Taular: cambiando vidas uno a uno

Taular

El jueves 18 de octubre, en el Centro Universitario Guaymura, nos damos cita más de cien personas. Los asistentes estamos vinculados de una u otra forma con Taular, prestigioso centro educativo, que brinda educación de calidad para jóvenes de escasos recursos en Tegucigalpa. Estamos para presenciar el estreno del vídeo “La lotería de la vida”, donde Kevin y Yosmin nos cuentan sus historias de vida. Ambos asisten a Taular; uno como docente y el otro como estudiante de décimo curso.
En los primeros minutos se van alternando las palabras de Kevin y Yosmin. Su testimonio es un ejemplo de cómo superar dificultades con responsabilidad y esfuerzo. Uno de ellos comenta que ante la falta de recursos para trasladarse al centro, tenía que caminar más de dos horas para no faltar a sus clases. Dña. Karla, madre de Yosmin, da su testimonio del esfuerzo que debió poner su hijo para suplir la falta de conocimientos. El paso de los días le irá confirmando que tomó la decisión correcta al inscribir a su hijo en esta institución, aunque signifique un gran sacrificio. Menciona con emoción que es testigo de la transformación que irá convirtiendo a su hijo en un estudiante ordenado y responsable.
Mientras veo a algunos antiguos estudiantes que están presentes, compruebo que la educación no es principalmente asunto de medios económicos sino de principios. Y es que parte importante del éxito de esta institución se fundamenta en una sólida educación en valores. Esta formación se hace realidad en primer lugar con el ejemplo de los docentes, pero también con el acompañamiento cercano de un preceptor que tiene una entrevista periódica con cada estudiante. En estas conversaciones, salen a la luz diversas dificultades; desde no contar con lo necesario para tener tres tiempos de comida hasta el dolor por la ausencia de uno de los padres por haberse trasladado a otro país en busca de trabajo. El preceptor, además de orientar en la superación de estos problemas, ayuda en el seguimiento de las metas de mejora académica y personal.
La totalidad de los estudiantes de escasos recursos cuentan además con una beca obtenida con mucho esfuerzo por los promotores. Uno de los objetivos de esta reunión es agradecer la colaboración de muchas empresas y hondureños comunes y corrientes que ayudan con los fondos para que estos jóvenes perseveren en su esfuerzo por graduarse en una de las mejores instituciones académicas de Honduras.
Recuerdo entonces la idea que me repetía uno de los fundadores hace ya hace casi veinte años: “La educación es el principal instrumento de promoción social. Por su medio, personas de orígenes humildes pueden alcanzar una verdadera superación humana y económica”.
Yosmin nos comentará el destino incierto de muchos de sus amigos de barrio que no han tenido su fortuna y que han sucumbido a diversos problemas sociales como la delincuencia, las drogas o las maras. El video “La lotería de la vida” nos irá mostrando en dos historias, que vencer obstáculos, con el debido acompañamiento, se convierte en la mejor escuela de virtudes. Lo que para unos es excusa para el conformismo o la parálisis, para otros es el medio de convertirse en los ciudadanos que transformarán el futuro de nuestro país.
Después del evento quedo enormemente agradecido con los directivos de esta iniciativa. A lo largo de estos años colaboré como preceptor o refiriendo a personas con deseos de dedicar tiempo para ayudar o con sus donaciones. Todavía queda mucho por hacer, aunque con seguridad aparecerán más personas generosas, deseosas que Taular siga cumpliendo con su lema: “Cambiando vidas uno a uno”.

Cultivar la sensibilidad humana

Sensibilidad

Brian Bacon, presidente de Oxford Leadership Academy, cuenta una anécdota sobre un evento de liderazgo. Uno de los más importantes en los que estuvo en su vida. Se celebró en San Francisco para conmemorar el cincuenta aniversario de Naciones Unidas.

Eran dos días de conferencias con grandes expositores y profundas reflexiones sobre el capital humano. Los asistentes pagaban 5 mil dólares por estar allí. Sin embargo al final del evento, en un cuestionario de evaluación, la mayoría no resaltó a ninguno de los ponentes. Prefirieron quedarse con una conferenciante que ni siquiera estaba en el programa: la Madre Teresa de Calcuta. Invitada al evento subió poco más de 30 segundos al estrado y cambió todo con su voz suave y pocas palabras:

– Así que queréis cambiar a la gente, pero ¿conocéis a vuestra gente? ¿Y les queréis?  Porque si no conocéis a las personas, no habrá comprensión, y si no hay comprensión, no habrá confianza, y si no hay confianza, no habrá cambio.

– ¿Y queréis a vuestra gente? Porque si no hay amor en lo que hacéis, no habrá pasión, y si no hay pasión, no estaréis preparados para asumir riesgos, y si no estáis preparados para asumir riesgos, nada cambiará.

– Así que, si queréis que vuestra gente cambie, pensad: ¿conozco a mi gente?, ¿y quiero a mi gente?…”

Conocer es el primer paso del amor. La sensibilidad por las necesidades ajenas comienza abriendo las ventanas del alma y así dejarnos impresionar, hacernos cargo de los dolores, sufrimientos y las necesidades objetivas de los que nos rodean.

La comprensión de esas necesidades implica el esfuerzo de salir de nosotros mismos. Hacer el esfuerzo de poner las propias preocupaciones y aficiones en un segundo plano. Pensar en los otros, dar prioridad a sus intereses, expectativas y necesidades para luego fomentar la generosidad de forma desinteresada.

En la sociedad actual, plagada de individualismo egoísta, hacen falta personas atentas que rompan la indiferencia presente en muchos ambientes. Empeñarse descubrir la dignidad de cada uno y no dejarles pasar a nuestro lado sin procurar su verdadero bienestar. El interés verdadero por los demás, el amor sincero que se pone manos a la obra, con las manos abiertas para dar, es la única fuerza capaz de sacar a muchos de la profunda crisis de desencanto y desesperanza en la que se encuentran.

Para que este empeño sea auténtico, el primer ámbito para ejercitarlo es en la propia familia. En el caso de los padres, el amor a los hijos viene dado de forma casi connatural. Este amor facilita el conocimiento verdadero que permite luego acertar fácilmente en las necesidades reales de los propios hijos. Este ejemplo es imprescindible porque la única manera de formar en generosidad y sensibilidad humana es mediante el contagio cotidiano de buenas acciones ejercidas  una y otra vez, con constancia, sin alardes, de forma natural.

Sin embargo, este conocimiento no se ha de dar por supuesto. Hace falta un esfuerzo de dedicación de tiempo -uno de los bienes más valiosos en esta época-; para escuchar y conversar con cada hijo individualmente. Solamente así se tendrán presentes sus intereses e ilusiones. Un esfuerzo de cariño que se ha de notar, especialmente en los momentos más cruciales de su desarrollo; la adolescencia por ejemplo.

En el ámbito laboral, el liderazgo que transforma vidas y genera compromiso pasa primero por el esfuerzo sincero por comprender a cada uno de los compañeros de trabajo. Comprometerse con el bien verdadero de los demás, ver la propia tarea como servicio para luego cosechar confianza y compromiso.

El picaporte que abre la puerta de la formación de las otras personas no está accesible por fuera. Solamente se abre con el cariño, la comprensión y la preocupación sincera por el otro. Esto no se puede fingir ni comprar. Dejamos que nos ayuden a ser mejores solamente a las personas que se han ganado nuestra confianza, que nos conocen, con nuestros defectos y cualidades. Este amor es el presupuesto necesario para formar de verdad, en las lecciones que más interesan para la vida.

También el conocimiento y el amor son un presupuesto imprescindible en el trato con nuestros amigos. El esfuerzo por conocer al otro, dedicarle tiempo, hará que nos abramos a sus intereses y sepamos saltarnos el egoísmo de pensar solamente en nosotros, que es en el fondo el principal obstáculo con el que se enfrenta cualquier amistad.

Si quieres conocer a una persona, no le preguntes que piensa sino qué ama. Se puede tener el corazón lleno de cosas o personas. Para cualquiera que busque tener ordenado el suyo, lo lógico es que pesen más las personas. Ojalá fomentemos el deseo de llenar el nuestro con la preocupación efectiva por ayudar a ser mejores a todos los que nos rodean. El auténtico amor dilatará nuestras pupilas para saberles atender con una vida comprometida en servicio.

El “Tour de la verguenza”

El tour de la verguenza

El viernes pasado estuve en la entrega de víveres a unos padres de familia con hijos en el Instituto Tecnológico Taular. Se trata de un colegio de educación secundaria que brinda oportunidades de estudio a jóvenes de escuelas públicas de Tegucigalpa.

Me quedé profundamente conmovido cuando Marta, una de las promotoras de esa ayuda, me presentó a algunas de las madres presentes y sus historias. Una de ellas, que vive en una colonia aledaña a la Nueva Capital nos contó que acogió generosamente en su casa al compañero de su hijo. Su madre tuvo que salir de la ciudad por razones de seguridad y el joven, que es buen estudiante, no quizo perder su única oportunidad de estudio.

Fui escuchando otras historias de personas de condición humilde que llevan con heroísmo toda clase de carencias. A veces las necesidades de medicinas, educación o transporte apremian tanto que obligan a eliminar el único tiempo de comida que hacen al día. En ocasiones es difícil resolver el dilema entre dar alimentos a sus hijos o decidir enviarlos a recibir el pan del saber.

Vinieron a mi cabeza, por contraste, la vida fácil, cómoda y a veces necia -incluida la mía- en que pensamos tener todo resuelto. En estas condiciones es fácil mirar a otra parte y no darse cuenta de las necesidades apremiantes de los otros. Son tantos en este país con una vida irreal, desconectada de la necesidades de la mayoría. Viven de las apariencias gastando en lujos, fiestas y toda clase de despilfarros.

En esta línea, fue interesante la invitación de la presidenta del Colegio Médico, la Dra. Suyapa Figueroa, dirigiera a los ciento veintiocho diputados para hacer el “tour de la verguenza”. De esta manera conocerían de primera mano las condiciones en que funciona el Hospital Escuela Universitario. Me pareció una excelente forma de despertar de la superficialidad en la que viven algunos padres de la patria. Piensan resolver todo con base a leyes y decretos, algunos tan alejados de las necesidades verdaderas de nuestro país.

Hace algunos meses llegó a mi teléfono celular una gráfica. Decía lo siguiente: “Si Honduras fueran cien personas: sesenta y cinco viven bajo la línea de pobreza, cuarenta y siete trabajan en el sector informal sin protección laboral y social, cuarenta y cuatro no pudieron finalizar la educación secundaria, cuarenta y tres sobreviven con menos de Lps. 58 al día, veinte concentran la mitad de todos los ingresos económicos y una posee la cuarta parte de las tierras del país”. Alguno podría discutir la mejora de uno que otro de estos datos. Sin embargo, sólo basta con salir un poco de nuestro círculo de acostumbramiento o indiferencia para darnos cuenta que no son tan alejados de nuestra realidad.

Con motivo de los clamorosos casos de corrupción que están saliendo a la luz en estos días, pensé en la oportunidad de la recomendación de la Dra. Figueroa. Tal vez sería aleccionador que los amigos de los fondos públicos hicieran un “tour” por las escuelas que dejaron sin pupitres o los centros de salud que están sin medicinas. Tal vez, valdría la pena que conversaran con los empleados públicos de condición humilde que reciben un exiguo sueldo y además con tres meses de retraso.

Que alegría nos darían a muchos que los diputados acogieran la invitación a ese recorrido por el Hospital Escuela Universitario. Por mi parte, renuevo el deseo de acompañar a Dña. Marta en su próxima visita a las familias que generosamente atiende. Confío en las palabras con las que se despidió “esa visita le servirá para llenarse de fuerza”.