Taular: cambiando vidas uno a uno

Taular

El jueves 18 de octubre, en el Centro Universitario Guaymura, nos damos cita más de cien personas. Los asistentes estamos vinculados de una u otra forma con Taular, prestigioso centro educativo, que brinda educación de calidad para jóvenes de escasos recursos en Tegucigalpa. Estamos para presenciar el estreno del vídeo “La lotería de la vida”, donde Kevin y Yosmin nos cuentan sus historias de vida. Ambos asisten a Taular; uno como docente y el otro como estudiante de décimo curso.
En los primeros minutos se van alternando las palabras de Kevin y Yosmin. Su testimonio es un ejemplo de cómo superar dificultades con responsabilidad y esfuerzo. Uno de ellos comenta que ante la falta de recursos para trasladarse al centro, tenía que caminar más de dos horas para no faltar a sus clases. Dña. Karla, madre de Yosmin, da su testimonio del esfuerzo que debió poner su hijo para suplir la falta de conocimientos. El paso de los días le irá confirmando que tomó la decisión correcta al inscribir a su hijo en esta institución, aunque signifique un gran sacrificio. Menciona con emoción que es testigo de la transformación que irá convirtiendo a su hijo en un estudiante ordenado y responsable.
Mientras veo a algunos antiguos estudiantes que están presentes, compruebo que la educación no es principalmente asunto de medios económicos sino de principios. Y es que parte importante del éxito de esta institución se fundamenta en una sólida educación en valores. Esta formación se hace realidad en primer lugar con el ejemplo de los docentes, pero también con el acompañamiento cercano de un preceptor que tiene una entrevista periódica con cada estudiante. En estas conversaciones, salen a la luz diversas dificultades; desde no contar con lo necesario para tener tres tiempos de comida hasta el dolor por la ausencia de uno de los padres por haberse trasladado a otro país en busca de trabajo. El preceptor, además de orientar en la superación de estos problemas, ayuda en el seguimiento de las metas de mejora académica y personal.
La totalidad de los estudiantes de escasos recursos cuentan además con una beca obtenida con mucho esfuerzo por los promotores. Uno de los objetivos de esta reunión es agradecer la colaboración de muchas empresas y hondureños comunes y corrientes que ayudan con los fondos para que estos jóvenes perseveren en su esfuerzo por graduarse en una de las mejores instituciones académicas de Honduras.
Recuerdo entonces la idea que me repetía uno de los fundadores hace ya hace casi veinte años: “La educación es el principal instrumento de promoción social. Por su medio, personas de orígenes humildes pueden alcanzar una verdadera superación humana y económica”.
Yosmin nos comentará el destino incierto de muchos de sus amigos de barrio que no han tenido su fortuna y que han sucumbido a diversos problemas sociales como la delincuencia, las drogas o las maras. El video “La lotería de la vida” nos irá mostrando en dos historias, que vencer obstáculos, con el debido acompañamiento, se convierte en la mejor escuela de virtudes. Lo que para unos es excusa para el conformismo o la parálisis, para otros es el medio de convertirse en los ciudadanos que transformarán el futuro de nuestro país.
Después del evento quedo enormemente agradecido con los directivos de esta iniciativa. A lo largo de estos años colaboré como preceptor o refiriendo a personas con deseos de dedicar tiempo para ayudar o con sus donaciones. Todavía queda mucho por hacer, aunque con seguridad aparecerán más personas generosas, deseosas que Taular siga cumpliendo con su lema: “Cambiando vidas uno a uno”.

¿Por qué dialogar?

Importancia del diálogo
Para muchos, el diálogo nacional en marcha nació muerto. Dicen que no están los que deberían, que no se hablarán los temas que interesan al pueblo y cien cosas más que dejan expuesto el oficio de algunos políticos en Honduras; sembrar dudas y desconfianza. Parecen olvidar que los ojos cansados de toda una sociedad están expectantes en la siguiente jugada. Más les valdría dejar de lado sus juegos y tomarse en serio la responsabilidad histórica de detener las diferencias, ponerse de acuerdo y comenzar a construir el bien común.
Alguno podría preguntarse: ¿Para qué dialogar?, si al final los que gobiernan tienen clara su agenda y pareciera que no están dispuestos a ceder en ningún aspecto. El pretendido diálogo podría verse incluso como una técnica dilatoria que permite a los de siempre, continuar haciendo lo de siempre. Sin embargo, el tiempo corre, y en relación con hacer creíbles las siguientes elecciones algunos mencionan que ya estamos en déficit para hacer lo necesario.
¿No nos damos cuenta de que somos una sola familia que vamos en el mismo barco a un destino común?, como siempre, los más necesitados y vulnerables son los que pagan las facturas de los desaciertos de unos pocos. El costo de la falta de entendimiento es más que evidente. Por más que se maquillen indicadores económicos, la salida constante de niños a otros países, algunas veces sin sus padres, es más que elocuente.  Sin embargo, basta con ver los cuestionamientos de una funcionaria a nuestros compatriotas que emigran para darse cuenta de la desconexión con la realidad a la que se puede llegar cuando se gobierna desde un escritorio en una oficina con aire acondicionado.
En una ocasión, el papa Francisco mencionaba: “Cuando los líderes de los diferentes sectores me piden un consejo, mi respuesta siempre es la misma: Diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia, una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno en cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Esta actitud abierta, disponible y sin prejuicios, yo la definiría como humildad social, que es la que favorece el diálogo. Solo así puede prosperar un buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por las otras sin opiniones previas gratuitas y en clima de respeto de los derechos de cada una. Hoy, o se apuesta por el diálogo, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos perdemos”.
Diversos actores políticos nos han recordado el alto precio que está pagando Nicaragua. En efecto, una de las consecuencias del diálogo es la paz. Todas las guerras, todos los problemas que no se resuelven tienen como actores principales a personas cerradas, pagadas de sí mismas, autoritarias que consideran que su forma de hacer es la única. Cerrar las puertas y las ventanas a las posturas ajenas, aislarse, dejar de escuchar, es una de las señales más evidentes de las dictaduras. Otra característica de esta enfermedad es que provoca ceguera en quienes la padecen. Todos los tiranos de la historia se han tenido a sí mismos como ejemplos de apertura y de conciliación.
El diálogo es una de las principales necesidades de Honduras. La confrontación, el conflicto y la desconfianza no nos conducirán a nada bueno. Ojalá que todos sepamos, abandonar los intereses personales y dialoguemos para destruir los muros que nos dividen.

Aspectos positivos y negativos de las migraciones

Migración
Las migraciones de hondureños a Estados Unidos y a otros países no son un fenómeno reciente. Tristemente es una de las consecuencias de nuestra realidad socio-económica. Las causas no las podemos atribuir a un único factor sino al estilo de vida de una sociedad que admite como normales la corrupción, la falta de oportunidades y las injusticias, por solo mencionar algunas.
Las migraciones son un indicador del compromiso con las oportunidades que generamos, especialmente con los más desfavorecidos. La falta de educación y de salud, impactan directamente en condiciones de vida necesarias para el desarrollo adecuado de nuestro país. Es especialmente sensible en este fenómeno la creación de oportunidades de trabajo y así ofrecer una forma de vida digna a todos los ciudadanos. El Compendio de Doctrina Social de la Iglesia Católica menciona que: ”La capacidad propulsora de una sociedad orientada hacia el bien común y proyectada hacia el futuro se mide también, y sobre todo, a partir de las perspectivas de trabajo que puede ofrecer. El alto índice de desempleo, la presencia de sistemas de instrucción obsoletos y la persistencia de dificultades para acceder a la formación y al mercado de trabajo constituyen para muchos, sobre todo jóvenes, un grave obstáculo en el camino de la realización humana y profesional. Quien está desempleado o subempleado padece, en efecto, las consecuencias profundamente negativas que esta condición produce en la personalidad y corre el riesgo de quedar al margen de la sociedad y de convertirse en víctima de la exclusión social. Además de a los jóvenes, este drama afecta, por lo general, a las mujeres, a los trabajadores menos especializados, a los minusválidos, a los inmigrantes, a los ex-reclusos, a los analfabetos, personas todas que encuentran mayores dificultades en la búsqueda de una colocación en el mundo del trabajo”.
Aún con todos los aspectos negativos que representa la migración de personas, no podemos dejar de lado que responde, de forma indirecta, a la forma de suplir diversas necesidades, tanto en el país de origen (a través de las remesas) como en el de destino. Los inmigrantes representan una fuerza laboral que asumen muchas tareas imprescindibles. En el libro citado se menciona: “La inmigración puede ser un recurso más que un obstáculo para el desarrollo.  En el mundo actual, en el que el desequilibrio entre países ricos y países pobres se agrava y el desarrollo de las comunicaciones reduce rápidamente las distancias, crece la emigración de personas en busca de mejores condiciones de vida, procedentes de las zonas menos favorecidas de la tierra; su llegada a los países desarrollados, a menudo es percibida como una amenaza para los elevados niveles de bienestar, alcanzados gracias a decenios de crecimiento económico. Los inmigrantes, sin embargo, en la mayoría de los casos, responden a un requerimiento en la esfera del trabajo que de otra forma quedaría insatisfecho, en sectores y territorios en los que la mano de obra local es insuficiente o no está dispuesta a aportar su contribución laboral”.
Nunca se pudo ni se podrán impedir las migraciones, pero requieren un orden y una regulación. No olvidemos que todos tienen derecho a buscar mejores condiciones para sus familias. Los gobiernos debe asegurar las condiciones adecuadas para que los migrantes, que son especialmente vulnerables, alcancen el desarrollo anhelado. “La regulación de los flujos migratorios según criterios de equidad y de equilibrio es una de las condiciones indispensables para conseguir que la inserción se realice con las garantías que exige la dignidad de la persona humana”.

Felices 197 años

Honduras aniversario 2018
Ayer escuchaba a un buen amigo historiador diciendo que 197 años es poco tiempo para un país. Comparados con otros de tradición milenaria, Honduras es joven y todavía en camino de aprendizaje y construcción. En ese momento recordé la costumbre de otro buen hondureño. Le bastaba con salir a las calles y darse cuenta de la tarea pendiente por hacer para colaborar en la constitución de una sociedad más justa y solidaria.
Experimento lo mismo a diario. Me basta con recorrer los pasillos llenos de jóvenes de la institución donde trabajo, para sentir sobre mis espaldas la dulce responsabilidad de encomendar a Dios las necesidades de cada uno y contribuir, dentro de mis posibilidades, a resolver sus necesidades. Lejos de añadir problemas y visiones pesimistas generalizadas, intento convertir el conocimiento de las dificultades en impulso para intentar ser elemento de mejora y no de queja estéril. Cuántas veces, conversar con uno y otro me ha llevado a repetirme que no es tiempo para la pereza o la inactividad. Estoy seguro de que esta es también una de las principales motivaciones de mis colegas docentes y de tantas y tantos que salen a las calles a diario, convencidos de que su trabajo y su empeño por mejorar son la mejor contribución para hacer de Honduras un país más justo y más libre.
Reconozcamos con honestidad, sobre todo los que ya tenemos algunos años recorridos; somos culpables de muchos de los problemas y deficiencias de nuestro país. Es verdad, existen factores externos, pero a quién si no a nosotros mismos se pueden achacar la falta de educación, la salud deficiente y la falta de valores de nuestros jóvenes. Reconocer estas deficiencias no para recriminarnos de forma estéril sino para suscitar la enmienda y la rectificación oportuna.
Salir a la calle y contemplar los problemas; los tenemos por docenas y a veces pareciera que crecen sin control, lejos de llenarnos de pesimismo, debería llamarnos a involucrarnos más, a formarnos más. No podemos olvidar; Honduras son sus personas y su engrandecimiento pasa por ayudarles a ser más libres, más conscientes de sus problemas y sobre todo más solidarios. Porque los problemas y dificultades siempre han existido y siempre existirán. Es más, estas carencias y retos son la materia prima para implicarnos en un proyecto común y haciéndolo, dejemos de lado las diferencias y construyamos entre todos el país grande que soñaron nuestros padres.
Es inútil para alguno platearse en mejorar a los demás si no comienza consigo mismo. Es en el corazón de cada uno donde se libran las principales batallas por desterrar el egoísmo y la división, principales problemas de Honduras. Mi experiencia me dice que podremos ver de forma correcta los problemas si nos esforzamos por desterrar primero en nosotros, la visión negativa y desesperanzada; otra triste característica de la personalidad de muchos hondureños. Pero esto exige esfuerzo y lucha por ser virtuosos. Esas virtudes personales nos vuelven capaces para percibir la belleza, incluso cuando esta sea una pequeña flor rodeada de espinas.
Dejar de mirarnos de forma exclusiva a nosotros mismos. Dejar de lado los intereses personales, el victimismo y la autocompasión. Salir a las calles, conversar y enterarnos de las necesidades de las personas de carne y hueso. Centrar nuestra atención en nuestros seres queridos e involucrarnos en procurar su auténtico bienestar. Este podría ser sin duda, el mejor regalo que podemos hacer a nuestra Honduras en sus 197 cumpleaños.

El “Tour de la verguenza”

El tour de la verguenza

El viernes pasado estuve en la entrega de víveres a unos padres de familia con hijos en el Instituto Tecnológico Taular. Se trata de un colegio de educación secundaria que brinda oportunidades de estudio a jóvenes de escuelas públicas de Tegucigalpa.

Me quedé profundamente conmovido cuando Marta, una de las promotoras de esa ayuda, me presentó a algunas de las madres presentes y sus historias. Una de ellas, que vive en una colonia aledaña a la Nueva Capital nos contó que acogió generosamente en su casa al compañero de su hijo. Su madre tuvo que salir de la ciudad por razones de seguridad y el joven, que es buen estudiante, no quizo perder su única oportunidad de estudio.

Fui escuchando otras historias de personas de condición humilde que llevan con heroísmo toda clase de carencias. A veces las necesidades de medicinas, educación o transporte apremian tanto que obligan a eliminar el único tiempo de comida que hacen al día. En ocasiones es difícil resolver el dilema entre dar alimentos a sus hijos o decidir enviarlos a recibir el pan del saber.

Vinieron a mi cabeza, por contraste, la vida fácil, cómoda y a veces necia -incluida la mía- en que pensamos tener todo resuelto. En estas condiciones es fácil mirar a otra parte y no darse cuenta de las necesidades apremiantes de los otros. Son tantos en este país con una vida irreal, desconectada de la necesidades de la mayoría. Viven de las apariencias gastando en lujos, fiestas y toda clase de despilfarros.

En esta línea, fue interesante la invitación de la presidenta del Colegio Médico, la Dra. Suyapa Figueroa, dirigiera a los ciento veintiocho diputados para hacer el “tour de la verguenza”. De esta manera conocerían de primera mano las condiciones en que funciona el Hospital Escuela Universitario. Me pareció una excelente forma de despertar de la superficialidad en la que viven algunos padres de la patria. Piensan resolver todo con base a leyes y decretos, algunos tan alejados de las necesidades verdaderas de nuestro país.

Hace algunos meses llegó a mi teléfono celular una gráfica. Decía lo siguiente: “Si Honduras fueran cien personas: sesenta y cinco viven bajo la línea de pobreza, cuarenta y siete trabajan en el sector informal sin protección laboral y social, cuarenta y cuatro no pudieron finalizar la educación secundaria, cuarenta y tres sobreviven con menos de Lps. 58 al día, veinte concentran la mitad de todos los ingresos económicos y una posee la cuarta parte de las tierras del país”. Alguno podría discutir la mejora de uno que otro de estos datos. Sin embargo, sólo basta con salir un poco de nuestro círculo de acostumbramiento o indiferencia para darnos cuenta que no son tan alejados de nuestra realidad.

Con motivo de los clamorosos casos de corrupción que están saliendo a la luz en estos días, pensé en la oportunidad de la recomendación de la Dra. Figueroa. Tal vez sería aleccionador que los amigos de los fondos públicos hicieran un “tour” por las escuelas que dejaron sin pupitres o los centros de salud que están sin medicinas. Tal vez, valdría la pena que conversaran con los empleados públicos de condición humilde que reciben un exiguo sueldo y además con tres meses de retraso.

Que alegría nos darían a muchos que los diputados acogieran la invitación a ese recorrido por el Hospital Escuela Universitario. Por mi parte, renuevo el deseo de acompañar a Dña. Marta en su próxima visita a las familias que generosamente atiende. Confío en las palabras con las que se despidió “esa visita le servirá para llenarse de fuerza”.

Educación contra la corrupción

Hace años, tuve la oportunidad de participar en un evento de varias semanas con algunos extranjeros. Como parte de las actividades, compartimos juntos la proyección de una película. No olvido la cara de desaprobación de uno de ellos cuando se dio cuenta que usábamos una copia ilegal. Pensé entonces en el camino que nos falta por recorrer en materia educativa para conseguir la misma reacción al encontrarnos con cualquier clase de ilegalidad.

Después de las noticias de esta semana sobre el combate de la corrupción, la renuncia del titular de la Maccih, la posible reelección del fiscal y algunos sonados casos de desfalco de fondos públicos, pensé en múltiples posibilidades al comenzar al escribir. Que si el clientelismo político donde las instituciones están atestadas de correligionarios, que si la falta de transparencia e investigación. Incluso exploré experiencias de otros países que nos adelantan en esta materia.

Hablando con un amigo, caímos, de nuevo, en que la corrupción es una manifestación más del relativismo que impera en nuestra sociedad. Por lo tanto, la solución a largo plazo de este y otros problemas pasa por una adecuada educación del carácter en valores y virtudes.

La misma palabra educación tiene siempre una connotación positiva. Implica conducir hacia la plenitud de la madurez en las virtudes y al mismo tiempo extraer de cada uno las mejores posibilidades de la que es capaz.

Un primer paso para corregir el rumbo educativo, en uno de los países con más desigualdades del mundo, es hacer un profundo examen de cómo estamos cumpliendo con ese imperativo de derechos y obligaciones. Más allá de los casos concretos, hace falta estudiar y descubrir qué convicciones, valores y conocimientos hicieron falta para que esos niños de hace 20, 30 o 40 años fueran incapaces de hacer frente al ambiente inmoral y hostil que les llevó a actuar incorrectamente.

¿Existen factores en la niñez que predisponen a la corrupción en la etapa adulta?, sin duda que sí. Y aunque en educación no existen reglas fijas como en las matemáticas-hago alusión a la libertad personal- se pueden encontrar algunos aspectos que vuelven vulnerable a un niño para sucumbir en un entorno corrupto.

En mi experiencia, un primer factor de riesgo tiene que ver con la familia. Es llamativo que en varios estudios se menciona que basta fomentar los vínculos, especialmente con la madre, para que un convicto en la cárcel tenga posibilidades de enmienda. Por otra parte, basta con que el niño esté solo y desatendido en su casa para que sea presa fácil de malos resultados académicos, caiga en las drogas o cometa crímenes de cualquier tipo.

La educación en la familia es fundamental para que el niño pase de su casi natural pensar en sí mismo -que es lo más propio del corrupto- a abrirse a las necesidades de los demás. Todo lo que sea facilitar el trabajo de los padres en la educación de sus hijos, conlleva necesariamente a atajar futuros problemas sociales. Si se sabe estar atento, en la niñez y en la juventud es cuando se pueden corregir, cuando aún son incipientes, defectos como el robar y la mentir. Así atendiendo en lo pequeño y en los inicios, será la forma de evitar luego el robo de millones, encubiertos como si fueran una falta menor detrás de una sonrisa.

¿Otra censura en las redes sociales?

Censura en redes sociales

Hace algunos años, daba una charla a un grupo de padres de familia. Usando la versión gratuita de un software disponible en Internet, recopilé toda la información disponible en las redes sociales de una persona que escogimos al azar. Contemplé su cara de preocupación cuando les mostré una especie de  “expediente de inteligencia” de la persona en cuestión. Allí estaban las fotografías de sus últimos viajes, las malas palabras contra un amigo de confianza, su opinión sobre la gestión del presidente de ese momento.

Quedó en evidencia que el poseedor de esa información, si lo deseara, podía ejercer un cierto control, para bien o para mal, en la persona en cuestión.

Recordé esta anécdota, cuando leí en un medio de comunicación extranjero, la lista de gobiernos en todo el mundo que poseen sistemas informáticos parecidos. No me causó sorpresa descubrir en esa lista países cuestionados por el irrespeto constante a los derechos humanos de sus ciudadanos.

Algunos que dedican muchas horas a exponer información personal, no saben que en realidad trabajan para entidades y personas de toda clase y condición. Desde luego los primeros beneficiarios son las grandes compañías que prestan estos servicios. Fue grande mi sorpresa, por ejemplo, cuando uno de estos días visité  una atracción turística cerca del Lago de Yojoa y apareció un mensaje en mi celular diciendo que tenía dos años de no ir por allí.

Pero también están al tanto de nuestros movimientos los expertos en mercadeo, las empresas a las que aplicamos solicitando un empleo e incluso las agencias de inteligencia. Cuando dejamos registro en las redes sociales, también le estamos facilitando el trabajo a  posibles pedófilos, extorsionadores, secuestradores y toda una ralea de expertos habituados a sacar información útil para sus torcidos negocios.

Que trabajamos, a veces como esclavos, para las redes sociales no debería ser un secreto para nadie. Especialmente para los padres de familia que deben estar atentos a la información que comparten sus hijos.

Me llama la atención la reciente iniciativa en el Congreso Nacional de crear una ley que regule el uso de estos medios. Pareciera que la intención es buena cuando se dice que serviría para controlar que las redes sociales no se conviertan en instrumento de odio y confrontación. Impidiendo la  difusión de calumnias y difamaciones. Sin embargo, cuando un amigo abogado, me dice que ya están previstos en el Código Penal, de reciente aprobación, los procedimientos y penas para los injuriadores, difamadores y calumniadores, comienzo a dudar sobre esas buenas intenciones.

Es una verdad evidente que la libertad de expresión, derecho fundamental manifiesto en nuestra Constitución, nunca debe ser excusa para ofender a los demás. Sin embargo, en las circunstancias actuales de Honduras, es de los pocos derechos capaces de brindar límites y vigilancia ciudadana para el respeto de tantos otros derechos que están actualmente en tela de juicio.

Como educador y usuario de las redes sociales agradezco la buena intención del promotor de esta ley. Es importante brindar criterios de uso y abuso, especialmente a los más jóvenes. Tenemos mucho que aprender en esta materia.

Pero viendo a nuestra sociedad en su conjunto, con un sistema judicial colapsado, con homicidios y actos de corrupción impunes, con un sector importante de la sociedad clamando por un auténtico diálogo y la urgente necesidad de inclusión de muchos que se sienten tratados injustamente, más le diría a este padre de la patria que guarde su proyecto -algunos incluso mencionan que es una copia casi textual de otro que genera desconfianza-y centre sus fuerzas y los escasos recursos en tener puentes con todos los sectores de la sociedad generando iniciativas de verdadero desarrollo.

Fanáticos y fundamentalistas

Fanáticos fundamentalistas

Hace algunos días, un amigo me criticaba por haber mencionado la expresión “la vida debe continuar en nuestra Honduras”. Hacía alusión a continuar poniendo el dedo en la llaga de la ilegalidad del reciente proceso electoral. Respeto la postura de algunos en mantener su oposición al partido de gobierno. Personalmente manifesté de forma pública mi opinión con relación a la reelección -que sigo sosteniendo- pero de eso a esgrimir las banderas del odio y la destrucción existe un mundo de diferencia.

Dicen que en la antigüedad, una forma de tortura consistía en atar un cadaver al cuerpo del condenado hasta que la putrefacción invadía haciendo padecer una muerte lenta y penosa. Pensé en este símil al escuchar una y otra vez, hasta el cansancio, la forma en que algunos insisten en sacar adelante a nuestro país.

Sin duda, el olor dejado en el ambiente por las pasadas elecciones no es precisamente el de olor a rosas. Seguramente este fenómeno brindará mucho material para los estudiosos. En los próximos años aparecerán muchos análisis que en mi opinión son únicamente una muestra más de una profunda enfermedad larvada desde hace muchos años.

Todos sabemos los problemas de nuestra institucionalidad inoperante, la falta de ética y valores presente en muchos ciudadanos y políticos. La corrupción paralizante que corroe desde los huesos a nuestra incipiente democracia. Pero un enfermo no es un cuerpo para el cementerio. El buen médico es práctico. Busca las causas de las enfermedades, no todas al mismo tiempo tal vez, y aplica los remedios oportunos.

La medicina para Honduras no puede ser el fanatismo que cierra la puerta a la razón e intenta vendernos soluciones de todo o nada, que en una sociedad plural y libre no pueden existir. El fundamentalismo, contrario a lo que muchos piensan, es la falta de compromiso con verdades no negociables que pasan por el bien de las personas. El fanático, queriendo o sin querer, se aferra a muertos que le impiden levantar la mirada y juzgar en cada ocasión, con serenidad, con las circunstancias reales, lo que más conviene por el bien de todos. Puede ser, como muchos mencionan, que el cadáver en esta ocasión es la Constitución y las leyes vigentes. Yo pienso más bien en otros que parecen vivos pero que en realidad son cadáveres ambulantes.

Mi opinión es que en los días pasaos quedaron en evidencia la falta de valores, la incapacidad e inoperancia de diferente actores, que debieron cumplir con su deber y no lo hicieron. Dicen que la justicia a destiempo no es justicia, pero tarde o temprano, todos daremos cuenta del papel desempeñado en el reciente proceso democrático. Quedará en evidencia que la gran mayoría hizo lo correcto. Unos cuantos -miles tal vez- jugaron sucio con la ilusión y expectativas del pueblo hondureño.

¿Conformista?, no. Los expertos en ética señalan que a veces lo más conveniente es tolerar un mal menor, sin perder de vista que existe la obligación de aplicar los medios adecuados para remover ese mal en cuanto sea posible. 

Pueden ser las leyes el problema. Aunque más pareciera que es la falta de personas que prefieran fijar su mirada en donde conviene ponerla. Si nos obsesionamos en ver solo los problemas, veremos como estos se multiplican como los microbios, por arte de magia. Necesitamos personas que saquen experiencia, pero sobre todo que pongan su atención en las soluciones, en los diálogos y entendimientos. Dejar de lado a los fanáticos que intentan atarnos a problemas -fomentados por ellos mismos- e intentan colocarnos en callejones sin salida.

Necesitamos el trabajo serio y responsable. El estudio sereno y profundo que nos plantee alternativas inteligentes. Tal vez nos vendría bien pedir prestada a Diógenes su lámpara. Buscar a esos hombres que con su competencia profesional y su amor a Honduras, desplacen a los fanáticos fundamentalistas que parece que andan pero que solo nos contaminan con una visión caduca y pesimista.

Recuperar el prestigio y la confianza

Prestigio y confianza

Por razones de interés académico, aprovechando las bondades del Internet, pido a Google que me reporte cada cierto tiempo cuáles son las búsquedas más frecuentes en Honduras. De forma recurrente, en estas últimas dos semanas, me reportó que la búsqueda de la palabra “ética” tuvo un repunte vertiginoso.

Pensé que esta situación tal vez se deba a que cada vez más pensamos que el “respeto del bien ajeno” por el que vela la ética, forma parte de la salida a la delicada situación en que se encuentra nuestro país. 

Me viene a la memoria un discurso que en su momento fue inusual en un presidente electo. “Mis queridos ciudadanos: durante cuarenta años oísteis de mis predecesores en este día diferentes variaciones del mismo tema: cómo floreció nuestro país, cuántos millones de acero produjimos, qué felices éramos todos, cómo confiábamos en nuestro gobierno y que brillantes perspectivas se abrían ante nosotros.

Supongo que no me habéis propuesto para este cargo para que mienta también. Nuestro país no está floreciendo. El enorme potencial creativo y espiritual de nuestras naciones no se usa sensatamente…”. Vaclav Havel tomaba posesión como presidente de Checoslovaquia en febrero de 1993. Después de largos años de régimen comunista asumía el gobierno de un país atravesado por numerosos problemas.

Este discurso es un ejemplo acabado de cómo poner las bases para restablecer la confianza en una sociedad polarizada, desmotivada y con una clase política desprestigiada. 

Atraer a todos los ciudadanos detrás de un discurso esperanzador que les una requiere en primer lugar recuperar el prestigio y la generación de confianza.

Hemos llegado a tal situación que para sacar adelante Honduras no son suficientes las palabras y promesas. Hace falta la humildad para aprender del pasado. El diálogo tantas veces mencionado en estos días, deberá partir del deseo sincero de rectificar y enmendar tanto desatino. De recuperar la sensatez y el sentido común.

“Pero todo esto no es el principal problema. Lo peor es que vivimos en un ambiente moral contaminado. Nos sentimos moralmente enfermos porque nos hemos acostumbrado a decir algo diferente a lo que pensamos. Aprendimos a no creer en nada, a ignorarnos, a preocuparnos solamente por nosotros.”

El siguiente paso para salir adelante será hacer un compromiso decidido con la verdad. En mi opinión, el primer problema de Honduras es que nos hemos vuelto incapaces de escuchar la verdad. Esto nos ha llevado a plantarnos como incorregibles y rebeldes obstinados. Al que se considera intocable, por encima de la ley, con licencia para tratar injustamente a los otros, no le gusta escuchar la verdad y después, tampoco pronunciarla. 

“Todos nos acostumbramos al sistema totalitario y lo aceptamos como un hecho inmutable y esto contribuyó a perpetuarlo. En otras palabras, todos nosotros somos -aunque naturalmente en distinta medida- responsables del funcionamiento de la máquina totalitaria. Ninguno de nosotros es sólo su víctima: todos somos, además, sus co-creadores”.

Necesitamos como sociedad el coraje suficiente para asumir las propias responsabilidades. Sólo así, podremos ser conscientes que nosotros, y no otros, serán los que tomarán esos problemas y los convertirán en ocasión de convertirlos en un reto común que una a la sociedad hondureña, no el pretexto para culparse unos a otros.

Con la verdad en las palabras y en las obras, reconociendo con valentía los propios errores y la consecuente responsabilidad, podremos rectificar en conjunto en un clima de confianza. Solamente así tendremos la solvencia moral para solicitar la colaboración de todos e implicaremos a todas y todos en sacar adelante nuestro hermoso país. Solamente así, suscitaremos la iniciativa y creatividad de los mejores hombres y mujeres de este atribulado y maravilloso país.

Clases de educación cívica

Esta semana, pregunté a uno de mis estudiantes su opinión sobre la huelga de transporte reciente. Las palabras del adolescente de quince años fueron más o menos las siguientes: “No estoy muy enterado de esa situación. Este problema no es conmigo, al final siempre llegan a un arreglo”.
Hasta cierto punto puede ser disculpable esta actitud en un adolescente. Sin embargo no me quedé tranquilo. Improvisamos una breve lección de responsabilidad ciudadana. Nos adentramos en diversos temas que gracias a Dios se imparten en el centro escolar donde laboro:
-Para evitar ser objeto de manipulaciones y no caer en la indiferencia, debes desarrollar un criterio propio en los principales temas que afectan a nuestro país. ¿Sabes por ejemplo, que de acuerdo a los indicadores de la Cepal del año 2017, Honduras es el país más pobre de América Latina?
-No, no lo sabía -respondió el estudiante.
-Para tener criterio propio es necesario estudiar a fondo las diferentes cuestiones. La primera responsabilidad ciudadana es tener competencia profesional.
-Ah, yo saco buenas calificaciones…
Después hablamos de la tentación de superficialidad. Este mal lleva a no enterarse de lo importante y dedicar la vida a lo superfluo y frívolo. Se combate la superficialidad con la reflexión personal. El discurrir sobre las causas y las consecuencias requiere orden y tiempo. Desconfiar del propio criterio, tener la valentía de preguntar e informarse. Sirve mucho conversar con los que saben más que nosotros.
La indiferencia de preocuparse solamente por tener el estómago lleno se combate con la solidaridad. Basta con salir a la calle e ir por una ruta distinta a la habitual para ver con los propios ojos, de primera mano, tanta necesidad material y espiritual.
La pereza que paraliza y llena de buenas intenciones se resuelve sintiendo sobre los hombros las necesidades ajenas. Cómo puede alguien pensar exclusivamente en su propia diversión o descanso cuando existen tantas necesidades a su alrededor… Muchas personas esperan nuestra responsabilidad y confían en nosotros.
Esta misma semana compartí gratamente con dos amigos. Uno de ellos antiguo alumno. Regresaron de realizar estudios en el extranjero. Uno, recién graduado de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard y el otro, graduado de un Master en derechos humanos en la Universidad de Navarra. Me contagiaron con su alegría y entusiasmo por hacer las cosas bien y aportar en el desarrollo de Honduras. Ambos, excelentes profesionales, con la ilusión propia de la juventud y con muchas ideas para ser focos de transformación en nuestro país. Gracias a Dios, estos no son casos aislados.
Cuando el pesimismo intenta derrotar la habitual confianza que tengo en que nuestro país puede salir adelante, pienso en esos excelentes profesionales, buenos trabajadores, con criterios éticos, orgullosos de su país y con una profunda sensibilidad social que andan caminando por las calles de Honduras y del mundo.
Contemplar esos frutos, me llevan a darme cuenta que vale la pena la labor callada pero eficaz de tantos docentes que de una forma u otra hablan de responsabilidad ciudadana en sus clases.
Por mi parte, no me cansaré de repetir a mis estudiantes que se exijan. Que procuren dar lo mejor de sí mismos. Que tengan la ilusión de ir más allá de lo aparentemente necesario. Tal vez sería oportuno verificar que todos los jóvenes de Honduras reciben este mismo discurso y se hacen la pregunta que formuló hace años un conocido presidente: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”