificultades laborales para asegurar una carrera profesional exitosa; cada vez es más frecuente la idea que: “incluso si usted tiene un título universitario, no tiene garantizado un empleo”.

Tristemente esta moda, no ha llegado todavía a nuestro país. Es frecuente contemplar adolescentes atrapados por los tentáculos del alcohol y las drogas. Muchas veces ante la mirada complaciente y cómplice de sus padres. A veces, son los mismos padres los que fomentan estos comportamientos poco adecuados en sus hijos.

 Hace más de dos mil años Cicerón mencionaba: “No se baile sobrio, a menos que se esté loco” Pareciera que cada vez más el comportamiento juvenil va en contra de esta antigua sentencia. En manos de los jóvenes, y especialmente de sus padres, está tener la creatividad para encontrar otras alternativas más saludables de diversión.

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 16 de julio de 2016

@jcoyuela

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Restricciones al aborto en Estados Unidos

aborto EU

El lunes 27 de junio, el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró inconstitucionales, por cinco votos contra tres, varias disposiciones de una ley de Texas para regular la actividad de las clínicas abortistas en el estado: que los médicos tengan credenciales para remitir pacientes a hospitales cercanos, y que las instalaciones cumplan con los estándares de equipamiento, personal y construcción exigidos a otros centros de salud.

Los partidarios del aborto presentaron la decisión del Supremo como una gran victoria; en los medios de comunicación de todo el mundo aparecieron fotografías de sus festejos. La realidad es que la sentencia invalida algunas restricciones de las muchas que están en vigor en gran parte de Estados Unidos. Según un informe del Guttmacher Institute, una organización abortista, solo entre el año 2011 y 2015 se aprobaron 288 medidas restrictivas en todo el país: límites a la financiación pública, restricciones a la prescripción de determinados medicamentos, limitaciones a la cobertura del procedimiento por seguros privados, o al acceso por parte de menores.

Entre otros límites, 27 estados exigen un tiempo de espera mínimo desde que se manifiesta la intención de abortar hasta que el procedimiento se lleva a cabo. En algunos de ellos, la gestante debe someterse a una ecografía (o, al menos, ser informada sobre esta posibilidad). Este tipo de leyes casi siempre recibieron en el pasado el respaldo de los tribunales cuando han sido apeladas, y no parece que el fallo reciente del Supremo suponga ningún peligro para ellas.

Según la opinión mayoritaria de los jueces, las exigencias derogadas en la ley de Texas, provocaron que la mitad de clínicas abortistas del estado hayan tenido que cerrar sus puertas. A su juicio imponían una carga excesiva sobre las mujeres que deseaban abortar. Por tanto, la ley de Texas entraba en contradicción con las dos grandes sentencias del Tribunal sobre el aborto: Roe vs Wade (1973) y Planned Parenthood vs Casey (1992). La primera respalda el “derecho” de la mujer a abortar el feto antes de la semana veintitrés, e incluso después si peligraba la vida o la salud de la madre. La segunda permitió a los estados limitar este derecho siempre que las restricciones no supusieran una “carga excesiva” para la madre.

Estas restricciones a la ley que aprobó el aborto en 1973, responden en buena parte a la impopularidad creciente del aborto en Estados Unidos. En un estudio de opinión hecho por Gallup, al inicio de 2015 solamente el 34 por ciento de los estadounidenses apoyan las actuales políticas de interrupción de la maternidad. La disminución inició en el 2012 cuando la aprobación llegaba al 39 por ciento. Es significativo que entre el 2002 y el 2008, este mismo indicador estaba en el 43 por ciento. Hoy en día, el 24 por ciento de los entrevistados indica que quiere leyes más rigurosas, mientas que el 12 por ciento expresa que quiere más libertad.

Pareciera que cada vez menos personas comparten las declaraciones de Hillary Clinton que calificaba esta sentencia de: decisión “valiente” y “estupenda” y que es una “victoria para las mujeres en Texas y en todo Estados Unidos”. La realidad, cada vez más confirmada, es que el aborto es un terrible atentado en contra de los derechos de la mujer. Al final, facilitar el acceso al aborto, redunda en perjuicio de las más vulnerables de la sociedad.

Tegucigalpa, 8 de julio de 2016

Juan Carlos Oyuela

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@jcoyuela

¿Cómo educar niños varones?

niños varones

Trabajo desde hace años en una escuela para muchachos varones de mí país. Para mí son parte del día a día su tendencia a la competitividad, su energía, sus bullicios y su incansable actividad física. Con frecuencia también soy testigo de su corazón noble y poco dado a los rencores, su capacidad de explorar, sus deseos de aventura y la necesidad de arriesgar.

Algunos estudios dicen que los varones están mejor dotados que las niñas para las matemáticas, el dibujo o el razonamiento espacial. Tienen mayor facilidad para concentrarse en un solo asunto a la vez, por lo que pueden volverse con mayor facilidad en expertos de cualquier tema. Su forma de razonar abstracta y de lógica lineal les ayuda a llegar a la esencia de los asuntos.

Por otro lado, debido a ciertas particularidades del cerebro masculino -menos comunicaciones nerviosas entre los dos hemisferios- tienen más dificultad que las niñas en expresar sus sentimientos y en comprender los ajenos. Como dije antes, los varones olvidan y perdonan pronto las ofensas recibidas. No llevan en la memoria una lista de agravios. Su sencillez les hace a veces poco suspicaces para captar situaciones. También puede convertirse en un problema para su formación que ante las dificultades tienden a encerrarse en ellos mismos. Tal vez por el buen deseo de resolver personalmente sus problemas o por el orgullo de no dar muestras de debilidad para pedir ayuda.

Estudios diversos indican que en el sistema educativo actual, el varón es ahora el “sexo débil”. Muchos niños experimentan frustración, desánimo, incomprensión y, como muchas estadísticas reflejan, un fracaso escolar que no para de aumentar.

Según mi opinión personal, el feminismo mal enfocado, llevó a los hombres a estar en desventaja en las aulas de clase. La supuesta búsqueda de la igualdad, prohibió hablar de las diferencias entre varones y niñas. Ellos, tienen un tiempo de maduración distinto al de ellas, también suelen ser más despistados, desordenados, inquietos y con intereses distintos. Al intentar educar por igual, con varones tratados con expectativas de niñas, ellos salen perdiendo. Es preciso conocerles, tener una idea clara de sus limitaciones y por supuesto de sus posibilidades.

Algunos tratados de psicología, psiquiatría, neurología y pedagogía muestran que los varones tienen una forma de aprender y comportarse diferente a la de las niñas. Michael Gurian, autor del libro, A Fine Young Man, dice que debemos saber con certeza «cómo son los niños» para tratarlos con justicia y comprensión, así como para optimizar las potencialidades propias de su sexo y encauzarlas en lugar de intentar exterminarlas.

Las estrategias docentes válidas para los varones pueden provocar frustración en las niñas. Y viceversa, los sistemas exitosos con las niñas pueden ser un desastre, pedagógicamente hablando, para los varones.

Para desarrollar toda su potencialidad, el varón necesita retos, emociones fuertes, tensión, confrontación y competición. Para motivarle lo único que hace falta es que una persona coherente le muestre de forma conveniente una cumbre que conquistar. Pero también necesita ser formado en fortaleza, disciplina, responsabilidad y orden.

Especialmente con los varones, la autoridad y disciplina son ingredientes básicos para una correcta educación. No existe otra receta para ayudarles a crecer y transformarse en adultos maduros e independientes. Los varones generalmente tienen menor capacidad de autocontrol y madurez. Un estudio de Duckworth y Seligman descubrió que el mejor predictor del rendimiento escolar es la autodisciplina, no el discutible coeficiente intelectual.

Un niño necesita reglas claras que marquen el terreno de juego. Que muestren las consecuencias de sus actos, tanto buenos como menos buenos porque por tendencia biológica de su cerebro se inclina primero a actuar y después a pensar. Hace falta ayudarle a detenerse, a ser paciente y aprender a escuchar. Diversidad de estudios científicos indican que las niñas aprenden antes a ir al baño y aguantan más tiempo sentadas en clase sin moverse o sin hablar y son capaces de guardar turnos hasta veinte veces más que sus compañeros.

Sólo por medio del cariñoso ejercicio de una adecuada autoridad y disciplina, marcando límites y ejercitando la voluntad, los niños aprenden a controlar su conducta impulsiva y a inhibir reacciones emocionales ante determinados sucesos. Mi experiencia, una y otra vez, es que sin autoridad -bien entendida como educación en la libertad- es prácticamente imposible educar a un niño.

No obstante, en algunas corrientes pedagógicas actuales existe un desprestigio del esfuerzo personal. En lugar de las virtudes propias de los varones están de moda las femeninas: colaboración, comunicación, armonía y tranquilidad. Estas virtudes siendo necesarias también en los varones no son las prioritarias al menos al inicio de su período educativo.

En mi opinión personal, es equivocado el planteamiento pedagógico tomado tal vez de Montaigne, según el cual, no debe haber otro estímulo para la enseñanza que el placer del estudiante. En esta visión, es necesario evitar a toda costa cualquier contrariedad, y por otra parte exaltar la idea de que el colegio es un lugar de socialización donde el niño acude a divertirse y no a esforzarse en el aprendizaje. En palabras de García Morente se trata de «pedagogías infantilistas», consideradas por él «técnicas totalmente perjudiciales que lejos de favorecer la educación -la conducción de la infancia a la madurez- la obstaculizan, haciendo perdurar indebidamente la vida pueril».

Concediendo que en estas “nuevas pedagogías” se tome en cuenta las necesidades e intereses de los estudiantes, también se debe decir claro que una excesiva preocupación por acomodarse a ellos resulta perjudicial. Así visto, el aprendizaje se ve casi como un juego o un placer y la escuela se identifica no con un lugar de estudio sino de recreo y diversión. Como afirma Savater, la misma idea de ir a la escuela a jugar es disparatada: para “jugar los niños se bastan y se sobran por sí solos. Precisamente lo primero que aprendemos en la escuela es que no se puede estar toda la vida jugando. El propósito de la enseñanza escolar debería ser preparar a los niños para la vida adulta, no confirmarles en los regocijos infantiles”.

Las consecuencias de esta “ludopatía” comienzan a ser más evidentes a partir de la adolescencia y sobre todo en los varones. Como menciona el profesor Revol, “el desarrollo físico, social y psíquico de los alumnos asemeja el de un niño de preescolar, mientras que sus cuerpos poseen ya la fuerza física del adulto y hablan constantemente de sus derechos sin respetar los de sus propios compañeros. Este infantilismo provocado por la falta de esfuerzo hace del joven un ser incapaz de soportar situaciones en las que no consigue una satisfacción inmediata, reaccionando en muchos casos con violencia si no obtiene lo que quiere, cuando quiere y como lo quiere”

Para educar, a las niñas pero especialmente a los niños, continúan siendo válidas las enseñanzas llenas de realismo de Aristóteles a Nicómaco. Él veía necesaria la adquisición de algunas virtudes, hoy en desuso y desprestigiadas, como: la fortaleza y la templanza. Para adquirirlas se requiere su ejercicio habitual, mediante la reiteración de actos. La repetición de actos virtuosos configura una personalidad virtuosa que permanecerá si somos constantes el resto de nuestros días.

El pequeño disgusto que representan las frustraciones diarias merece la pena a largo plazo. Instaura como por capas sucesivas que se añaden unas a otras, una percepción mucho más segura del mundo y en absoluto traumatizará a los muchachos. Antes al contrario, ayudará a la correcta configuración de su carácter como personas maduras, responsables y, en consecuencia, libres, pues, como nos recuerda Baltasar Gracián “no hay mayor señorío que el de sí mismo”. Para ello, el niño, desde la cuna, necesita que los adultos le propongan normas de conducta, obligaciones y prohibiciones claras que le indiquen por dónde ir.

Para educar adecuadamente a los niños varones es necesario explicarles desde que se sientan en un pupitre que lo que obtengan en la vida será mediante su trabajo, hecho con esfuerzo, por amor y entrega. Educar no es evitarles disgustos sino enseñarles a superar las pruebas, a levantarse después del fracaso. A sentir como propias las necesidades de los que les rodean. A respetar a sus padres y maestros. Entender que para ilustrar su espíritu y su inteligencia hace falta también formar la voluntad.

En pocas palabras, educar niños varones requiere ayudarles a templar su carácter, haciéndoles capaces de amar a Dios y a las demás personas.

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 3 de julio de 2016

@jcoyuela

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Anteojos perdidos, mi devoción a san Josemaría

san josemaría

 

Habrá sido en el año 1992. Me dirigía un sábado por la tarde a un examen en la universidad. Iba en un bus de ruta urbana absorto en la lectura del libro “El Señor de los Anillos”. Aunque me dirigía a la facultad de ingeniería a un examen de electromagnetismo, días antes había quedado fascinado con la lectura del libro. Iba de pie leyendo en el pasillo central del autobús, tan absorto estaba en la lectura.
Hace pocos días también, por recomendación de un oftalmólogo, había comprado unos anteojos debido a una leve miopía que me impedía ver bien. Por la falta de costumbre y la incomodidad, me había quitado los anteojos y los había colgado de un ojal del pantalón (grave error).
Iba con una cierta preocupación por el examen. Si embargo estaba absorto leyendo el maravilloso poema de los primeros capítulos titulado “No todo lo que reluce es oro”: “No todo lo que es oro reluce,/ni toda la gente errante anda perdida;/a las raíces profundas no llega la escarcha,/el viejo vigoroso no se marchita.
De las cenizas subirá un fuego,/y una luz asomará en las sombras;/el descoronado será de nuevo rey,/forjarán otra vez la espada rota.”
De repente, el bus había llegado a la universidad. Me dirigí con cierta prisa al edificio de ingenierías para hacer mi examen. Cuando el profesor me entrega el examen, descubro con cierto pavor ¡no llevo conmigo los anteojos! Al pensar dónde los dejé llego a la conclusión de haberlos perdido en el autobús.
Después de tres horas, regreso a la estación de la universidad. En el trayecto voy pensando en la pérdida de mis anteojos casi nuevos por ser tan despistado. También por la imprudencia de dejarme absorber en una lectura en un transporte público.
Me subo al primer bus y para mi sorpresa me dice una señora sentada en el primer asiento:
-Joven, yo sé quien tiene sus anteojos.
-¿Perdón?
-Sí, hoy mismo por la tarde, yo venía en el mismo bus que usted. Vi cuando llegó a la estación, se bajo a toda prisa y en ese momento se cayeron al suelo sus anteojos.
-Entonces, ¿usted los tiene? Le dije.
-No, los recogió una señora amiga mía, ella vive en frente de la Iglesia pequeña de Suyapa. Es la casa de esquina. Su nombre es Carmen.
En ese momento, cerca de las 6 de la tarde, ya no podía ir a recoger mis anteojos porque iba con el tiempo justo para llegar a un rato de oración a la Residencia Guaymura, Centro del Opus Dei ubicado en la Colonia Reforma en aquel entonces.
Tanto en el trayecto hacía Guaymura como el día siguiente, en el cual estuve de retiro hasta las cuatro de la tarde, recé varias veces a san Josemaría para encontrar los famosos anteojos.
Al terminar el retiro, me dirigí a Suyapa, a la casa de la Señora Carmen. Cuando llegué me atiende un hijo suyo y me confirma tener mis anteojos. Me los entrega en perfectas condiciones.
Este es uno de los muchos favores que Dios me ha concedido a través de la intercesión de san Josemaría. Lo escribo con ocasión de su próxima fiesta el domingo veintiséis de junio y también para dar testimonio de su eficaz intercesión desde el cielo. Al mismo tiempo deseo animarte a hacer la prueba. Si rezas su oración, con toda seguridad nunca dejará de ayudarte. En las necesidades grandes y pequeñas.

Juan Carlos Oyuela
Tegucigalpa, 24 de junio de 2016
@jcoyuela
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Oscura reelección en Honduras

Reelección
El veintiocho de julio del 2015, Barack Obama expresó en un discurso ante la Unión Africana, seis argumentos por los que descartaba la reelección por segunda vez.
Obama ya ganó las elecciones de 2008 y 2012, pero se negó a ir por un tercer mandato, primero porque su Constitución se lo prohíbe. Aseguró que nadie, ni siquiera él, está por encima de la ley.
“Estoy en mi segundo mandato. No puedo imaginar un honor más grande o un trabajo más interesante. Amo mi trabajo. Pero bajo nuestra Constitución, no puedo postularme de nuevo. De hecho, pienso que soy un muy buen presidente, creo que si postulo podría ganar. Pero no puedo. Hay mucho que quisiera hacer para mantener a Estado Unidos en movimiento, pero la ley es la ley y ninguna persona está encima de la ley, ni siquiera el Presidente”, explicó.
Obama advirtió que puede llevar a un camino peligroso cuando un líder trata de cambiar las normas para quedarse en su cargo.
“Cuando un líder trata de cambiar las reglas en el medio del juego sólo para quedarse en el cargo, se arriesga a inestabilidad y conflictos, como vimos en Burundi. Y esto es sólo un primer paso en un camino peligroso”, indicó.
En Burundi, el presidente Pierre Nkurunziza solicitó a su Tribunal Constitucional que lo habilite para ser reelecto en un tercer periodo consecutivo, lo cual estaba prohibido por su Constitución. El tribunal le dio la razón y se generaron protestas, aún así se produjeron elecciones donde volvió a ser el vencedor.
Obama señaló que los líderes que quieren quedarse en el cargo bajo el argumento de ser “la única persona que puede mantener esta nación”, más bien demuestran su fallo.
“Si eso es verdad, entonces el líder ha fallado en verdaderamente construir una nación”, expresó.
Obama mencionó al expresidente de Sudáfrica, Nelson Mandela, y al fundador de su país, George Washington, como líderes históricos que agrandaron su legado al estar dispuestos a transmitir el poder.
“Vean a Nelson Mandela, Madiba, como George Washington, forjaron un legado duradero no sólo por lo que hicieron en su mandato, sino también porque estaban dispuestos a dejar el cargo y transmitir el poder pacíficamente”, dijo.
La Constitución sudafricana sólo permite dos periodos de cinco años consecutivos para un presidente. Mandela sólo permaneció en el cargo de 1994 a 1999 y decidió retirarse.
En el caso de Washington, él fue presidente de Estados Unidos desde 1789, fue reelecto en 1792 y se retiró en 1797 sin buscar una nueva reelección, a pesar de que su Constitución no lo prohibía entonces.
El mandatario de Estados Unidos destacó que si bien se siente joven para continuar con su trabajo, el país es mejor con sangre e ideas nuevas.
“Yo sigo siendo un hombre joven, pero sé que alguien con más energía y nuevas ideas será bueno para mi país”, señaló.
Agregó que nadie debería ser presidente de por vida.
Obama indicó que dejando la presidencia podrá tomar un paseo, sin la necesidad de estar resguardado por tanta seguridad y que tendrá más tiempo para su familia.
“No sé por qué la gente se quiere quedar tanto tiempo en el cargo, especialmente cuando tienen mucho dinero”, acotó.

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Regreso a la realidad hondureña. En esta semana veo a varios partidos políticos sonando los tambores de la reelección. Ya no es un tema prohibido para hablar de él, aunque en la realidad concreta de nuestra sociedad, asunto sumamente sensible en el que nos jugamos el futuro de nuestra joven democracia.
Tema delicado, manchado con la sospecha de la ilegalidad. Nuestra constitución parecía clara en esto, pero unos cuantos Magistrados, sucesores de los otros quitados de forma ilegal el 12 de diciembre del 2012, se echaron a las espaldas declarar inaplicable parte de nuestra constitución. La alternabilidad de la presidencia sigue vigente. Aunque seguramente siempre habrá leguleyos “expertos” que nos dirán que esta queda asegurada al dejar la posibilidad de que otro la asuma. Agradecer o llorar, ¿cuál será la actitud correcta?, ante ese gallo-gallina jurídico que nos dejaron y que abre las puertas a un incierto futuro político.
Oscuro camino que no hacía falta, tomando en cuenta los verdaderos problemas de nuestro país. Sobre todo, porque ya estaba previsto el procedimiento para consultar a todos los ciudadanos su parecer sobre este tema. Aunque tal vez, camino impracticable para los obtusos intereses de algunos, sabiendo la impopularidad de la reelección.
Reviso las fotografías de los posibles candidatos a la reelección. Incluido el presidente actual. No sé por qué tengo una sensación de que algo no encaja. Tal vez es la nube de la falta de rendición de cuentas. No es que dude de la honorabilidad personal de cada uno. Sin embargo, pienso en cada uno de esos gobiernos grises, con escandalosos actos de corrupción permitidos y no juzgados. Antes de hablar de reelección, ¿no habría que examinar la gestión de cada uno? Olvidaba que nuestra débil institucionalidad falla muchas veces hasta en lo más elemental.
Algún amigo me hizo ver, a favor del presidente actual, su destacada labor en la administración de los asuntos públicos. Intentaba justificar el “darle otra oportunidad”. Sin negar los avances en diferentes campos de la gestión pública, me atrevo a cuestionar esa destacada labor si fallara en algo tan esencial para el bienestar del país. Seguramente se dará cuenta que intentar introducirnos en aguas pantanosas y de profundidad desconocida puede resultarle en una falla política considerable.
El Partido Nacional está consultando a sus bases. Dicen que más del noventa por ciento se declara a favor de la reelección por una sola vez, igual que en Estados Unidos. No es de extrañar tratándose del partido en el poder. No obstante, quién nos dice, que más adelante, ellos u otros oportunistas, no decidan dos, tres, cuatro o cinco reelecciones consecutivas.
Tal vez no se dan cuenta que rebasar la línea de lo correcto, les hace perder legitimidad sin la cual la democracia no es nada. Pasada esa línea, aunque la justifiquen sabios expertos en derecho con razonadas sin razones, no les quedará otra que mantener el poder por la fuerza.
Las mismas Fuerzas Armadas, otra vez serían colocadas en una insostenible perplejidad. Pasada por alto la ley, la democracia se resquebraja, luego ¿quién podrá rehacerla? Nos sobran los ejemplos cercanos para tomar experiencia.
Seguro que estos razonamientos ya estarán en la astuta estrategia de quienes se han mostrado hábiles y sutiles para jalar a todo un país hacia donde han querido. Solamente introduzcan a tiempo en su fórmula que el hondureño, tradicionalmente pacífico, ya dio muestras de no estar dispuesto a dejarse llevar como esclavo al despeñadero por la clase política.
Tal vez es el momento, ya que algunos mencionaron la democracia Norteamericana, de recordar las palabras que otro presidente. J. F. Kennedy afirmó durante la campaña electoral de 1960: «Si llegara el momento –y no acepto que conflicto alguno sea remotamente posible– en que mi cargo me requiriese violar mi conciencia o violar el interés nacional, entonces renunciaría al cargo, y espero que cualquier otro servidor público consciente haga lo mismo».
¡Cuánto nos queda por aprender todavía! Cuando tengamos líderes a la altura de las verdaderas necesidades de nuestro país, y no miren solamente sus intereses personales, entonces podremos hablar con toda confianza sobre la reelección en Honduras.

Juan Carlos Oyuela
Tegucigalpa, 12 de junio de 2016
@jcoyuela
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Los hondureños son buena gente

Anécdota para la bitácora, que eventualmente se convertirá en libro, que eventualmente me hará millonario (como dirían en Guate: ya vas!!!).
6:00 de la tarde Tegucigalpa en conferencia telefónica con mi jefe; delineamos los términos finales de la oferta que hicimos por teléfono a un cliente en San José, Costa Rica. Por hacer en seguida: mandarlo por email.
Abro mi laptop, que estaba hibernando y la batería sólo le da para mostrar el logo de Windows y woofff, se apagó. Estaba en el lobby así que subo a la habitación para conectar mi laptop y trabajar ahí; abro mi mochila y tralalá!!!, el cargador lo dejé en el hotel en Guate!!! “M.. (mala palabra)” fue lo que exclamé, desde el fondo de mis entrañas…
Me quedo viendo el horizonte por la ventana de la habitación, en esa posición catatónica que ahora dice la psicología moderna, es cuando estás a punto de parir una idea, tipo Facebook o la vacuna que curará la estupidez humana y CHAS!!! No una idea, veo el letrero de la tienda Radio Shack en frente del hotel.
Agarro mi laptop mientras pienso: “‘Cha Tegucigalpa, no dejas de sorprenderme!!!” Llego a la tienda y con la seguridad de quien pide un jugo en Tetra Pak en la tienda de un chino, pido un cargador para una Lenovo T440.
“A ver el laptop”, me dice el dependiente; se lo muestro y la expresión facial universal para “esta vaina qué es”, me dice, “no tengo”. Pregunta obligada “donde hay”. Respuesta de vendedor rookie, “en ningún lado” (así como en “si no hay aquí, no existe”). Intento mi expresión facial de lástima y digo: es urgente!!! Accede y me manda a otra tienda.
Agarro taxi y me enrumbo a esta tienda; llego, cojo ticket y espero. Llaman mi número, muestro mi laptop y se repite la conversación: no tengo y no hay en Tegucigalpa; pero pase ahí al departamento de servicios, a lo mejor alguno de los técnicos, tiene lenovo.
Entro, hablo con el Mark Zuckerberg hondureño y me dice lo mismo: en Tegucigalpa no hay. Tal vez en GBM pero ya cerraron, seguro. Ahí ya me lo creo y comienzo a pensar en la mejor manera de explicar que sigo siendo un ser muy despistado y que el correo lo tendré que mandar el viernes en Panamá.
Salgo de la tienda y ya en el taxi pienso que a lo mejor en las oficinas de mi cliente de Honduras que no tiene nada que ver con mi problema y donde había estado más temprano, deberían haber cargadores que me sirvieran. Llamo a mi cliente, que ya cena (7:30 PM) con su familia y seguro habla del buena gente ejecutivo de Tetra Pak con el que se vio hoy laca laca, laca laca… Y me contesta el teléfono:
– Aló
– Fulaneco, necesito tu ayuda para un problemita que tengo con mi laptop
– Enrique, ya no hay nadie de IT en la oficina.
– Se me enciende el foco y le digo pero ustedes son clientes de GBM, no? Tendrás el teléfono?
– dejame ver?… Es este: “nosecuanto nosecuantín”.
Llamo y me contesta un guardia de seguridad.
– Aloooo, GBM bueeenas
– Sí, buenas, necesito hablar con alguien de servicio técnico.
– yo soy nuevo aquí y no se como usar esta cosa.
– hágame un favor asómese a ver qué luz está encendida, fíjese si hay alguien, pregúntele su número de extensión y como se usa la central telefónica, y páseme con él o ella.
– como no jefe, en seguida
Tengo que admitir que me sorprendieron mis habilidades telefónicas para persuadir guardias de seguridad recién contratados.
Me contesta el man de IT más buena gente que me ha hablado por teléfono en mi vida, le explico mi problema y me dice: “véngase aquí le ayudo”. Aquí ya pienso que no es que los astros se alinearon, esto es más que eso…
Subo al taxi todavía hablando por teléfono con el man de GBM, que me explica como llegar a sus oficinas, en un edificio nuevo en Tegu que nadie conoce y arrancamos para allá.
Llegamos, no hay luz, solo puertas abiertas y un seguridad en la entrada de un parking, sin que yo le diga nada, el taxista se baja y le pregunta al guardia del edificio como subir. Me explica, llego a las oficinas y me encuentro con el man que me sacará del problema
– qué modelo es?
– lenovo T440
– a ver… aquí tiene.
– genial, puedo trabajar aquí?
– no, no se preocupe, lléveselo y me lo trae mañana
Colorín colorado, propuesta mandada y computadora cargada. Hoy, mientras me decido a postear esto en lo que despega el avión rehago la historia y concluyo, qué buena gente es el hondureño.
Desde la dependiente que me invitó a pasar adentro para que uno de sus técnicos me ayudara, hasta mi cliente que luego me aclararía que no son clientes de GBM y que hizo un Google search del número de teléfono, y sobre todo el man de GBM que sin mediar duda, me prestó el cargador para que me lo llevara. Por supuesto, camino al aeropuerto, lo pasé dejando y le agradecí.
Bueno esto es lo que es. Saludos.

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Hasta aquí la excelente pluma de mi amigo panameño Enrique Sosa. Su divertida historia recién posteada en Facebook me sirve de excusa para saludarlo, después de casi veinte años de no verlo, y para reflexionar en la necesidad de cultivar nuestros propios valores.
Los hondureños somos buena gente. No porque lo digamos nosotros. Seguro lo hemos escuchado de algún visitante extranjero, sorprendido por la hospitalidad que habitualmente encuentra en nuestro país.
El hondureño de a pie, normalmente está dispuesto a ayudar. Es confiado. Paciente. De corazón noble. Sin malos sentimientos hacia nadie.
Pero, ¿Por qué a veces, ni nosotros mismos nos reconocemos? Nos dicen que somos uno de los países más violentos y corruptos del mundo. Tenemos índices bajos en educación, en salud y en casi cualquier rubro de desarrollo social.
Mi conclusión (puede estar equivocada) es que tenemos dos tipos de hondureños. Los que estamos orgullosos de nuestras raíces, que hemos sido educados por nuestros padres en las tradiciones propias de nuestras familias. Normalmente respetuosas y honradas. Y existen otros que miran deslumbrados hacia otras partes, pensando que lo de fuera siempre es mejor.
Muchos de nuestros jóvenes suspiran por ir a estudiar a otros países donde, si no tienen carácter, tantas veces pierden los valores familiares que aprendieron en su juventud. Se desviven hasta lo insospechado por parecer lo que no son; visten ropa extranjera, imitan los malos ejemplos que miran en las series de televisión, por ejemplo, y llevar un régimen de vida que nada tiene que ver con la propia realidad.
Hemos de estar orgullosos de nuestras raíces. De los valores de nuestras familias. Apostar por fomentar la propia personalidad. Sin complejos de inferioridad que apuntan a querer imitarlo todo. Aprender a desmarcarnos de los antivalores que quieren imponernos tantas veces desde otros países.
Cuando aprendamos a conservar y potenciar lo bueno que tenemos, entonces alcanzaremos el verdadero desarrollo humano y económico. Encontraremos nuestra propia voz para impulsar los valores que sacarán adelante a este hermoso país.

Tegucigalpa, 2 de junio de 2016

Juan Carlos Oyuela

@jcoyuela

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El aborto te cambia

Fue el 13 de enero de 2016 cuando decidí hacerme una prueba de embarazo. Tenía un mes de retraso y pensé que había sido porque se me habían acabado mis pastillas anticonceptivas después de mi último periodo en noviembre. Me sentía cansada y con nauseas, así que finalmente me decidí y me hice la prueba. Resultó positiva. Compré dos más para estar segura, y así confirmé que estaba embarazada. Lloré muchísimo, más porque estaba asustada. No sabía cómo iba a reaccionar mi novio. Le llamé después de la tercera prueba y vino enseguida. Estaba tan amoroso y cariñoso. Me dijo que iba a apoyar cualquier decisión que yo tomara. No sabía qué hacer, pero más tarde ese día me dijo claramente que no quería ese bebé. Me sentí miserable. Yo quería a ese bebé. Mi novio me dijo que no quería volver a verme si seguía con mi embarazo. No sabía qué hacer. Fuimos a la clínica de aborto ese fin de semana para que me hicieran un ultrasonido y quizá seguir con el procedimiento. No quería tener el aborto y traté muchas veces de convencer a mi novio. Soy una estudiante extranjera y trabajaba como nana 45 horas a la semana. Siempre he batallado con el dinero porque mi colegio es muy caro, y aun así estaba convencida de quedarme con el bebé y dejar la escuela si tenía que hacerlo. O regresar a casa. Fue muy difícil porque a pesar de que mi novio no quería el bebé, fue paciente y me cuidó cuando me sentía mal o se me antojaba algo. Después regresamos a la clínica y me asusté, no podía hacerlo. Pero en el carro mi novio empezó a llorar y a golpear el volante. Me sentí fatal de hacerle eso y decidí regresar y terminar con esto. Ya tenía ocho semanas y no podía tomar las pastillas, y no había una enfermera en ese momento para hacer el aborto quirúrgico. Así que tuvimos que reprogramar la cita. Después hubo una nevada y tuvimos que reprogramar de nuevo. Tuve esperanza. Pensé que Dios estaba haciendo algo para ayudarme a quedarme con mi bebé. Mi novio vio como estaba sufriendo y me empezó a prometer que tendríamos un gran futuro y seguía con el procedimiento. Caí, y al final terminé teniendo el aborto cuando mi bebe tenía 10 semanas.

¡Inmediatamente después me arrepentí! Ha pasado poco más de un mes y todavía lloro. Extraño a mi bebé. Extraño que mi bebé me haga sentir mal o haga que coma a las dos de la mañana. No sé cómo seguir adelante. Claro que mi novio cambió de opinión sobre todas las promesas que me había hecho. Me sentí estúpida y vacía de haberlo escogido a él en vez de a mi bebé. Nuestra relación está a punto de terminar. No podemos tener sexo, no podemos dejar de pelear. Y parece que no puedo ser capaz de perdonarme por lo que hice. Incluso tenía esperanzas que mi bebé hubiera sobrevivido al aborto, pero me desilusioné cuando regresé a la clínica tres semanas después para cerciorarme de que todo estaba bien y mi útero había sanado.

Me sentí perdida, Me sentí desesperada. Si pudiera volver el tiempo atrás jamás hubiera ido a esa clínica. Definitivamente me hubiera quedado con mi bebé. Me siento como un monstruo. Siento que merezco todas las cosas malas que me pasan. He pensado en el suicido, al menos estaría con mi bebé otra vez (tal vez). No sé qué hacer. No sé cómo seguir adelante con mi vida y ser feliz de nuevo.

Esta es una de las historias del sitio http://www.abortionchangesyou.es/testimonios “El aborto te cambia”. Tuve mis dudas de compartirlo por su crudeza. Leer dos relatos de ese sitio me cambió (reconozco mi debilidad, solamente pude leer dos). Siempre supe de la crueldad de este tremendo crimen. Pero ahora, esta historia me cambió de óptica. No porque haya alterado mi opinión. Reflexiono sobre este tema con un lente de aumento que casi me hace sentir en carne propia el drama real de tantas mujeres y sus familias.

Por supuesto que el aborto es una realidad compleja. Alguno podría hablar de casos de violación, de posibles malformaciones del feto y de tantas elucubraciones teóricas que pueden darse. Si vemos las estadísticas resultan un fenómeno minoritario. En realidad son la puerta falsa usada en tantos sitios para castigar a un inocente.

Para los que ven el aborto como algo descarnado y ajeno puede resultar fácil hablar de datos y de daños colaterales. Al fin y al cabo, no se trata de sus propias vidas ni, probablemente, de ninguno de sus familiares.

Si hacemos el experimento de acercarnos a estas historias les aseguro que ya no resulta tan fácil. Para una persona normal, tal vez signifique afianzarse en el propósito de defender la vida de tantos niños no nacidos. Tal vez signifique hacer el propósito de tender la mano a tantas madres necesitadas de verdadera ayuda.

Tegucigalpa, 20 de mayo de 2016

Juan Carlos Oyuela

@jcoyuela

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Relaciones humanas para vivir feliz

Este fin de semana vi una una conferencia TED que me dejó gratamente sorprendido. El Dr. Robert Waldinger, resume algunos de los descubrimientos más impactantes de un estudio de Harvard realizado por más de 75 años sobre el desarrollo en adultos (Harvard Study of Adult Development). Desde 1938 se dio seguimiento a la vida de 724 personas. Con el paso del tiempo, también se incluyeron en dicho estudio las esposas, los hijos, los nietos y bisnietos. Los casi sesenta que siguen vivos ya tienen más de noventa años.

Un grupo de científicos analizó el desarrollo a través de varias décadas de 268 estudiantes de segundo año de Harvard. El objetivo era ver qué factores desempeñaban un papel importante en su éxito y crecimiento. “Pensaban que en aquel entonces se hacía demasiado énfasis en la patología y que sería muy conveniente estudiar a personas a las que les iba bien en su desarrollo de adulto joven”, explicó el Dr. Waldinger. Les hicieron con frecuencia entrevistas y exámenes médicos. En los últimos años, el estudio también incorpora tomografías, exámenes sanguíneos y entrevistas con las parejas del sujeto y con sus hijos ya adultos.

Casi al mismo tiempo del inicio del estudio, el profesor de leyes de Harvard Sheldon Glueck también empezó a estudiar a jóvenes de los barrios más pobres de Boston. En este caso se trataba de 456 jóvenes, la mayoría provenientes de hogares con problemas. Finalmente, los dos grupos se juntaron para formar parte del mismo estudio.

A lo largo de los años, los hombres tuvieron todo tipo de profesiones: abogados, doctores, hombres de negocios y —en el caso de un estudiante de Harvard llamado John F. Kennedy— un presidente de los Estados Unidos. Algunos se hicieron alcohólicos, tuvieron carreras profesionales decepcionantes o sufrieron de enfermedades mentales.

El estudio ha tenido varios directores. El Dr. Waldinger, que asumió el mando en 2003, es el cuarto. Los científicos comenzaron a grabar a las parejas en sus casas, a estudiar su interacción y a entrevistarlos por separado sobre cada aspecto de sus vidas, incluso las rencillas del día a día.

A medida que los científicos analizaban los factores que influían sobre la salud y el bienestar, encontraron que las relaciones con los amigos, principalmente con la pareja, eran fundamentales. La gente que tenía las relaciones más estrechas estaba protegida contra enfermedades crónicas y mentales, así como pérdida de la memoria, aunque esas relaciones tuvieran varios altibajos.

“Una y otra vez en estos 75 años”, sostiene el Dr. Waldinger, “nuestro estudio ha demostrado que la gente a la que le va mejor es aquella que se apoya en las relaciones con su familia, amigos y con la comunidad”. Es más fácil que la gente que desde un inicio es más saludable y feliz mantenga y cree relaciones, mientras que los más enfermos poco a poco se aíslan socialmente o terminan en relaciones malas. Al seguir a los personas durante muchas décadas y al comparar el estado de su salud y relaciones desde el inicio, estaba bastante seguro de que los lazos sociales fuertes son la causa de salud y bienestar a largo plazo.

La conclusión puede parecer evidente. Pero debe interpretarse en una clave correcta. Podría pensar alguno: “para vivir una vida con mejores condiciones tengo que priorizar las relaciones con mi familia y con mis amigos”. Sin embargo, estas relaciones se fortalecen precisamente cuando anteponemos la felicidad de los demás a la propia. La generosidad de un corazón enamorado es precisamente la que nos blinda de la auténtica enfermedad que a la larga nos hace más daño; el egoísmo individualista.

Cuando tenemos el corazón lleno de aspiraciones personales es cuando no queda en él mucho espacio para los demás. Cuando centramos obsesivamente la mirada en el propio bienestar es cuando perdemos del horizonte que nuestra felicidad está precisamente en levantar la vista y dar cabida en nuestra vida a nuestros seres queridos.

Tirar por la ventana a las preocupaciones personales. Amueblar nuestro mundo interior con buenas obras de servicio desinteresado. Sustituir la fama y el dinero por rostros de personas queridas y que nos quieren. En esto radica precisamente una vida gastada con alegría y que al final habrá valido la pena.

Tegucigalpa, 10 de mayo de 2016

Juan Carlos Oyuela

@jcoyuela

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Puedes ver la conferencia de 10 minutos en el siguiente enlace:

¿Cómo ser un buen jefe?

Buen jefe

El gerente de una empresa farmacéutica chilena fue obligado a iniciar una investigación para localizar al culpable de un error de etiquetado y despedirlo. Era el empleado o él. Para sorpresa de todos, el gerente no hizo de policía y no buscó culpables. Sabía que si buscaba culpables, todos le mentirían por el miedo a ser despedidos. Echarían al culpable, pero el error seguiría allí. En cambio, si pedía ayuda, encontraría apoyo y luego descubriría las razones. Encontró que el error de etiquetado se había producido como consecuencia de una exigencia desmedida de los directivos para conseguir aumento en la producción. Los empleados que cometieron el error pidieron disculpas con honestidad y se reincorporaron al trabajo con la sensación de haber sido respetados y tomados en cuenta por sus superiores.

Cuando se busca castigar el error a toda costa, es fácil que los empleados busquen ocultarlos con mentiras, en consecuencia no se corrigen. En cambio, si se trata el error como una oportunidad de mejora, se pueden encontrar las verdaderas causas y aumentar así la responsabilidad de todos.

Dicen que una de las razones por las cuales las personas cambian de trabajo es por la calidad de sus jefes. Sobran las estadísticas en este sentido. Según un estudio cuatro de cada diez jefes es un líder tóxico. En otro se menciona que el 60% de los jefes daña la autoestima de sus empleados. No es fácil adquirir el arte de dirigir personas, en parte porque la sociedad nos transmite muchas veces un concepto equivocado sobre el verdadero liderazgo.

Gabriel Ginebra, en su libro Gestión de incompetentes nos dice: “Tenemos un concepto deformado del directivo. Nos lo imaginamos joven, guapo y esbelto, luciendo un traje impecable. Hablando por el móvil en inglés, en una terminal de aeropuerto. Tiene carrera universitaria y MBA. Sabe marketing y finanzas, y construye gráficos en Powerpoint para su próxima reunión. Es extremadamente competente.

Volvamos ahora la mirada hacia quienes nos rodean cada día en la oficina, hacia los jefes de carne y hueso que hemos tenido, y hacia nosotros mismos. ¿Nos acercamos a la imagen descrita o quedamos a mucha distancia?

Pensemos también en los empresarios con nombre y apellidos que conocemos, en Amancio Ortega (Zara), Pepe Hidalgo (Air Europa) o en Francisco Martín Frías (MRW). ¿Transmiten una imagen de ultracompetentes? ¿Nos los imaginamos con una sonrisa profidén y un cuerpo danone, conduciendo un deportivo de lujo por las costas de la Riviera?, o ¿más bien son personas pegadas al terreno, con aire desaliñado, sencillos, de perfil algo gris, con tendencia a la calvicie y que les incomoda la corbata?”

Hemos idealizado tanto las capacidades de liderazgo que no reconocemos a un auténtico líder cuando nos topamos con uno de ellos. Nos cuesta imaginarlos como personas comunes y corrientes. Personas de carne y hueso que son cercanos y accesibles.

Nos cuesta aceptar que todos somos incompetentes porque somos mejorables y estamos siempre en proceso de aprendizaje. A la larga, en la vida no triunfan los más brillantes, sino las personas normales y corrientes que vencen la pereza de forma habitual. La paradoja es que los jefes destacados son los que se reconocen incompetentes, mientras que quienes se consideran excelentes son de lo más vulgar. Todos somos imperfectos en muchos aspectos de nuestra vida profesional y personal. Las grandes conquistas de la humanidad como el envío del hombre a la Luna o el descubrimiento de América, no fueron hechas por genios. Estas gestas fueron realizadas por hombre como nosotros, con defectos y virtudes, con más o menos suerte y con mucho trabajo esforzado y oculto a simple vista.

La ciencia del liderazgo, la que hace que personas ordinarias alcancen logros extraordinarios, consiste, en una serie de pequeñas acciones hechas un día y otro, con constancia. Es cierto que para dirigir a otros hemos de aprender a mandar. Pero más importante aún es aprender el arte de conocer y comprender a las personas.

Para dirigir a otros resulta indispensable dedicarles tiempo, conocerlos personalmente, saber diagnosticar qué le pasa a cada uno, enseñarles a trabajar, saber premiar los logros, corregir los errores y agradecer las buenas acciones. En otras palabras lograr el difícil equilibrio de ser al mismo tiempo amigo, maestro y un poco médico que sabe detectar, comprender y curar las deficiencias ajenas.

Conozco al gerente de una gran empresa que no delega la dirección de talento humano a otra persona. Cuando busca hacer una contratación, como parte del proceso de selección, visita personalmente la casa de los candidatos más idóneos y conoce a su esposa e hijos. Me ha dicho que esta visita es más útil que muchas entrevistas para saber si debe contratar al candidato. El orden de la casa, la forma en que habla de él su esposa, el aspecto de los hijos son más elocuentes que muchos test psicológicos.

Otro amigo, gerente también, dedica una tarde a la semana a estar con sus empleados. Les invita a comer uno a uno, con alguna frecuencia. De esta forma puede escucharles y tomar en cuenta sus opiniones. Para formarles, lleva un registro de puntos de mejora de cada uno que actualiza y consulta semanalmente. De esta forma se asegura que todas las personas que le rodena van mejorando tanto personal como profesionalmente. También es normal que reconozca en público cuando un colaborador hace algo relevante. Además se desvive por transmitir a todos las habilidades que le llevaron a convertirse de un simple empleado a gerente general de una gran empresa.

Las relaciones con las personas en una organización cualquiera forman un tejido que la sostiene en pie ante cualquier tempestad o contratiempo. Se construye esta red de forma paciente y delicada. A través de muchos detalles de buena educación, elegancia e interés de unos por otros. Son como los ladrillos que puestos uno a uno, dan solidez a cualquier organización compuesta por personas.

Por otra parte, con qué facilidad se puede dañar esta estructura. Muchas veces son pequeñeces las que echan abajo relaciones de años. Sencillamente por no saber escucharse, por no encajar una humillación, por no saber agradecer, por no aprender el arte de la comprensión… detrás de cada relación jefe-subordinado fracasada hay un cúmulo de pequeñas faltas de atención, injusticias, ausencia de información, errores mal atribuidos, etc.

La clave para lograr mejores resultados es hacer crecer el talento de quien no lo tiene. Comenzando por el nuestro. Detrás de una empresa en la que existe mucha rotación de personal, por ejemplo, normalmente se encuentra algún directivo grosero mal formado, con pocas virtudes o con comportamientos opuestos a la ética y a la justicia.

Ser buen jefe requiere exigencia pero también mucha sensibilidad con las personas. Necesitamos jefes que perdonen, que saluden y que pidan las cosas por favor. Nada mejor que esto para enderezar y potenciar el comportamiento de cualquier empleado. Aprender a reconciliarse después de una falta refuerza la relación. Perdonar es la fórmula de convertir el mal en bien y de transformar un error en aprendizaje. Las relaciones laborales de largo alcance solamente existen entre personas que aprender a perdonar. De esta forma aceptamos que los demás pueden ser mejores. Apostamos por el futuro de cualquier organización cuando damos a los demás, y nosotros mismos, segundas oportunidades. Esta es la única forma en que un jefe puede convertir empleados normales en líderes extraordinarios.

Tegucigalpa, 1 de mayo de 2016

Juan Carlos Oyuela

@jcoyuela

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