El mejor Nacimiento para el niño Jesús

2015-12-20 12.21.42
Tarjeta de Navidad para mis amigos

Otros años, para hacer el tradicional Nacimiento con el que engalanamos nuestros hogares cristianos, es común desempolvar las figuras usadas anteriormente. Luego, aparecen los más talentosos artistas de la familia que echando mano de creatividad e ingenio, adornan con luces y figuras vistosas el Nacimiento, centro de las celebraciones Navideñas. Recuerdo del verdadero, ocurrido hace veintiún siglos. Momento cumbre de la historia de la humanidad. La principal manifestación de amor de Dios por el hombre; el envío de su Hijo al mundo.
San Francisco de Asís, cuando inició esta costumbre en el siglo XII, buscaba un modo accesible a cada familia de revivir y meditar en este gran misterio. Ocasión de oro para aprender de Jesús la sencillez; la disponibilidad incondicional de María y la fidelidad a prueba de todo de José. La alegría de los pastores muestran como un pálido reflejo el significado de este acontecimiento para todos los hombres.
En esta ocasión, pido ayuda a mi Ángel Custodio, para acondicionar juntos un lugar digno en donde nazca a gusto el Niño Jesús. Isidoro, así llamo a mi custodio desde hace años, con más talento artístico y sentido sobrenatural, me sugiere que intentemos adornar el Belén este año con buenas acciones. Las que él mismo llevó como incienso a mi Padre Dios en este 2015 por concluir.
De entrada, temo no disponer de muchas figuras para poner. A Jesús no lo puedo engañar. Tampoco es fácil simular en la propia familia. Jesús se encuentra mucho más a gusto entre la verdad, la sinceridad y la sencillez. Así que posiblemente, como en la primera Navidad, quedarán patentes la pobreza y la frialdad de una existencia volcada solamente en lo grande y llamativo.
Intento poner el primer adorno e Isidoro me dice que ese no cuenta. Se trata solamente de un buen deseo. El propósito del año pasado de vivir más con los brazos abiertos y con actitud más acogedora con los demás. Estoy a punto de quitarlo cuando él mismo, con cara complaciente, me dice que lo deje; me recuerda la vez en que estuve escuchando los problemas familiares de un amigo en dificultades. Lo único que hice en esa ocasión fue escuchar y hacer el propósito de incluirlo en mis oraciones diarias.
Estoy en aprietos para colocar el segundo adorno. Veo en mi diario del año pasado el propósito de no condenar ni juzgar a las personas. Aparecen los prejuicios y descalificaciones dirigidas con excesiva ligereza. La frecuencia en que ejercí de juez implacable emitiendo sentencias sumarias que ponían unos a la izquierda y otros a la derecha. Isidoro vuelve a arreglar la situación asegurando que Jesús aceptará con alegría este adorno si pido perdón a Dios y el propósito de reparar esos juicios injustos con una oración por cada uno de los afectados. También anoto en mi agenda las disculpas a pedir la próxima vez que me encuentre con cada uno.
Quisiera adornar también la gruta donde están la Vírgen y san José con los sacrificios y dolores ofrecidos a Dios por los demás. Pero las quejas emitidas en su momento hacen impresentables estos regalos. También aparecen las ocasiones en las que no ayudé con la corrección oportuna al amigo en el error. Cuántos consejos omitidos y guardados por cobardía. Hago el propósito de no dejar de decir ninguna advertencia de provecho para los demás.
A punto de dejar vacío mi “Nacimiento especial”, recuerdo el recién comenzado Año de la Misericordia. Convocado por el Papa Francisco el pasado 8 de diciembre. Por suerte, quedan algunos días para aprovecharme de la larga tradición de la Iglesia en eso de hacer el bien a los demás.
Repaso una a una las llamadas “Obras de Misericordia”, recupero la esperanza de volver más acogedor mi Nacimiento. Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rogar por los vivos y difuntos… Visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento… Un largo elenco para escoger y conseguir poblar más el establo donde vendrá el Niño-Dios.
Isidoro dice que sobre todo, tal vez lo que más agrado cause a Jesús sea aprovechar estos días para limpiar mi alma. Una confesión sincera y contrita abrirá lo ojos para ver esta Navidad con ojos nuevos. Descubrir toda la maravilla del amor de Dios que baja a la tierra. El aroma de un alma limpia seguramente atraerá a otros para que limpien también su corazón y podamos cantar con sinceridad los villancicos que hablan de la Navidad como una Noche de paz y de amor.

Feliz Navidad a todos
Guatemala, 20 de diciembre de 2015
Juan Carlos Oyuela
@jcoyuela
www.eticaysociedad.org