Ahogar la violencia con el bien

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De forma casi natural procuro escapar de las personas violentas. No porque las rechace sino debido a que sencillamente el tiempo siempre demuestra que sus enfados y rabietas son estériles. Pasada la tormenta, solo quedan en la memoria los vidrios rotos, las llamas y las irreparables perdidas humanas. La violencia en todas sus formas es inútil, descalifica a las personas, las aísla y las deja en el olvido y, si es que las tenían, también a las ideas que pensaban defender.

Las llamadas a la violencia de parte de algunos en los últimos días me llevó a pensar en la forma en que muchos estadistas a lo largo de la historia han conducido a superarla. En ningún caso se aplacó fuego con fuego o injusticia con irrespeto. 

El problema social que atraviesa Honduras no es exclusivamente de los políticos, los acontecimientos recientes hacen concluir que hace falta una nueva forma hacer política. Un nuevo estilo que deje de lado la  tradicional división de vencedores y vencidos, de derecha o izquierda, de los de arriba y los de abajo.

La situación actual de nuestro país requiere una nueva manera creativa de plantear las cosas. Basada en la escucha atenta y comprensiva de todos. Una nueva forma inclusiva que genere confianza y en la que todos los hondureños -no solamente unos pocos- salgamos ganando.

Este mismo reto han tenido que enfrentar muchas sociedades en todo el mundo a lo largo de la historia. Gandhi en la India, Vaclav Havel en la República Checa o Nelson Mandela en Sud África. Este último, es un ejemplo claro de superación del odio por una cultura nueva de concordia y entendimiento. Mandela en su momento sabe reconocer sus sentimientos negativos y descubre que dejarse llevar por ellos conduce al abismo: “Nuestro corazón decía que la minoría blanca era el enemigo, que no había que hablar con ellos, pero nuestro cerebro decía que, si no hablábamos con ellos, nuestro país ardería en llamas y durante muchos años estaría cubierto por ríos de sangre. Así que tuvimos que reconciliar ese conflicto, y nuestra conversación con el enemigo fue el resultado del dominio del cerebro sobre la emoción”.

La violencia es originada por la irracionalidad y por el egoísmo. Es el dominio del más fuerte, por encima del respeto de la ley. Es dejar de lado los argumentos para intentar imponerse cayendo en la vorágine de los sentimientos del rechazo y venganza.

La solución al problema actual de Honduras no está solamente en los políticos. Está en toda una sociedad cuando sabe juzgar en qué líderes poner sus ojos y a cuáles dejar de lado, sencillamente porque no están a la altura de las circunstancias.

Solamente alcanzaremos la paz cuando apelemos a lo mejor de nosotros mismos y de los demás. Cuando sepamos encontrar la fortaleza de carácter para no devolver mal por mal. Cuando sepamos superar nuestros intereses personales y los pongamos al servicio del bien común. Hace falta una nueva generación que deje de lado la indiferencia y se implique en ver los problemas actuales como oportunidades para crecer y mejorar.

La solución está en cultivar en nosotros la auténtica paz que nace del dominio sobre todo lo que nos aparta de Dios y de los demás. La paz surge cuando superamos el mal con abundancia de bien, cuando nos implicamos en el respeto y amor hacia todos. Especialmente por los más necesitados. Cuando no instrumentalizamos las necesidades de una sociedad herida por la discordia para sacar provecho personal a toda costa. Cuando en último término, sabemos disculpar los errores ajenos, tendiendo la valentía para descubrir que nosotros también estamos necesitamos de perdón y comprensión.

 

Juan Carlos Oyuela

 

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