Clases de educación cívica

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Esta semana, pregunté a uno de mis estudiantes su opinión sobre la huelga de transporte reciente. Las palabras del adolescente de quince años fueron más o menos las siguientes: “No estoy muy enterado de esa situación. Este problema no es conmigo, al final siempre llegan a un arreglo”.
Hasta cierto punto puede ser disculpable esta actitud en un adolescente. Sin embargo no me quedé tranquilo. Improvisamos una breve lección de responsabilidad ciudadana. Nos adentramos en diversos temas que gracias a Dios se imparten en el centro escolar donde laboro:
-Para evitar ser objeto de manipulaciones y no caer en la indiferencia, debes desarrollar un criterio propio en los principales temas que afectan a nuestro país. ¿Sabes por ejemplo, que de acuerdo a los indicadores de la Cepal del año 2017, Honduras es el país más pobre de América Latina?
-No, no lo sabía -respondió el estudiante.
-Para tener criterio propio es necesario estudiar a fondo las diferentes cuestiones. La primera responsabilidad ciudadana es tener competencia profesional.
-Ah, yo saco buenas calificaciones…
Después hablamos de la tentación de superficialidad. Este mal lleva a no enterarse de lo importante y dedicar la vida a lo superfluo y frívolo. Se combate la superficialidad con la reflexión personal. El discurrir sobre las causas y las consecuencias requiere orden y tiempo. Desconfiar del propio criterio, tener la valentía de preguntar e informarse. Sirve mucho conversar con los que saben más que nosotros.
La indiferencia de preocuparse solamente por tener el estómago lleno se combate con la solidaridad. Basta con salir a la calle e ir por una ruta distinta a la habitual para ver con los propios ojos, de primera mano, tanta necesidad material y espiritual.
La pereza que paraliza y llena de buenas intenciones se resuelve sintiendo sobre los hombros las necesidades ajenas. Cómo puede alguien pensar exclusivamente en su propia diversión o descanso cuando existen tantas necesidades a su alrededor… Muchas personas esperan nuestra responsabilidad y confían en nosotros.
Esta misma semana compartí gratamente con dos amigos. Uno de ellos antiguo alumno. Regresaron de realizar estudios en el extranjero. Uno, recién graduado de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard y el otro, graduado de un Master en derechos humanos en la Universidad de Navarra. Me contagiaron con su alegría y entusiasmo por hacer las cosas bien y aportar en el desarrollo de Honduras. Ambos, excelentes profesionales, con la ilusión propia de la juventud y con muchas ideas para ser focos de transformación en nuestro país. Gracias a Dios, estos no son casos aislados.
Cuando el pesimismo intenta derrotar la habitual confianza que tengo en que nuestro país puede salir adelante, pienso en esos excelentes profesionales, buenos trabajadores, con criterios éticos, orgullosos de su país y con una profunda sensibilidad social que andan caminando por las calles de Honduras y del mundo.
Contemplar esos frutos, me llevan a darme cuenta que vale la pena la labor callada pero eficaz de tantos docentes que de una forma u otra hablan de responsabilidad ciudadana en sus clases.
Por mi parte, no me cansaré de repetir a mis estudiantes que se exijan. Que procuren dar lo mejor de sí mismos. Que tengan la ilusión de ir más allá de lo aparentemente necesario. Tal vez sería oportuno verificar que todos los jóvenes de Honduras reciben este mismo discurso y se hacen la pregunta que formuló hace años un conocido presidente: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”
 

Juan Carlos Oyuela

 

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