Juan Carlos Oyuela

Cómo Educar Bien A Los Adolescentes

No hay duda, la adolescencia es una etapa crucial en el proceso de maduración personal. En este tiempo, junto con los cambios físicos, psicológicos y morales aparece el deseo de independencia, natural en los jóvenes. Para los padres y educadores de todos los tiempos la relación con sus hijos en estas edades siempre significa un verdadero reto, especialmente en la actualidad, época en la cual la autoridad sufre una importante crisis. Además, crece la influencia de otros actores como los amigos, las redes sociales, la música y las series de televisión que pueden presentar un cambio de valores a los vividos hasta el momento en el ambiente familiar.
En esta semana, con ocasión de varias conversaciones con mis estudiantes, vinieron a mi memoria unas palabras dirigidas por el papa san Juan Pablo II a los jóvenes en 1985, les prevenía de «la tentación del criticismo exasperado que pretende discutir todo y revisar todo; o del escepticismo respecto de los valores tradicionales de donde fácilmente se puede desembocar en una especie de cinismo desaprensivo cuando se trata de afrontar los problemas del trabajo, de la carrera o del mismo matrimonio. Y ¿cómo callar ante la tentación que representa el difundirse –sobre todo en los países más prósperos– de un mercado de la diversión que aparta de un compromiso serio en la vida y educa a la pasividad, al egoísmo y al aislamiento? Os amenaza, amadísimos jóvenes, el mal uso de las técnicas publicitarias, que estimula la inclinación natural a eludir el esfuerzo, prometiendo la satisfacción inmediata de todo deseo, mientras que el consumismo, unido a ellas, sugiere que el hombre busque realizarse a sí mismo sobre todo en el disfrute de los bienes materiales. ¡Cuántos jóvenes, conquistados por la fascinación de engañosos espejismos se abandonan a las fuerzas incontroladas de los instintos o se aventuran por caminos aparentemente ricos en promesas, pero en realidad privados de perspectivas auténticamente humanas!».
La adolescencia es la época de las rebeldías. Los padres deben contar con esto, estar prevenidos y acompañar de cerca a sus hijos. Es lógico que ellos vayan aprendiendo a tomar sus propias decisiones, y los adultos deben saber respetar su espacio personal para facilitarles el ejercicio de su propia libertad.
Es necesario estar atentos, propiciar el clima de amor y confianza, necesarios para una educación auténtica. Es importante no exagerar los desatinos propios de la edad y saber comprenderles. Ser pacientes es de suma importancia para esperar el mejor momento de hacer una corrección cuando sea necesario.
En cualquier caso, es imprescindible estar cerca de ellos y tomar la iniciativa para suscitar conversaciones, en el momento adecuado. Hacerles razonar sobre posibles decisiones, algunas correctas y otras no. Al fin y al cabo, aunque a veces no lo parezca, los jóvenes están esperando de sus educadores la orientación, la firmeza y el buen ejemplo. Nosotros también fuimos adolescentes y seguramente recordaremos a los que con su actitud de apertura y disponibilidad nos ayudaron a sortear las dificultades propias de la edad.

La confianza en Dios

El ritual de los indios Cherokee es una historia que encontré en el sitio Tengo sed de tí. Esta hermosa historia, me sirvió, entre otras cosas, para caer más en la cuenta de que independientemente de nuestra actitud ante Dios, lo queramos o no, contamos con el tesoro de su mirada vigilante y amorosa.
Saberse mirado y amado por nuestro Padre del cielo añade a nuestra vida una confianza y serenidad inquebrantables. Ante cualquier situación o dificultad, bastará con fomentar la fe en su amor misericordioso para recuperar la paz, actitud imprescindible para no agrandar los problemas y salir de ellos. Cuántas veces, con la mejor de las intenciones, dejamos que el atolondramiento y la desesperación nos hagan perder el rumbo.
El que confía en su Padre-Dios no hace drama de las contrariedades. Las ve como una ocasión de ahondar en la fe, buscar la ayuda del cielo y las convierte en acicate para crecer en virtudes como la alegría, la paciencia y la fortaleza.

Los indios Cherokee tienen un ritual muy especial que marca el paso a la vida adulta. Cuando el niño empieza su adolescencia, su padre lo lleva al bosque, le venda los ojos y se va, dejándolo solo.
El joven tiene la obligación de sentarse en un tronco toda la noche, no puede quitarse la venda de los ojos hasta que los rayos del sol brillan de nuevo al amanecer. No puede pedir auxilio a nadie. Si consigue sobrevivir esa noche, ya es un hombre. Esta es una experiencia personal y el joven tiene prohibido comentar o platicar de su vivencia con los demás jóvenes.
Durante la noche, como es natural, el joven está aterrorizado. Puede oír toda clase de ruidos: bestias salvajes que rondan a su alrededor, lobos que aúllan… o quizás, hasta algún humano que puede hacerle daño. Escucha el viento soplar y la hierba crujir, pero debe permanecer sentado estoicamente en el tronco, sin quitarse la venda. Pasar esta prueba es la única manera en que puede llegar a ser un hombre ante los ancianos de su tribu.
Finalmente, después de esa horrible noche, aparece el sol y el niño se quita la venda… es entonces cuando descubre a su padre sentado junto a él. Entonces descubre que no se ha separado de su lado ni siquiera un instante, velando durante la noche en silencio, listo para proteger a su hijo de cualquier peligro.
¿Sabes algo? De esa misma forma, nosotros tampoco estamos solos. Aún cuando no podamos verlo, en medio de las oscuridades de la vida, nuestro Padre Celestial está a nuestro lado, velando por nosotros, cuidándonos y protegiéndonos de los peligros que nos asechan. Por eso, cuando vengan los problemas y las sombras nos envuelvan, lo único que tenemos que hacer es confiar en Él, con la seguridad de que algún día vendrá el amanecer, nos quitaremos la venda y lo veremos cara a cara tal cual es.

Arréglate tú mismo

Nunca lo había encontrado mejor dicho. El precio a pagar por nuestra libertad es asumir la responsabilidad de nuestros actos. Es la mejor forma de ser mejores y de cargar menos en los demás la culpa de nuestros desaciertos. Sin embargo, pocos queremos asumir las consecuencias de nuestras decisiones; a veces buenas pero en ocasiones  equivocadas.
En este vídeo, Jordan Peterson da una clase magistral sobre estas ideas. Me gusta este autor porque no tiene miedo a hablar con claridad. Aunque recomiendo, para asimilar bien estas profundas reflexiones, tomarlas con una sonrisa.

Culpar a otros por tus problemas es una completa pérdida de tiempo.
Cuando haces eso, no aprendes nada.
No puedes crecer y no puedes madurar.
Por lo tanto, no puedes mejorar tu vida.
En mis tres décadas como profesor y psicólogo clínico, he aprendido que hay dos actitudes fundamentales que uno puede tomar hacia la vida y sus dolores.
Aquellos con la primera actitud culpan al mundo.
Aquellos con la segunda, se preguntan que podrían hacer diferente.
Imagina una pareja al borde del divorcio.
Están heridos y enojados.
El esposo infeliz y amargo recuerda las cosas terribles que su esposa ha hecho, y las razones por las cuales no puede vivir mas con ella.
La esposa agobiada y desilusionada, por su parte, puede describir todas las formas en que su esposo la decepcionó.
Cada uno tiene una larga lista de cambios necesarios -para la otra persona.
Sus posibilidades de reconciliación son pocas.
¿Por qué? Porque otra gente no es el problema.
TÚ eres el problema.
No puedes cambiar a otra gente, pero te puedes cambiar a ti mismo.
Pero es difícil. Requiere coraje y disciplina cambiar.
Es mucho más fácil -y mucho más gratificante a tus deseos más básicos culpar a alguien más por tu miseria.
Considera el activista joven, haciendo una protesta contra el “corrupto” sistema capitalista destrozando ventanas de negocios locales.
¿Qué ha hecho, además de causar daño a gente que no tiene nada que ver con sus problemas reales?
La culpa, la duda y la vergüenza que él inevitablemente sentirá en consecuencia tendrán que ser suprimidos para que su ideología siga sin cambios.
Y esa supresión no hará más que aumentar su enojo y alejamiento. En la obra “The Cocktail Party” del poeta Inglés T.S. Eliot a uno de los personajes le esta yendo muy mal.
Le habla de su profunda infelicidad a su psiquiatra.
Le dice que espera que su sufrimiento sea solo su propia culpa.
Sorprendido, el psiquiatra le pregunta por qué.
Porque -ella dice- “si todo es MI culpa, entonces puedo hacer algo al respecto”.
Y si todo es culpa de la naturaleza del mundo, entonces esta condenada. No puede cambiar todo lo demás.
Pero se puede cambiar a sí misma.
Ahora, hay gente que parece consignada a un terrible destino. Pero no la gran mayoría de nosotros.
La mayoría de nosotros tenemos oportunidad de mejorar nuestra vida.
Pero ¿cómo?
Empieza pequeño.
Pregúntate lo siguiente: ¿Has aprovechado plenamente las oportunidades que has tenido?
¿Estás trabajando a tu máxima capacidad en la escuela o el trabajo?
En otras palabras, ¿has puesto tu casa en orden?
Si la respuesta es no, intenta esto: deja de hacer lo que sabes que esta mal.
Comienza hoy.
No desperdicies tiempo preguntándote como saber si lo que estas haciendo esta mal. Preguntas inoportunas pueden confundir sin iluminar, y desviarte de tu camino.
Tú puedes saber si algo es bueno o malo sin saber por qué.
Comienza prestando atención: ¿Procrastinas? ¿Llegas tarde? ¿Gastas dinero que no tienes?
¿Bebes mas de lo que deberías?
No se trata de aceptar una moralidad externa.
Es un diálogo con tu propia consciencia.
¿Que estás haciendo que está mal, desde tu propia perspectiva? ¿Qué podrías arreglar ahora mismo?
Ponte a trabajar a tiempo. Deja de interrumpir a la gente.
Haz paz con tus hermanos y padres.
Utiliza responsablemente todo lo que tienes a mano.
Si haces eso, tu vida mejorará.
Te harás productivo, pacífico y mas deseable.
Luego de algunos días, semanas o meses de esfuerzo, tu mente estará clara.
Tu vida será menos trágica, y tendrás mas confianza.
Empezarás a distinguir el bien del mal más claramente.
El camino en frente tuyo brillará más. Dejarás de meterte en tu propio camino.
En vez de causarte problemas a ti mismo, a tu familia, y tu sociedad, serás una fuerza positiva y segura.
Tu vida seguirá siendo difícil. Seguirás sufriendo.
Ese es el precio de estar vivo.
Pero quizás serás lo suficientemente fuerte para aceptar esa carga, y de esa manera incluso llegar a actuar noblemente y con propósito.
La mejor manera de arreglar el mundo no es arreglar el mundo. No hay razón para asumir que puedes lograrlo solo.
Pero puedes arreglarte a ti mismo. No herirás a nadie haciéndolo. Y de esa forma, al menos, harás del mundo un mejor lugar.
Soy Jordan Peterson, profesor de psicología clínica en la Universidad de Toronto, para Prager University.
Gracias por mirar este vídeo.

La sociedad del rendimiento y el perfeccionismo

«¿podría hablarme de sus defectos?». Es una de esas preguntas en las entrevistas de trabajo para las que todos nos hemos preparado alguna vez. En la mayoría de los casos se recurre a alguna referencia políticamente correcta que dice algo sin decir nada. Una respuesta que comprometa lo menos posible y que al mismo tiempo refleje un supuesto aspecto positivo.
Además de las consabidas respuestas, alguna vez escuché: «mi problema es que soy perfeccionista. Tiendo a incomodar a los demás por mi exigencia desmedida». La sociedad del rendimiento en la que estamos, nos lleva a pensar que el perfeccionismo es un rasgo positivo e incluso deseable. En realidad se trata de una deformación que lejos de producir personas felices provoca una permanente insatisfacción y agotamiento.
Byun-Chul Han en su libro «la sociedad del cansancio» nos advierte «El sujeto de rendimiento está libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o incluso lo explote»; sin embargo «la supresión de un dominio externo no conduce hacia la libertad», sino que uno mismo se abandona «a la libre obligación de maximizar el rendimiento. El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo explotado».
El texto hace referencia a la hiper-responsabilidad, característica común de los perfeccionistas. Rasgo inofensivo, pero que si no se está atento, sería en cambio una señal de autoreferencialidad y de egoísmo. Detrás del cumplimiento acabado del deber, a veces, se esconden deseos de autoexaltación.
Buscar rendir al máximo en todo momento es colocarse en una carrera frenética que sitúa en «una tendencia de que ahora no solo el cuerpo, sino el ser humano en su conjunto se convierta en una «máquina de rendimiento», cuyo objetivo consiste en el funcionamiento sin alteraciones y en la maximización del rendimiento. (…) El reverso de este proceso estriba en que produce un cansancio y agotamiento excesivos. (…) el exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma».
Además de que es imposible no cometer errores, porque somos seres humanos, el temor al error nos impone una excesiva carga emocional que impide actuar con libertad. Sin libertad, es imposible estar a gusto. Se pierde con facilidad el sentido de las cosas. No es extraño que, en esta óptica de la vida, se maltrate a las personas, ya que lo importante son los resultados a toda costa.
Ben-Shahar Tal, en su libro «La búsqueda de la felicidad» menciona que «El antídoto al perfeccionismo es la aceptación de la realidad. Cuando no aceptamos el fracaso, estamos evitando las dificultades y el esfuerzo, y nos privamos de la oportunidad de aprender y madurar».
El camino es reconocer que somos personas limitadas, pero al mismo tiempo con una gran dignidad. Que valemos, y los demás también, no por lo que hacemos o por los éxitos alcanzados. En esta línea, sabernos y sentirnos hijos de Dios es el inicio del camino a la auténtica libertad interior.
Wenceslao Vial en su libro «Ser quien eres» menciona: “Luchamos por amor a nuestro Padre Dios, es en Él en quien tenemos fija la mirada y no en nosotros mismos. Conviene, por tanto, desechar la tendencia al perfeccionismo, que quizá podría surgir si planteáramos erróneamente nuestra lucha interior según unos criterios de eficacia, la precisión, el rendimiento…, muy en boga en algunos contextos profesionales, pero que desdibujan la vida”. Al final, el secreto es no olvidar que estamos hechos para amar, a Dios en primer lugar y a las personas que nos rodean. Todo lo demás únicamente es medio para esto.

Vuela como las águilas

Hacía tiempo escuché esta historia. La memoria me hacía dudar sobre algunos detalles. La versión más completa la encontré en Comparto con ustedes esta anécdota sobre cómo hacer las cosas de corazón, y cumplir. La primera pregunta que me lleva a hacerme es: ¿Tengo una misión clara y definida en mi vida?

Wally el taxista es una muestra de cómo plantearnos hacer nuestro trabajo con dedicación y excelencia. Lo que está hecho de la mejor manera nos mejora, deja una huella. Y al mismo tiempo es una preparación para ir creciendo en la calidad de nuestras labores futuras.

Él estaba haciendo fila para ir al aeropuerto, cuando un taxista se le acercó. Lo primero que Harvey notó fue que el taxi estaba limpio y brillante. El chofer muy bien vestido, con una camisa blanca, corbata negra y pantalones negros muy bien planchados, salió del auto, dio la vuelta y le abrió la puerta trasera del taxi a Harvey. Le alcanzó un cartón plastificado y le dijo: “Yo soy Wally, su chofer. Mientras pongo su maleta en el portaequipaje, me gustaría que lea mi misión”.
Después de sentarse, Harvey leyó la tarjeta: Misión de Wally: “Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera más rápida, segura y económica posibles, brindándole un ambiente amigable.”
Mi amigo Harvey quedó impactado. Especialmente cuando se dio cuenta que el interior del taxi estaba igual que el exterior, limpio, sin una mancha! Mientras se acomodaba detrás del volante, Wally le dijo: “¿La gustaría un café? Tengo unos termos con café regular y descafeinado”. Mi amigo, bromeando, le dijo: “No, preferiría un refresco”. Wally sonrió y dijo: “No hay problema, tengo un conservador con coca cola regular y dietética, agua y jugo de naranja”. Casi tartamudeando, Harvey le dijo: “Tomaré la coca cola dietética”. Pasándole la bebida, Wally le dijo: “Si desea usted algo para leer, tengo el Wall Street Journal, Time, Sport Illustrated y USA Today.”
Al comenzar el viaje, Wally le pasó a mi amigo otro cartón plastificado diciéndole: “Estas son las estaciones de radio que tengo y la lista de canciones que tocan, si quiere escuchar la radio”. Y como si esto no fuera demasiado, Wally le dijo a Harvey que tenía el aire acondicionado prendido y preguntó si la temperatura estaba bien para él. Luego le avisó cuál sería la mejor ruta a su destino a esa hora del día. También le hizo conocer que estaría contento de conversar con él, o si Harvey prefería, lo dejaría solo en sus meditaciones.
“Dime Wally -le preguntó mi asombrado amigo-, ¿siempre has atendido a tus clientes así?” Wally sonrió a través del espejo retrovisor y dijo: “No, no siempre. De hecho solamente los últimos dos años. Mis primeros cinco años manejando los gasté la mayor parte del tiempo quejándome, igual que el resto de los taxistas. Un día escuché en la radio acerca de Wayne Dyer, un “gurú” del desarrollo personal. El acababa de escribir un libro llamado “Tú lo obtendrás cuando creas en ello”. Dyer decía que si tú te levantas en la mañana esperando tener un mal día, seguro lo tendrás, muy rara vez te frustrarás. Él decía: “Para de quejarte, sé diferente de tu competencia. No seas un pato. Sé un águila, para alcanzar la cima”. Esto me llegó a mí en medio de los ojos -dijo Wally. Dyer estaba realmente hablando de mí. Yo estaba todo el tiempo haciendo bulla y quejándome. Entonces decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Miré alrededor a los otros taxis y sus choferes. los taxis estaban sucios, los choferes no eran amigables y los clientes no estaban contentos. Entonces decidí hacer algunos cambios. Uno a la vez. Cuando mis clientes respondieron bien, hice más cambios”.
“Parece que los cambios se han pagado” -le dijo Harvey.
“Sí, seguro que sí -le dijo Wally-. Mi primer año de águila, dupliqué mis ingresos con respecto al año anterior. Este año posiblemente lo cuadriplique. Usted tuvo suerte de tomar mi taxi hoy. Usualmente ya no estoy en la parada de taxis. Mis clientes hacen reserva a través de mi celular o dejan mensajes en mi contestadota. Si yo no puedo servirles, consigo un amigo taxista confiable para que haga el servicio”. Wally era fenomenal. Estaba haciendo el servicio de una limusina en un taxi normal.
Posiblemente haya contado esta historia a más de cincuenta taxistas, y solamente dos tomaron la idea y la desarrollaron. Cuando voy a sus ciudades, los llamo a ellos. El resto de los taxistas hacen bulla como los patos y me cuentan todas las razones por la que no pueden hacer nada de lo que les sugería.
Wally, el taxista, tomó una diferente alternativa. El decidió dejar de hacer bulla como los patos, y volar por encimadle grupo, como las águilas. Los patos hacen bulla. Las águilas vuelan alto.

Que diferente es la vida planteada para vivirla como las águilas a contentarse con ir tirando y dejarse llevar por la rutina. La diferencia está en hacer cada trabajo por amor, cuidando los detalles con heroísmo.

Prevenir la pornografía en los niños

Me encontré con un artículo interesante en el que Kristen Jenson, madre de familia, junto a la doctora Gail Poyner, psicoterapeuta experta en adicciones, apoyándose en el trabajo de psicólogos, neuropsiquiatras y pedagogos, mencionan cómo escribieron el libro «Imágenes buenas, imágenes malas» (Glen Cove Press). El propósito del libro es ayudar a niños de entre 6 y 10 años –y a sus padres– a combatir la pornografía de forma eficaz.
«el cerebro infantil es más vulnerable al porno porque está diseñado para imitar lo que ve, cuenta con menor control” y además el porno «altera las vías neuronales, desencadena una adicción que a menudo es más difícil de superar que la drogodependencia», y pueden llegar a «actitudes sexuales insalubres» que condicionan las relaciones humanas.
No sólo es necesario controlar los dispositivos y los filtros sino que es necesario que los propios niños tengan también sus propios filtros. Aunque dicen los autores que «los filtros de internet son importantes, pero no bastan. Cuando se trata de niños y pornografía, la ignorancia es riesgo».
El libro traza con sencillez los mecanismos del cerebro, y da estrategias, especialmente, el plan PUEDO, que es el acrónimo de cinco pasos para que los niños establezcan «sus propios filtros internos».
La «P» es de «Parar de mirar»: Bastan pocos segundos para que una imagen pornográfica se fije en la memoria y despierte el deseo de consumir más. Jenson y Poyner recomiendan cerrar o apagar el dispositivo sin mirar la pantalla.
La «U» es de «Un adulto de confianza»: Mantener la pornografía en secreto nunca es buena idea. La imagen mala puede molestar más si no se lo cuento a nadie. Un adulto de confianza tiene que saberlo siempre.
La «E» es de «Etiquetar lo visto»: Si se topan con porno, recomiendan: «Dilo en voz baja: ‘¡Eso es pornografía!’. Ponerle nombre ayuda a mi cerebro a saber lo que es, y a rechazarlo».
La «D» es de «Distraerme con otra cosa»: Si me molesta una imagen –explican– puedo distraerme con otra cosa positiva, interesante, o que implique esfuerzo físico. Así se distrae la atención y, al tomar esa decisión, “fortalece” la parte del cerebro que regula el autocontrol, la voluntad y la distinción entre el bien y el mal.
La «O» es de «Ordenar al ‘cerebro de pensar’ que mande»: Apoyado en un amplio conocimiento en la neurociencia, el libro mencionado usa el símil de los dos cerebros: el de sentir y el de pensar. Una forma de ordenar a mi cerebro de pensar que se ponga al mando es que se comunique con mi cerebro de sentir: ‘Cerebro de sentir, puede que sientas curiosidad por ver más imágenes malas, pero elijo usar mi cerebro de pensar para permanecer libre’”. Mi cerebro de pensar “me ayuda a tomar decisiones inteligentes” y “si lo ejercito puedo hacerlo más fuerte”.

El mandamiento nuevo… en educación

 

Ninguno que quiera dedicarse a la enseñanza debe olvidarse de su primera responsabilidad; estar constantemente aprendiendo y llenándose de aquello que quiera dar a otros. Para enseñar, más que hablar, se trata de escuchar mucho y aprender de todo. La transmisión de la fe, o de cualquier otra virtud, se realiza siempre por desbordamiento, por rebalse… solamente se da lo que se tiene. Y esto no a un nivel aceptable, sino que casi siempre de forma ejemplar y eximia. No basta vivir de las rentas pasadas, sino que ha de ser un empeño mantenido con constancia, a diario.

En mi experiencia docente me encuentro cada vez con más adolescentes a los que se les dificulta aceptar algunas enseñanzas de la Iglesia. El testimonio, que encontré en el excelente artículo El ateísmo juvenil y la educación cristiana me dejó pensando…

Yo creo que no se trata tanto de si crees en Dios o no, sino más bien de cómo lo haces. Fui a un colegio católico y hasta 3º de la ESO [educación secundaria] iba a misa todos los domingos; hasta llegué a recibir la confirmación. Ahora me considero atea; esta postura tiene muchísimas más causas de las que podría escribir aquí. En la universidad es un tema que sale en las conversaciones con mis compañeros cristianos. Mi amiga Ainhoa, por ejemplo, me comentó que ella es creyente, pero que no va a la iglesia porque vive su fe de otra manera más personal en su intimidad; describe su relación con Dios como más “privada” que la de otros que sí van a misa.
En ningún momento quiero decir qué está bien y qué está mal, pero uno de los motivos de mi deserción fue la incoherencia que veía. Se predicaba el amor, el respeto y la tolerancia, y yo no los veía en las personas que repetían ese discurso. Veía a veces malas caras e insultos hacia personas que no encajaban en el molde tradicional, vejaciones a las personas homosexuales y una aparente superioridad moral que estaba muy lejos de la humildad que orgullosamente exhibían como suya.
Me dolía también lo que sentía como autoritarismo, como imposición de que hay una manera establecida para relacionarte con Dios, y yo no lo veía así. Cada cual es persona y por ello, de alguna forma, única. Una relación tan importante como ha de ser la que tengas con quien consideras tu Creador, no puede ser rígida ni impuesta, igual que en cada familia es diferente la relación entre padres e hijos. […]
La religión cristiana pone sus bases en valores que en teoría son moralmente buenos, pero no estoy segura de si se llevan bien a la práctica. Creo que una forma de vida cuyo Mesías dijo “Amad al prójimo como yo os he amado” tiene que estar presidida por el respeto, incluso a personas que no piensan lo mismo. Y me repito: no lo veo en ningún lado. Lo que sí percibo son desprecios, miradas por encima del hombro, empatía solo hacia los que piensan igual, y falta de comprensión y de ganas de comprender hacia los que difieren. […] Creo que tiene que ser maravilloso tener algo que guíe tu vida, pero creo que debe estar guiado por el amor”.

Y como la virtud esencial, la que da forma a las demás es el amor, me pareció que la lección primordial, que nunca debemos olvidar los maestros, es aquella indicación mencionada por Jesús hace más de dos mil años: «Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros…». Tal vez esto es lo primero que deberíamos examinar los que tenemos la misión de enseñar, ya sea en la familia o frente a un grupo de estudiantes. Más que un conjunto de conocimientos y lecciones, los jóvenes están deseosos de encontrar testimonios de vida creíbles y auténticos.

Mi gratitud a la Iglesia Católica

Fui bautizado católico a los cuatro años. Mis padres quisieron hacerlo simultáneamente con mi hermano menor en la Iglesia Los Dolores. Como único recuerdo tengo la fotografía frente a la Iglesia junto a mi hermano, padres y padrinos. La siguiente escena de mi relación con la fe viene cuatro años después. En tercer grado, acudí a catequesis para preparar la primera comunión en mi barrio natal El Bosque. Unas piadosas catequistas nos ayudaban a dar razón y sentido a nuestra fe haciéndonos repasar oraciones y pasajes bíblicos. Tengo guardado en la memoria el domingo soleado en la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes cuando tuve la inmensa alegría de recibir por primera vez a Jesús Sacramentado de manos del P. Pereira. No olvido la recomendación de mi abuela Ernestina de rezar un padrenuestro después de recibir la Comunión y por supuesto, tengo grabada la celebración familiar con el almuerzo en la casa de mí otra abuela, María Magdalena.
Antes de cumplir los quince años, recibí las clases de preparación para la confirmación en la Catedral de Tegucigalpa. Además de las sabias recomendaciones de un sacerdote mayor, recuerdo la tradicional “cachetadita” prevista en la liturgia de mano de Mons. Héctor Enrique Santos durante la ceremonia.
Ya en el segundo año de universidad, tuve la suerte de participar del ambiente de formación en la Residencia Universitaria Guaymura en colonia la Reforma de Tegucigalpa. Me atrajo el ambiente serio de estudio y al mismo tiempo la alegría y la relación con otros universitarios que asistíamos a formación doctrinal católica. Los sábados dábamos clases de catequesis a niños de la colonia San Miguel en un primer momento y luego de la colonia Estados Unidos al lado de colonia El Sitio. En ese mismo lugar, nos enteramos de una anciana que tenía su casa a punto de caerse al lado de un barranco y tomamos la iniciativa de construirle una casa nueva. No éramos carpinteros expertos, pero entre todos, sábado a sábado fue avanzando el proyecto hasta concluirlo.
Me parece que mi historia no es especial. Seguro que muchos podrían contar también historias similares de su infancia y juventud. Tantas experiencias positivas y agradables que muestran cómo Dios forjó poco a poco, sirviéndose de muchas personas, la alegría de la fe que nos alegramos de profesar hoy en día. Al menos en mi caso, puedo mencionar que solamente he recibido invitaciones a ser más generoso, más abnegado en el servicio de los demás, a ser buen profesional, respetuoso de las leyes y dentro de mis posibilidades, piadoso y testigo del amor que Dios nos tiene a todos.
Ante diversas noticias que han circulado en estos días en relación con nuestra Iglesia Católica me pareció que sería desagradecido de mi parte no dejar constancia de todas las cosas buenas que he tenido la fortuna de recibir en estos años. Es verdad que existen dificultades —las que ponemos tristemente los cristianos con nuestra falta de fe y de lucha— pero es de justicia también hacer balance y no dejar de mencionar la vida de servicio y entrega de miles de católicos, pastores y fieles, que no hacen ruido y que sostienen con su entrega y ejemplaridad la vida de tantos otros que van por el mundo necesitados de ayuda espiritual y material.
Es verdad que en el mar agitado de esta vida también existen dificultades. Jesús las tuvo también. Pero no olvidemos que incluso estas imperfecciones están previstas en los planes de la providencia divina para espolear nuestra generosidad en la oración de unos por otros. Para poner nuestra seguridad exclusivamente en Dios y estar más cerca de los instrumentos previstos por Él para fortalecer la comunión.

Reducir la pobreza

Uno de estos días escribí una cita en mis redes sociales. La tomé del artículo «Estamos progresando y usted no lo sabe» de revistadelibros.com. Se trata de la siguiente: “Un hecho chocante es lo poco que en apariencia haría falta para resolver el problema de la pobreza en el mundo. Bastaría, por ejemplo, con que cada adulto estadounidense transfiriera un dólar al día a los habitantes pobres del resto del mundo para que todos ellos rebasaran el umbral de la pobreza. Si en esta cruzada contra la pobreza intervinieran otros países ricos, sería suficiente con que cada uno donase medio dólar diario, o incluso algo menos. Esto parece que debería servir de reclamo estridente para que los países ricos ayudasen a los pobres a salir del hoyo.”
Después de una primera buena impresión, descubrí que la cita no me convencía. Pensé entonces en ciertos programas paternalistas que intentan resolver la pobreza repartiendo dinero o bienes de primera necesidad. Desafortunadamente Honduras es un caso digno de estudio. En los últimos años se invirtieron miles de millones de dólares en los programas sociales y curiosamente no estamos mejor en ninguno de los indicadores de desarrollo humano. Por supuesto, mi intención no es criticar. La solidaridad es importante y necesaria, sin embargo, algo no debe estar funcionando.
El post no pasó desapercibido. Carlos, buen amigo de Guatemala, escribió el comentario: «Con eso no resolvés el problema de la pobreza, sólo alivias temporalmente una necesidad». Respondí de esta manera: «Tienes razón. Al final solo se resuelve con educación, oportunidades y libertad para que cada uno sea artífice de su propio desarrollo». Carlos añadió: «Así es. La pobreza va más allá, mucho más, de lo material».
Miriam, también añadió un comentario: »Mi querido Juan Carlos la pobreza va a donde los gobernantes quieran llevarnos. De qué sirven títulos de doctores, abogados, maestros etc si nosotros como pueblo no hacemos nada. Nuestro país Honduras es pobre hasta donde el gobernante quiera, así de simple».
Al final, descubrí la razón de mi inconformidad con la cita inicial. Centrar el propio desarrollo en la generosidad ajena es siempre una vía fácil de enunciar pero representa un callejón sin salida. Vivir de la limosna nos hace más dependientes. Me parece más correcto plantear la solución en términos de la propia responsabilidad. El auténtico desarrollo no es asunto de disponer o no de ciertos medios económicos. Es un proceso que requiere el crecimiento y la colaboración de cada ciudadano de acuerdo a sus propias capacidades. No existe solución fácil. Hace falta plantearse hacer nuestros deberes lo mejor que podamos; el trabajo y el estudio hechos con esfuerzo, con amor y competencia.

Publicado en Diario El Heraldo

19 de marzo de 2019

Malala, un ejemplo de valentía

Cuando leí la historia de esta niña pakistaní me impactó. Tuvo la audacia, desde la tierna edad de 11 años, de levantar la voz en contra de las injusticias en su país. Nos enseña a perder el miedo en defensa de la justicia y los derechos de los más pobres y desfavorecidos. Podría parecer que la acción sencilla de escribir en un blog no tiene mucha importancia. Sin embargo, en la tarea de hacer el bien, todo cuenta, incluso las pequeñas acciones.

“Malala Yousafzai ha pasado a ser un símbolo icónico del derecho universal de las niñas a la educación. Con su lucha y su valentía se ha convertido en una destacada portavoz de los derechos de la mujer. “Ha demostrado con su ejemplo, bajo las circunstancias más peligrosas, que los niños y los jóvenes también pueden contribuir a mejorar su propia situación”, decía el comunicado del comité que concedió el premio Nobel.” (interrogantes.net)

“Malala Yousafzai nació en 1997 en Mingora (Pakistán), y en octubre de 2014, a los 17 años, recibió el Premio Nobel de la Paz y pasó a ser la persona más joven premiada con este galardón en cualquiera de sus categorías en toda la historia. A principios de 2009, cuando aún no tenía 12 años de edad, Malala empezó a escribir un blog en línea en la BBC, en lengua urdu, bajo el seudónimo Gul Makai. En sus relatos iba contando el transcurrir de su vida bajo el régimen del temible Tehrik e Taliban Pakistan (TTP), grupo terrorista vinculado a los talibanes, que estaba intentando tomar el control del valle del río Swat. Las escuelas privadas habían recibido orden de cerrar a través de un edicto talibán que prohibía también la educación de las niñas. Trataban de imponer su interpretación de la Sharia y habían destruido cerca de 150 escuelas en el último año. Malala seguía escribiendo en ese blog y era cada vez más conocida por su encendida defensa de los derechos civiles. Pero su lanzamiento definitivo fue el verano de que aquel mismo año 2009, con el documental Class Dismissed: The Death of Female education, dirigido por Adam Ellick e Irfan Asharaf, del New York Times, que mostraba la vida de Malala y su padre, Ziauddin Yousafzai, y cómo la educación de las mujeres era casi imposible en aquellos lugares. El 9 de octubre de 2012 Malala fue víctima de un atentado en Mingora a manos de un miliciano del TTP. Aquel hombre, después de abordar el vehículo que servía como autobús escolar, le disparó en repetidas ocasiones con una pistola impactándole en el cráneo y en el cuello. El portavoz del TTP, Ehsanullah Ehsan, afirmó que intentarían matarla de nuevo. Dos estudiantes que iban en el mismo autobús también fueron heridas. Malala fue llevada en helicóptero a un hospital militar. El atentado suscitó inmediatamente la condena internacional y el día 15 fue trasladada al Queen Elizabeth Hospital de Birmingham, en Reino Unido, para seguir con su recuperación, donde tuvo que continuar con la rehabilitación y fue sometida a una cirugía reconstructiva. Después de implantarle una placa de titanio y un dispositivo auditivo, Malala regresó a las clases en una escuela secundaria británica en Birmingham: “Volver al colegio me hace muy feliz. Mi sueño es que todos los niños en el mundo puedan ir a la escuela porque es su derecho básico”, afirmaba en unas declaraciones a la prensa.” (interrogantes.net)

Algunos escritos del blog de Malala nos pueden servir de muestra de la calidad humana de esta joven.

Sábado 3 de enero. Tengo miedo

Tuve un sueño terrible anoche en el que había helicópteros del Ejército y talibanes. Tengo esos sueños desde ue se lanzó la operación militar en el Swat. Fui a la escuela con miedo porque el Talibán había emitido un edicto en el que prohíbe que las niñas vayamos a la escuela. (…) Mis tres amigas se fueron con sus familias a Peshawar, Lahore y Rawalpindi después del edicto. (…) Mientras iba a la escuela escuché a un hombre decir “Te voy a matar’. Apuré el paso y cuando miré hacia atrás el hombre venía detrás de mí. Pero, para mi gran alivio, él estaba hablando por teléfono así que debía estar amenazando a alguna otra persona.

Domingo 4 de enero: Debo ir a la escuela

Hoy me levanté tarde, a eso de las 10 de la mañana. Antes de la operación militar solíamos ir de picnic los domingos. Pero ahora la situación es tan mala que no hacemos un picnic hace más de un año y medio. (…) Hoy hice tareas del hogar y jugué con mi hermano. Pero el corazón me latía rápido porque mañana tengo que ir a la escuela.

Lunes 5 de enero: No uses vestidos de colores

Me estaba vistiendo para ir a la escuela y me iba a poner el uniforme pero me acirdé de que la directora nos había dicho que no usáramos el uniforme sino nuestra ropa habitual. Así que me puse mi vestido rosa favorito. (…) Más tarde, en la escuela, nos dijeron que no usáramos ropa de colores porque el Talibán no estaría de acuerdo.

Miércoles 7 de enero: Ni fuego ni temor

Vine a Bunaria a pasar Muharram (día de fiesta musulmán). Me encanta Bunair por sus montañas y exuberantes campos verdes. Mi Swat también es muy hermoso, pero no hay paz. En Bunair hay paz y tranquilidad. Tampoco hay fuego ni temor alguno. Todos estamos muy contentos.

Miércoles 14 de enero: Quizás no vaya más a la escuela

Hoy estaba de mal humor mientras va a la escuela porque mañana empiezan las vacaciones de invierno. El director anunció las vacaciones, pero no mencionó la fecha en que la escuela volverá a abrir. Es la primera vez que ocurre esto.En el pasado la fecha de reapertura fue anunciada siempre con claridad. (…) Mi conjetura es que el Talibán va a prohibir la educación de las niñas desde el 15 de enero.(…) Como hoy era el último día de nuestra escuela, hemos decidido jugar en el patio un poco más.

Jueves 15 de enero: Noche de disparos

Hubo disparos de artillería toda la noche y me desperté tres veces. Pero como no había escuela, me levanté más tarde, a las 10. (…) Hoy leí mi diario escrito para la BBC (en urdu) y publicado en el periódico.

A mi madre le gusta mi seudónimo ‘Gul Makai’ y le dijo a mi padre, ¿por qué no cambiarmos su nombre por el de Gul Makai? A mí también me gusta, porque mi nombre verdadero significa “dolor afligido”.

Mi padre me contó que hace unos días alguien le trajo un copia impresa de este diario diciendo lo maravilloso que era. Mi padre sonrió, pero ni siquiera podía decir que eso había sido escrito por su hija.

Puedes ver el blog de Malala en el siguiente link: http://www.malala-yousafzai.com/

El documental «Class Dismissed: The Death of Female education» se puede ver en: https://www.nytimes.com/video/world/asia/100000001835296/class-dismissed-malala-yousafzais-story.html

365 días con historias sobre virtudes. Biografías, libros, películas y muchos recursos con ejemplos para imitar.

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