Las lecciones de “Super Jesfrey”

Jesfrey, alumno de Taular nos da ocasión de hablar de la importancia de la ejemplaridad

Jesfrey recibiendo clases en Taular. Fotografía tomada del portal Honduras is great

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La semana anterior, la historia de “Super Jesfry” dio la vuelta al mundo. Se trata de un alumno del Instituto Tecnológico Taular que además de estudiar, vende chicles en las calles de Tegucigalpa. Con esto ayuda a sostener económicamente a su familia. En la edición del 3 de agosto de diario El Heraldo, apareció la primera de las noticias: “Súper” Jesfry: Un pequeño héroe con grandes sueños. Casi de forma simultánea, la conocida página de Fernando Carías Honduras is great, publicó Momentos que dan fe en un mañana mejor.

El efecto producido por estas dos notas periodísticas es sorprendente. Personas, dentro y fuera de Honduras, se solidarizaron con este joven estudiante. En Jesfry ya tiene casa y Un nuevo hogar para super Jesfry y familia se narran la donación de una habitación más digna para su familia. A nivel gubernamental, su ejemplo, convirtió la Casa de Super Jesfry en un centro de solidaridad; entre otras cosas recibió un ecofogón y una computadora.

Las distintas publicaciones me conmovieron por mi relación cercana con Taular. Sobre todo en sus inicios en 1997, en una casa alquilada debajo de la cuesta Lempira. Con el paso de los años, el trabajo constante y responsable de muchas personas lo convirtieron en uno de los mejores colegios de educación secundaria de Honduras.

Son muchas las lecciones que podemos aprender de este joven. Esta historia nos sorprende porque en la sociedad actual tenemos una crisis de superhéroes. Nos vemos obligados a recurrir a las películas de ciencia ficción para encontrarlos.

La difusión y gran cantidad de comentarios generados por estas noticias son testigos que todos necesitamos ejemplos cercanos. Modelos que nos muestren que sí se pueden superar condiciones aparentemente insuperables. Sí es posible ir más allá del camino cómodo. Se puede vencer el negativismo en el que muchos quieren encerrar a las personas vendiéndonos la idea de que somos incapaces de proponernos ideales grandes.

Los “fuera de serie” nos hacen paladear la grandeza de la libertad del hombre abierta a horizontes insospechados. Nos llenan de optimismo y nos facilitan el camino mostrándonos que sí es posible mejorar con esfuerzo. Echan por tierra esas visiones deterministas que encasillan a las personas, tratándolos como víctimas de las circunstancias, de las injusticias ajenas o de sus instintos. Incapaces de educar su voluntad y superar la adversidad por difícil que parezca.

En una familia, el superhéroe natural de un niño es su papá. Mi experiencia educativa me llevó a constatar que uno de los indicios de que todo marcha bien en una familia es esto. Se encienden mis alarmas cuando un niño me dice que su primer héroe es un cantante, un actor de cine o un jugador de fútbol. En este caso, casi siempre se confirman las sospechas; en esa familia algo anormal pasa.

Lo anterior también puede extrapolarse a la sociedad. Si los gobernantes saben ganarse el respeto y admiración de los ciudadanos, ejerciendo sus funciones con responsabilidad, es señal clara de orden. Por muy graves que sean los problemas existentes, el buen desempeño de los investidos en autoridad es el primer activo insustituible para pensar en un futuro mejor para esa sociedad. Cuando esto falta, por muchas riquezas materiales o talento en los ciudadanos, es prácticamente imposible acertar en el rumbo correcto. Lo dice la misma lógica: “Si el timón de un barco está averiado, es prácticamente imposible llegar a puerto”.

Se construyen muchas cosas positivas con el buen ejemplo. Transmite de forma silenciosa y eficaz las lecciones que una persona puede dar a otra. “fray ejemplo es el mejor predicador” dice la sabiduría popular. Para las personas que tienen una misión de guía, educación o gobierno, la necesidad de recurrir excesivamente  a las palabras o a los reproches es indicio claro de que algo no marcha bien con su autoridad.

Un amigo me decía “Con solo la mirada hacían que se acataran las indicaciones los padres y profesores de antaño”. Es frecuente escuchar que actualmente existe una crisis de autoridad en la familia y en la sociedad. Más que hablar de crisis de autoridad hablaría de crisis de ejemplaridad.

Todos podemos ser ejemplares y heroicos. Es más, los demás necesitan nuestra ejemplaridad y heroicidad. Las crisis actuales de valores y de autoridad no se curan con palabras. Tampoco exigiendo a los demás comportamientos que no estamos dispuestos a hacer personalmente. Antes de hablar, mejor conjuguemos en primera persona la necesidad de recorrer la “milla extra” para luego pedirla a los demás.

Forjar la ejemplaridad personal moverá a la obediencia y a los entusiasmos ajenos. Agradezcamos a “Super Jesfry” su testimonio valiente, no con la admiración solamente. Tampoco únicamente con la necesaria solidaridad. Sobre todo con el compromiso de ser heroicamente coherentes y ejemplares.

Tegucigalpa, 15 de agosto de 2015

Juan Carlos Oyuela

@jcoyuela

www.eticaysociedad.org

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