Teléfonos inteligentes, niños tontos

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Puede parecer un artículo exagerado, a mí me hizo pensar. Lo escribió un buen amigo de El Salvador después de dirigir una charla a padres de familia. Leí con atención otros artículos sobre el tema. Me pareció interesante publicarlo por las razones de fondo que aporta.

Todo en la vida tiene ventajas y desventajas. El uso de un teléfono celular también. Pensar en los inconvenientes de dar un “teléfono inteligente” a alguien tan joven puede resultar útil para educarle y establecer unas reglas mínimas de uso. Como en todo, es necesario establecer límites.

No se trata de dejarse absorber por un aparato electrónico sino de usarlo para un fin determinado. El “para que” resulta importante. Especialmente en dispositivos tan versátiles que pueden llegar a resultarnos imprescindibles. Desconectar de vez en cuando nos puede servir para cultivar diversos aspectos de nuestra vida como pensar, establecer relaciones duraderas, leer, apreciar lo bello de la vida…

Nos capacitamos para conducir un automóvil de forma responsable y llegado el momento, las autoridades competentes certifican que estamos en condiciones de no dañarnos a nosotros ni a los demás. De la misma manera, un padre de familia sensato pensará en la edad adecuada para dar un  “teléfono inteligente”. Lógicamente no existen reglas generales. Cada hijo es distinto.

Smartphone Dumb-kids

Teléfonos inteligentes: hijos más tontos. 25 ideas para pensar.

  1. El Peligro de la pornografía.

Todos confiamos en nuestros hijos pero conviene ser más realistas. Al darles teléfono celular, facilitamos la tentación a un “click” de la pantalla. Suele comenzar con la curiosidad o el consejo, más o menos infantil, de un amigo y llega a convertirse en un hábito rápidamente. No es cuestión de criterio sino de fuerza de voluntad. A mí entender son tres los medios para no caer en el vicio de la pornografía: fuerza de voluntad, filtros en los aparatos electrónicos y no tener teléfono móvil. Los trastornos afectivos pueden ser irreversibles.

  1. La frivolidad.

La superficialidad o ligereza en el modo de comportarse y en los temas de conversación se ven favorecidos por el uso de las redes sociales. El teléfono crea un ambiente superficial y, una realidad que puede convertirse en una constante en mi vida. No pasa nada, si un viernes por la noche se va a una fiesta. Lógicamente, en un festejo todo es trivialidad. El teléfono consigue que ese ambiente se amplié a todo mi día, todos los días de la semana… Pocas veces, por no decir ninguna, las conversaciones versarán sobre temas profundos y que cultiven a la persona.

  1. La atención.

La atención se podría definir como “la toma de posesión, por la mente, de un modo claro y vívido, de uno entre varios objetos o cadenas de pensamientos simultáneamente posibles”. (GOLDMAN, D., Focus, Kairos, Barcelona 2013, p. 26.) Los fundamentos básicos de la atención, el músculo cognitivo que nos permite seguir una historia, aprender, crear o perseverar en una tarea hasta llegar a concluirla se ven empobrecidos por las nuevas tecnologías.

  1. El costo de la distracción.

La atención concentrada mejora el aprendizaje, el cerebro relaciona la nueva información con la que ya conocemos y establece nuevas conexiones neuronales. (…) Cuando nuestra mente divaga, nuestro cerebro activa una serie de circuitos relativos a cosas que nada tienen que ver con lo que estamos tratando de aprender. Por ello es tan difuso el recuerdo de lo aprendido mientras estamos distraídos. (GOLDMAN, D., Focus, Kairos, Barcelona 2013, p. 29.)

  1. Un aprendizaje limitado.

Cuando leemos un libro, un blog o cualquier narración, nuestra mente elabora un modelo o red mental que nos conecta con el universo de modelos almacenados que giran en torno al mismo tema y nos ayuda a dar sentido a lo que estamos leyendo. En esa amplia red de comprensión descansa el núcleo del aprendizaje. Cuanto más distraídos estemos durante la elaboración de ese tejido y más largo sea el lapso transcurrido hasta darnos cuenta de que nos hemos distraído, más grande será el agujero de dicha red y más cosas, en consecuencia, se nos escaparán. (GOLDMAN, D., Focus, Kairos, Barcelona 2013, p. 30.) Las malas notas están asociadas a horas de teléfono.

  1. La superficialidad de pensamientos.

Incapacidad de ver un partido de fútbol completo, de seguir una película que no sea de acción, de leer un libro… No son característica de la juventud, sino es un problema serio que nosotros hemos fomentado en los jóvenes. Los intereses se ven limitados a lo que puede reportar cierta satisfacción o placer inmediato. No les interesa pensar, sólo saber cómo funciona.

  1. Los hábitos intelectuales.

El valor de una inteligencia no consiste tanto en su ciencia (los diccionarios están al alcance de la mano) como en la posesión de costumbres muy vivas que le permiten adaptar su saber y sus principios a la singularidad de los casos siempre nuevos, y a la inversa, en discernir qué alimento puede obtener de lo que le ofrecen los azares. (GUITTON, J., El trabajo intelectual: consejos a los que estudian y a los que escriben, Rialp, Madrid 2005, p.36) Las nuevas tecnologías no favorecen ninguna disposición intelectual estable.

  1. La falta de educación.

En el año 2006 se introdujo en el léxico inglés la palabra pizzled (que podríamos traducir como “perplado”), un término que captura la combinación de los sentimientos de “perplejidad” y “enfado” de quienes ven cómo la persona con la que están hablando no tiene empacho alguno en sacar su Smartphone y responder al mensaje que acaba de recibir. Esta situación, tan molesta como irritante, ha acabado convirtiéndose en la norma. (GOLDMAN, D., Focus, Kairos, Barcelona 2013, p. 16.)

  1. La relación con lo sobrenatural.

Ordinariamente el cultivo del trato con Dios es una actividad ardua, costosa, con muy poca sensibilidad. No existe una respuesta pronta, sino todo lo contrario. Las nuevas tecnologías nos hacen insensibles a lo sobrenatural. “También hemos de ser conscientes de que cierto estilo de vida puede favorecer extraordinariamente la oración o, por el contrario, dificultarla. ¿Cómo nos será posible recogemos en la presencia de Dios, si durante el resto del tiempo vivimos dispersos entre mil inquietudes y preocupaciones superficiales?; ¿si nos entregamos sin reparo a charloteos inútiles, a curiosidades vanas?; ¿si no mantenemos cierta reserva del corazón, de la mirada, de la mente, por la que rehuimos todo lo que podría distraemos y alejamos de un modo excesivo de lo Esencial?” (PHILIPPE, J.,Tiempo para Dios, Rialp, Madrid 2001, p. 42.) San Josemaría señalaba que el silencio es como el portero de la vida interior (Camino, n. 281.)

  1. La disgregación o falta de unidad de vida.

San Josemaría resumen la santidad en: “haz lo que debes y está en lo que haces”. (Camino 815) Lo propio de un alma santa es el recogimiento, la contemplación, la profundidad de vida, la capacidad de trabajo, la vida de oración… El celular no favorece, para nada, ninguno de estos aspectos. Con celular la unidad de vida se ve disminuida por la disgregación de actividades. Estoy trabajando o conversando, me caen notificaciones, tengo la urgencia de subir una foto, siete conversaciones en WhatsApp, Twitter, Line, y un largo etcétera, que me acostumbro a atender. El recogimiento interior se convierte en dispersión, la contemplación en aburrimiento, la concentración se diluye en el multitasking, la profundidad de vida en superficialidad, la capacidad de trabajo en déficit de atención, la vida de oración en una farsa…

  1. Una vocación divina.

Se ve ahogada en un mundo de imágenes, de sonidos, de mensajes. “Es necesario el silencio interior y exterior para que dicha Palabra pueda ser escuchada. Es un aspecto especialmente difícil para nosotros que vivimos en una época que no favorece el recogimiento; a veces da la impresión de que tenemos miedo de separarnos, aunque sea por un instante, del torrente de palabras y de imágenes que llenan nuestros días”.

Sin embargo, “los Evangelios nos presentan con frecuencia al Señor que se retira solo, lejos de los discípulos y de la multitud, a un lugar apartado para orar”, y “la gran tradición patrística enseña que los misterios de Cristo están ligados al silencio y sólo en el silencio la Palabra puede acampar entre nosotros”. (BENEDICTO XVI, 7 de marzo de 2012, Audiencia de los miércoles.)

  1. El miedo a la reflexión.

En nuestra sociedad hay un miedo atroz al aburrimiento y lo combatimos con el entretenimiento que narcotiza la capacidad de atención. Lo superficial, lo epidérmico o lo efímero son el antídoto que convierte la existencia humana en un zapping vital. Las formas preferidas de entretenimiento son ahora aquellas que producen una gratificación inmediata y que en todo caso no exigen apenas esfuerzo. De forma creciente, la calidad de una vida comienza a medirse por la cantidad de diversión que contiene. Como en realidad no se puede ser feliz —vienen a decirse— vamos a intentar al menos vivir entretenidos, vivir sin padecer la angustia de la soledad existencial. (NUBIOLA, J., Invitación a pensar, Rialp, Madrid 2009, p. 41) 

  1. Incapacidad de comunicarse. 

El lenguaje es vehículo del pensamiento y las ideas se manifiestan por medio de palabras. El hábito de comunicarse a través de abreviaturas, de emoticóns, de palabras onomatopéyicas, descuido de la gramática y de la ortografía, es más importante de lo que parece a primera vista. Escribir mal es empobrecer la capacidad de expresión y por tanto se limita el pensamiento y el conocimiento de la realidad. Es tan importante que Nietzsche llega a afirmar: «Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática». (NIETZSCHE, F., Crepúsculo de los ídolos)

  1. Consecuencias emocionales.

La atención nos obliga a centrarnos en una sola actividad y nos obliga a “desconectar” de las distracciones emocionales. Es decir; las personas que mejor se concentran son relativamente inmunes a la turbulencia emocional, más capaces de permanecer impasibles en medio de las crisis y de mantener el rumbo en medio de una marejada emocional. La falta de atención facilita el quedar sumido en cavilaciones, bucles de pensamiento repetitivos o la ansiedad crónica. Y ello puede acabar desembocando en la impotencia, la desesperación y la autocompasión (tan característicos de la depresión) o la repetición incesante de rituales o pensamientos (propios de trastorno obsesivo compulsivo). La capacidad de desconectar la atención sobre una cosa y dirigirla hacia otra resulta esencial para nuestro bienestar emocional. (GOLDMAN, D., Focus, Kairos, Barcelona 2013, p. 27-28.)

  1. Pérdida de tiempo.

No estamos hechos para hacer dos cosas a la vez. La atención no se divide… Y en el supuesto de que, durante la multitarea, nuestra atención se “divide”, es también, desde la perspectiva de la ciencia cognitiva, falso. La atención es un canal estrecho y fijo que no podemos escindir. En lugar de dividir simultáneamente la atención, lo que realmente hacemos es llevarla de un lado a otro. Es como si hubiese un interruptor que alternase rápidamente la atención entre la modalidad abierta y la modalidad concentrada. (GOLDMAN, D.,Focus, Kairos, Barcelona 2013, p. 33.) Además, habría que examinar cuantas llamadas o envío de fotos, videos o mensajes son realmente necesarios de los que estamos acostumbrados a enviar. ¿No estaremos haciendo perder el tiempo a los demás?

  1. El peligro de la adición.

Según un estudio de la Universidad de Chicago, realizado con 205 personas, Facebook y Twitter son más adictivos que los cigarrillos o el alcohol. La conclusión de Wilhelm Hofmann, responsable de esta investigación, es que el deseo de usar las redes sociales es más difícil de resistir que el de fumar o beber alcohol, porque las redes sociales están más fácilmente disponibles, y porque existe la sensación de que el precio de engancharse a ellas es bajo. (…) El doctor Javier Cabanyes, del departamento de Neurología de la Clínica Universitaria de Navarra, afirma que “Internet y las redes sociales pueden tener un alto poder adictivo, ya que producen satisfacciones en diferentes campos –conocimiento, curiosidad, estética, emociones, apoyos, sexualidad–; lo hacen de forma rápida y sin esfuerzo; pueden evitar insatisfacciones –inseguridad, temor, timidez, vergüenza–; y permiten hacerlo desde un mundo de deseos y fantasías autoconstruido, elaborado a medida”. (García, E., La luz roja de una conducta descontrolada. 2-X-2012, Aceprensa.)

  1. La capacidad de relacionarse.

La relación en las redes sociales va en detrimento de las relaciones reales. Estar conectados veinticuatro horas y no saber de qué hablar cuando están cara a cara es una constante en el comportamiento de los adolescentes.

  1. Los malos entendidos.

En los teléfonos se escribe como se habla, por la velocidad de respuesta, y el lenguaje se limita a un texto corto escrito. La comunicación se descarna del lenguaje corporal y este facilita los malos entendidos. Son más frecuentes, con el debilitamiento de las relaciones y la consiguiente pérdida de tiempo.

  1. Falta de intensidad.

La regla de oro del trabajo intelectual puede traducirse así: no toleres ni medio trabajo ni medio descanso. Entrégate por entero o bien relájate por completo. ¡Que no haya nunca en ti mezcla de los géneros! (GUITTON, J., El trabajo intelectual: consejos a los que estudian y a los que escriben, Rialp, Madrid 2005, p.39) Lastimosamente, se ha dejado de trabajar con intensidad y descansar con tranquilidad. El teléfono está omnipresente en toda circunstancia.

  1. Egoísmo.

Se fomenta el protagonismo de hablar de uno mismo sin necesidad en las redes sociales, perfiles y blogs; No se salvaguarda la propia intimidad y la de los demás, haciendo público datos personales o familiares –ya sean fotografías, grabaciones, etc.- que, puestos al alcance de todos, sólo sirven para despertar la curiosidad y fomentar la vanidad. Además, nos encierra en un mundo cómodo e individual.

  1. Descuido del sueño.

Las nuevas tecnologías nos llevan a descuidar el sueño. “Muchas veces adoptamos, sin darnos cuenta, durante el sueño, la posición que tuvimos un día en el seno de nuestra madre. Es todo un símbolo. El descanso es un retorno a las fuentes: orígenes de la vida, orígenes de la fuerza, orígenes de la inspiración: un templarse de nuevo. El repliegue general de la noche tiene este significado. Pues bien, templarse de nuevo, no significa en modo alguno agitación, es como refugiarse, es procurar a la savia humana una renovación de vigor por medio de su reconstrucción pacífica; es una restauración en nosotros de la vida orgánica y de la vida sagrada por medio de una tregua feliz, por la oración, por el silencio, y por el sueño”. (SERTILLANGES, A. La vida intelectual, Barcelona, Estela, 1969 p. 81) En la actualidad un motivo frecuente de desvelo es el chateo. Estudios diversos muestran que por las noches se utiliza más el teléfono, entre otras cosas por las tarifas.

Concentrarse como la lupa. En el trabajo se está pendiente de otras cosas y en casa se está pendiente del trabajo. “Que tu espíritu aprenda de la lupa, por medio de la atención convergente; que tu alma se halle tendida hacia lo que en tu interior se ha establecido en estado de idea dominante, de idea absorbente. Ordena tus trabajos con el fin de poder dedicarte a ellos por entero. Que toda tarea te ocupe a fondo, como si fuese la única. Era el secreto de Napoleón y es el de todos los grandes activos. Los mismos genios deben su grandeza a la aplicación de todas sus fuerzas sobre el punto que habían elegido de antemano”. (SERTILLANGES, A. La vida intelectual, Barcelona, Estela, 1969 p. 104)

  1. Problemas de salud.

Las nuevas tecnologías no están pensadas para utilizarlas demasiado tiempo. Las condiciones ergonómicas de los aparatos electrónicos no favorecen la salud. Han aumentado los casos de tendinitis, síndrome del túnel carpiano, y glaucoma.

Es un refugio para la inseguridad y un escudo para sumirme en mi mundo digital, descuidando el mundo interior. Ante una espera imprevista, un lugar desconocido, un grupo de gente que no conozco, lo primero que hago es sacar el teléfono móvil.

  1. Contaminación mental.

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p style=”text-align: justify;”>Cito un número de la última encíclica del Papa Francisco. “A esto se agregan las dinámicas de los medios del mundo digital que, cuando se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad. Los grandes sabios del pasado, en este contexto, correrían el riesgo de apagar su sabiduría en medio del ruido dispersivo de la información. Esto nos exige un esfuerzo para que esos medios se traduzcan en un nuevo desarrollo cultural de la humanidad y no en un deterioro de su riqueza más profunda.
La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental. Al mismo tiempo, tienden a reemplazarse las relaciones reales con los demás, con todos los desafíos que implican, por un tipo de comunicación mediada por internet. Esto permite seleccionar o eliminar las relaciones según nuestro arbitrio, y así suele generarse un nuevo tipo de emociones artificiales, que tienen que ver más con dispositivos y pantallas que con las personas y la naturaleza.

Los medios actuales permiten que nos comuniquemos y que compartamos conocimientos y afectos. Sin embargo, a veces también nos impiden tomar contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal. Por eso no debería llamar la atención que, junto con la abrumadora oferta de estos productos, se desarrolle una profunda y melancólica insatisfacción en las relaciones interpersonales, o un dañino aislamiento”. (Francisco, Laudato Si´, Editrice Vaticana, Roma 2015, No. 47.)

  1. El Ideal de la formación es:

Una cabeza amueblada (lógicamente estructurada) y un corazón enamorado. ¿Las nuevas tecnologías me ayudan a conseguirlo?

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www.eticaysociedad.org

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