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Buen humor

Coronavirus y buen humor

Ayer hablaba sobre la necesidad de no dejarse llevar por la pereza. Estos días hemos de procurar tomar nosotros el control y no que sean las circunstancias, las noticias o nuestro estado de humor el que marca la pauta. Para algunos servirá revisar a diario el horario con actividades para hacer, para otros bastará sencillamente una especie de checklist donde se listan los quehaceres más importantes a tener en cuenta.

El Papa Francisco, hablando del buen humor, dice lo siguiente en su exhortación apostólica Cristus Vivit: “Contrariamente a lo que muchos piensan, el Señor no quiere debilitar estas ganas de vivir. Es sano recordar lo que enseñaba un sabio del Antiguo Testamento: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […]. No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). El verdadero Dios, el que te ama, te quiere feliz. Por eso en la Biblia encontramos también este consejo dirigido a los jóvenes: «Disfruta, joven, en tu juventud, pásalo bien en tus años jóvenes […]. Aparta el mal humor de tu pecho» (Qo 11,9-10). Porque es Dios quien «nos provee espléndidamente de todo para que lo disfrutemos» (1 Tm 6,17)”.

Romano Guardini por su parte decía que “Hay dos verdaderos enemigos, que es necesario exterminar; el mal humor y la melancolía”. Esto es especialmente válido en estos días en que existen momentos de incertidumbre. Para no perder el buen humor una excelente receta es mantenernos activos. En la convivencia en familia, es necesario mantener la alegría y la esperanza. Francisco Fernández Carvajal menciona que “No siempre se puede y se debe reír, pero sí descubrir ese aspecto más amable, menos trágico, y poner un punto de buen humor en una situación complicada: casi siempre es posible”.

Tener buen humor no consiste en encerrarse irresponsablemente en una burbuja en la que solo interesan mis propios asuntos. El psiquiatra Fernando Sarrais lo menciona en su libro sobre el descanso: “Esto no se logra yendo a una isla paradisíaca o metiéndose en una burbuja mágica donde uno no se entere de los problemas de la vida. Se logra teniendo una actitud optimista, buen humor (a prueba de bomba) y gran tolerancia a la frustración (paciencia)”.

En estos días “aparentemente malos” es cuando mejor se crece en las virtudes y los buenos hábitos. Un paso adelante, por pequeño que parezca, en circunstancias adversas, representa un verdadero crecimiento interior porque en estos momentos menos favorables es cuando se purifica la intención y nuestra voluntariedad por mejorar se ve reafirmada. James Clear en su libro de hábitos atómicos lo menciona de esta forma: “David Cain, un autor y maestro de meditación, anima a sus alumnos a dejar de ser «meditadores de buen tiempo». De igual forma, tú no quieres ser un atleta de buen tiempo o un escritor de buen tiempo o un emprendedor de buen tiempo. Cuando un hábito realmente te es importante, tienes que estar dispuesto a mantenerlo vigente, aunque el tiempo no sea bueno o no estés de buen humor”.

Para mantener el buen humor sobre todo es útil mantener estos días una estrecha relación con Dios. Tal como lo dice san Josemaría, en compañía de Dios aprendemos que “Hay primaveras y veranos, pero también llegan los inviernos, días sin sol, y noches huérfanas de luna. No podemos permitir que el trato con Jesucristo dependa de nuestro estado de humor, de los cambios de nuestro carácter. Esas posturas delatan egoísmo, comodidad, y desde luego no se compaginan con el amor”

No es que estemos en los últimos momentos ni mucho menos. Son días para crecer y entrenarnos en una especie de “retiro personal” para luego, al volver a nuestras actividades habituales, seamos completamente diferentes, mejores. Esto de estar en casa es una oportunidad que nos da Dios para vivir de forma más profunda y personal la cuaresma.

Para terminar nos puede servir el ejemplo de un campeón del buen humor: “Cuando Tomás Moro, el canciller de Enrique VIII que  murió decapitado, escribe a sus hijas sus últimas cartas  desde la cárcel, se muestra profundamente feliz y conserva el buen humor hasta el último momento. Ni siquiera encarcelado tuvo la sensación de haber desperdiciado su vida, porque sus ideales estaban por encima de  todo lo demás, y se mantuvo coherente con la verdad.”.

Algunas recomendaciones de actividades para hacer en casa:

Textos de san Josemaría sobre el buen humor

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Novelas para leer

Libros de ensayo altamente recomendables

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