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No hay duda, la adolescencia es una etapa crucial en el proceso de maduración personal. En este tiempo, junto con los cambios físicos, psicológicos y morales aparece el deseo de independencia, natural en los jóvenes. Para los padres y educadores de todos los tiempos la relación con sus hijos en estas edades siempre significa un verdadero reto, especialmente en la actualidad, época en la cual la autoridad sufre una importante crisis. Además, crece la influencia de otros actores como los amigos, las redes sociales, la música y las series de televisión que pueden presentar un cambio de valores a los vividos hasta el momento en el ambiente familiar.
En esta semana, con ocasión de varias conversaciones con mis estudiantes, vinieron a mi memoria unas palabras dirigidas por el papa san Juan Pablo II a los jóvenes en 1985, les prevenía de «la tentación del criticismo exasperado que pretende discutir todo y revisar todo; o del escepticismo respecto de los valores tradicionales de donde fácilmente se puede desembocar en una especie de cinismo desaprensivo cuando se trata de afrontar los problemas del trabajo, de la carrera o del mismo matrimonio. Y ¿cómo callar ante la tentación que representa el difundirse –sobre todo en los países más prósperos– de un mercado de la diversión que aparta de un compromiso serio en la vida y educa a la pasividad, al egoísmo y al aislamiento? Os amenaza, amadísimos jóvenes, el mal uso de las técnicas publicitarias, que estimula la inclinación natural a eludir el esfuerzo, prometiendo la satisfacción inmediata de todo deseo, mientras que el consumismo, unido a ellas, sugiere que el hombre busque realizarse a sí mismo sobre todo en el disfrute de los bienes materiales. ¡Cuántos jóvenes, conquistados por la fascinación de engañosos espejismos se abandonan a las fuerzas incontroladas de los instintos o se aventuran por caminos aparentemente ricos en promesas, pero en realidad privados de perspectivas auténticamente humanas!».
La adolescencia es la época de las rebeldías. Los padres deben contar con esto, estar prevenidos y acompañar de cerca a sus hijos. Es lógico que ellos vayan aprendiendo a tomar sus propias decisiones, y los adultos deben saber respetar su espacio personal para facilitarles el ejercicio de su propia libertad.
Es necesario estar atentos, propiciar el clima de amor y confianza, necesarios para una educación auténtica. Es importante no exagerar los desatinos propios de la edad y saber comprenderles. Ser pacientes es de suma importancia para esperar el mejor momento de hacer una corrección cuando sea necesario.
En cualquier caso, es imprescindible estar cerca de ellos y tomar la iniciativa para suscitar conversaciones, en el momento adecuado. Hacerles razonar sobre posibles decisiones, algunas correctas y otras no. Al fin y al cabo, aunque a veces no lo parezca, los jóvenes están esperando de sus educadores la orientación, la firmeza y el buen ejemplo. Nosotros también fuimos adolescentes y seguramente recordaremos a los que con su actitud de apertura y disponibilidad nos ayudaron a sortear las dificultades propias de la edad.

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