La trampa de la opinión pública en el abuso de menores

abuso

La pederastia es una realidad dolorosa y compleja que no tiene justificación desde ningún punto de vista. Esta semana, saltó de nuevo a la opinión pública debido al Oscar ganado por Spotlight como  mejor película.

Por doloroso y difícil que resulte, es interesante no evitar la reflexión sobre este tema. Más que el morbo de ventilar escándalos, el interés de los medios de comunicación debiera ser evitar que se repitan. Cuidar y educar a nuestros niños. Este debería ser el interés general. Por los datos que deseo compartir pareciera que esto es lo que menos interesa a la opinión pública. Buscar culpables, atacar, denigrar -incluso a inocentes sin el lógico derecho de defensa- pareciera que es el saldo dejado por algunas investigaciones.

En la gran mayoría de las ocasiones se ha puesto en el centro de atención a la Iglesia Católica, institución  también herida en algunos de sus miembros por esta terrible  enfermedad. Digo “también” porque como veremos, no es ni por mucho, la institución en la que más se presentan hechos dolorosos de esta clase.

Un solo caso de pederastia es intolerable. Además, tratándose de sacerdotes católicos, ordenados para servir a los demás, es un acto que no admite disculpa y clama al cielo como han mencionado repetidamente los últimos Papas. Especialmente doloroso porque la doctrina de Jesucristo en estos temas es sumamente clara. En el mundo actual “supersexualizado”, me atrevería a decir que la Iglesia Católica es prácticamente la única institución que habla claro y fuerte en el respeto al auténtico amor humano.

Sin embargo, no podemos tapar el sol con un dedo. Los casos reales de sacerdotes que cometieron actos criminales existen. También los de obispos que no procedieron con prontitud y prudencia. Los años sesentas y setentas, después del Concilio Vaticano II, fueron de mucha confusión en el mundo entero en materias de sexualidad. Incluso dentro de la misma Iglesia Católica. Algunos seudoteólogos sembraron la confusión haciéndose eco de la llamada “revolución sexual” que parecía impregnarlo todo. En Estados Unidos y algunos países de Europa, curiosamente en los países donde han salido los casos de pederastía más sonados, muchos sacerdotes colgaron la sotana o continuaron dentro de la Iglesia pero dedicados a “otras ocupaciones” accesorias y no centrales de su dedicación a Dios y a los demás.

Algunos recordarán cómo estos sembradores de confusión, apartándose del Magisterio del Papa Pablo VI, incluso intentando dar lecciones de “modernidad”, se atrevieron a decir que las enseñanzas de la Iglesia en materia de sexualidad eran anticuadas. Tristemente no es nueva en la vida del hombre la arrogancia de intentar llevar una vida como si Dios no existiera. Cuando se deja apagar el amor, ya sea en el sacerdocio o en la vida matrimonial, las consecuencias son funestas. Se pierde claridad en la conciencia y luego, desaparece la limpieza de vida. En este lamentable estado, se difumina la alegría de la entrega y luego lo que sigue es dejarse arrastrar por las pasiones más bajas. En estas circunstancias, sin Dios y sin amor, la conciencia se deforma a tal grado que se llama normalidad a lo que sencillamente es aberración.

Veamos algunos datos. En el caso de Estados Unidos en donde las estadísticas y los estudios son más confiables, en el 2003 y 2004 se realizó el famoso Informe John Jay. Esta investigación fue hecha por el College of criminal justice (de justicia criminal) de la universidad de Nueva York. El Instituto más autorizado y famoso en cuestiones de criminología de Estados Unidos. En Internet se puede encontrar dicho estudio: The nature and scope of sexual abuse of minors by catholic priests and deacons in Unites States (Naturaleza y alcance del abuso de menores por sacerdotes y diáconos en Estados unidos).

Este informe abarca desde los años 1950 a 2002. Resumiendo en pocas palabras, menciona que de los 109,000 sacerdotes que vivieron en Estados Unidos en esos años fueron condenados en total 352. Aplicando un simple cálculo se ve que  representa el 0.52%. Con este resultado no se intenta justificar nada. Sencillamente es llamativo el contraste con los 62,000 autores de abusos de menores aparecido en el informe nacional en Estados Unidos en el período de un año, el 2008.

Las intervenciones de los últimos Papas han sido claras. Cero tolerancias con los agresores. En todos los casos de abuso sexual de menores las Conferencias episcopales de los distintos países han pedido públicamente perdón a las víctimas y en muchos casos se les han pagado sumas millonarias para indemnizarlas. También se han preocupado de ayudarlas sicológica y espiritualmente. Además, el Papa ha enviado a los distintos países visitadores apostólicos para hacer la reforma correspondiente en los Seminarios, evaluar la situación concreta y ver las soluciones más convenientes. En muchos casos se ha pedido la renuncia de los obispos implicados en encubrimientos. Se ha dispuesto el tratamiento sicológico y espiritual de los sacerdotes implicados y se los ha separado del ministerio sacerdotal. Se han dado normas concretas para que puedan ser denunciados los casos pendientes. Incluso, en algunos países como Holanda y Alemania, se han establecido teléfonos de línea abierta para recibir llamadas de los afectados y poder así ayudarlos cuanto antes.

Los que apuntan con el dedo a la Iglesia Católica, ¿tendrán en mente también a los otros miles de víctimas, niños inocentes, sobre los que pareciera que nadie dice ni hace nada? Debiera preocuparnos, porque como indican los estudios, el tiempo no resuelve nada sino todo lo contrario. Por otra parte, son alarmantes los datos a nivel mundial del tráfico de prostitución infantil, el turismo sexual con menores, la esclavitud sexual y pornografía infantil (impresa y en internet). ¿Por qué no publicar estos problemas para ser más conscientes de ellos y darles solución? Según datos de la OMS del 2006 doscientos veintitrés millones de niños son explotados sexualmente en el mundo.

Aunque, tristemente, las estadísticas indican que en dos tercios de los casos que se denuncian tienen como agresor a un miembro cercano de la familia. Es sin duda ella la primera protagonista de impartir una adecuada educación sexual a los hijos. También es necesario inculcar valores que fomenten la unidad familiar, la fidelidad y la castidad.

Los estudios sobre abusos de parte de sacerdotes ayudaron a que la Iglesia Católica pusiera en práctica muchas medidas. Tantas que un medio de comunicación norteamericano indicaba que actualmente es la institución que brinda más medidas de seguridad en este tema. Ojalá los medios de comunicación, a veces más empeñados en atacarla gratuitamente, no nos hagan desviar la atención de donde los problemas todavía continúan de forma alarmante.

Tegucigalpa, 6 de marzo de 2016

Juan Carlos Oyuela

www.eticaysociedad.org

@jcoyuela

Pueden consultarse los siguientes documentos y sitios web:

La Iglesia Católica y el abuso sexual de menores. P. Ángel Peña O.A.R.

Child Abuse. Causes and Possible Solutions. José María Pardo

Pedophile Priests, Philip Jenkins 

Abuso de menores. La respuesta de la Iglesia

La historia que Spotlight no cuenta

    

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