Maestro y amigo

Lucho

Luis Fernández Cuervo se marchó a la casa del cielo el pasado 15 de enero. Español, chileno y salvadoreño. Más bien de corazón amplio y universal, así como sus múltiples intereses y profesiones: médico patólogo, periodista, docente universitario, escritor y consumado dibujante. Autor de varios libros sobre temas de actualidad, de poesía y novelas. Columnista de El Diario de Hoy de El Salvador por casi veinte años.

El título de su blog Alicantoymaradentro describe buena parte de su labor como escritor. Alicanto es un pájaro mitológico que detecta tesoros ocultos, la expresión mar adentro manifiesta la valentía de meterse donde el oleaje y los tiburones son frecuentes. Un deber de justicia me lleva a escribir estas líneas. Son muchas las lecciones que aprendí de “Lucho”. Él contribuyó de forma directa, aunque algo curiosa, en mi interés por escribir sobre temas de ética y actualidad.

Hace más de tres años, cuando le presenté mi primer escrito, en diciembre del 2013, me dijo claramente: “lo tuyo no es escribir, mejor no pierdas el tiempo”. Reconozco mi desconcierto y desilusión inicial. Así era Lucho, claro y directo. Pocos días después, al ver que perseveraba en enviarle algunas notas me dijo: “realmente nadie puede decirte si lo tuyo es la escritura o no. Sí eres capaz de perseverar, si tienes un “por qué” sincero y buscas aprender leyendo a los mejores, entonces, con la práctica mejorarás necesariamente”. Fue entonces que comenzó a comentar y a sugerirme correcciones a mis escritos.

Desde 1997 compartimos en varias ocasiones semanas de estudio y descanso. Aunque fue hasta en diciembre del 2013 en que comenzamos a pasar horas agradables conversando sobre escritores, literatura, sus novelas y los más diversos temas; desde el aborto, la eutanasia, hasta el ateísmo, el cambio climático o el agnosticismo. Con él descubrí el placer de conversar con alguien “enciclopédico”, que sabía de casi todo. Me llevó a perder la vergüenza y descubrir el placer de expresar las propias ideas por escrito.

Sus comentarios, a veces duros y desfavorables, me enseñaron en la práctica que la única forma válida de atreverse a escribir algo que valga la pena es mediante la sinceridad. Escribir exige el esfuerzo de buscar, de estudiar a fondo. Pensar los argumentos, indagar y formar criterio personal. No fijarse tanto en la forma como en el contenido. Me decía que “El buen escritor expone de manera clara y sencilla los conceptos más profundos. Realiza un servicio a los demás al explicar de forma accesible lo más complejo”. “Escribir comporta un gran compromiso. Si no estás dispuesto a leer y estudiar a fondo, mejor no escribas”.

En los últimos dos años intercambiábamos artículos prácticamente cada semana. Yo agradecía y aprendía. Él tenía la delicadeza de comentar siempre los míos. Casi siempre me hacía ver aspectos no considerados o me refería fuentes para ahondar en un determinado tema.

Envidié siempre su valentía para abordar de frente diversas cuestiones, incluso las más polémicas. Sin miedo a llamar las cosas por su nombre. Fue a veces un escritor “contra-corriente”, despreocupado de granjearse alabanzas. Siempre respetuoso con las personas, aunque  defendieran posturas erróneas o incluso le trataran de forma mal educada.

Cristiano de una pieza y persona admirable en muchos aspectos. Me enseñó la importancia de buscar la verdad. Comprometerse con ella. Dejarse deslumbrar. Ahondar mediante el estudio y la reflexión. Dialogar con todos, especialmente con los “extraños” que contrastan sus opiniones con las nuestras. Aportar al bien común después de haberse formado un criterio propio.

Reproduzco íntegro su último artículo del 18 de octubre del 2015. Mis oraciones para él, aunque seguramente ya estará en el cielo. Su partida me hace constatar una vez más la verdad de estas palabras de Cicerón: “Nada vale tanto como un fiel amigo; su precio es incalculable”.

DICIENDO ADIÓS A MIS LECTORES.

 Creo que ha llegado la hora de este decir adiós. Vengo publicando artículos de opinión en El Diario de Hoy desde 1997. El primero fue Clonación, Transgénesis y otras lindezas” sobre la expectación mundial de un animal vivo obtenido por clonación: la famosa oveja Dolly. Después seguí, como colaborador ocasional, sobre temas de más profundidad como: “La materia… ¿es material?” y “Dios se asoma en el universo”. Todavía en 1999 mis artículos se publicaban algunos sábados y con cierta irregularidad. Desde el 2000 pasaron a publicarse todos los lunes y por la amabilidad de don Fabricio Altamirano, ya como columnista en día y sitio fijo. Al mirar lo escrito desde entonces hasta hoy me sorprende la enorme cantidad de artículos salidos de mis manos. Y debo sorprenderme no tanto de la inmensa cantidad de artículos sino de haber podido tratar en ellos todos los principales temas de actualidad mundial, sin eludir los difíciles y controvertidos y ver la estupenda acogida de un creciente número de lectores que respondían muy positivamente, que me felicitaban por hablar con claridad y exponer el fundamento seguro de mis ideas y noticias. He tenido lectores no solo del país sino también de Estados Unidos, Canadá, Australia, Suecia, Guatemala, España y Chile. Muchos de mis lectores coleccionan los artículos. Muchos me piden que publique un libro con ellos.  Y voy a hacerles caso.

Ya publiqué en Amazon “Cuatro Cuestiones Fundamentales, Universo, Vida, Hombre, Dios” y espero publicar pronto “La Cultura de la Vida” al cual seguirán, si Dios quiere, otros que ya tengo terminados.

Creo que la ética del periodista se basa  en informar, aunque sea con peligro de su vida, de lo que es verdad, aunque sean verdades incómodas para ciertos turbios intereses políticos y/o económicos. Y dentro de esa labor de veracidad está también el denunciar todo lo que es intoxicación informativa.

Yo he trabajado siguiendo esos principios y lo hice siempre dando la cara, manteniendo al pie de cada artículo mi dirección de correos y contestando a todos los que me escribían, incluso a los insultantes.

Hay columnistas que no son periodistas, y se les nota; escriben de temas que ni tienen punch, ni molestan a nadie y algunos, encima, no dan su dirección de correos. Ese tipo de periodismo no intoxica pero tampoco informa y no despierta la conciencia moral hoy adormecida en la inmensa gente masificada. Allá ellos.

Siempre supe que decir verdades se agradece por las personas con conciencia limpia, con ansia de saber realmente que es lo que pasa, encontrar quien les muestre la verdad sobre la educación moral, sobre la sexualidad, sobre como el desarrollo económico requiere aumentar la población, y no disminuirla, como una sociedad sana, pujante, tiene que estar basada en un porcentaje muy alto de familias constituidas por matrimonios estables con abundancia de hijos educados en el amor y en los principios morales eternos, hogares de donde es difícil que alguno de esos hijos se haga delincuente juvenil. Por mostrar estas importantes verdades sobre la familia recibí un premio de los mormones, como hombre del año. Y ahora veo, con alegría, que el Papa Francisco  me muestra que lo que yo publiqué sobre la familia está de acuerdo con la doctrina de la Iglesia Católica.

         BenedictoXVI dijo que el peor mal de esta época es el odio o desprecio de la verdad. Decir verdades acarrea odios por todos los que trabajan en esclavizar el cerebro de la gente, esos de la Cultura de la Muerte, empresa imperialista, racista, y antinatalista cuya última y poderosa rama es la Mafia del Cambio Climático y su falso dogma de que el CO2 de origen humano es el que aumenta la temperatura de la Tierra.

         Poco me queda por añadir. Agradecer a El Diario de Hoy  y especialmente a don Luis Fuentes y don Godofredo Rodríguez Montenegro, la libertad que me dieron para expresar mis ideas incluso cuando no coincidiesen con las del  Diario.

Luis Fernández Cuervo

Tegucigalpa, 20 de febrero de 2016

Juan Carlos Oyuela

www.eticaysociedad.org

@jcoyuela

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