Es el momento de la solidaridad

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Este fin de semana, con los muertos y damnificados por las inundaciones en nuestro país, quedaron al descubierto, una vez más, nuestras carencias y limitaciones. Ya habrá momento para hablar de ellas y del trabajo pendiente para minimizar los daños en eventos futuros.
No faltaron los desaprensivos, que aprovechan toda ocasión para destruir con sus palabras. Contemplé en las redes sociales como algunos con sus reproches dejaron al descubierto su falta de sensibilidad humana. Los desastres materiales se deberían a la falta de trabajo del gobierno, a la corrupción de los políticos, a las personas que tiran basura a las calles y a mil causas más. En mi caso, cuando siento la tentación de criticar me viene bien la consideración de estas palabras leídas hace tiempo:

“El que critica suele ser incapaz de actuar como piensa que otros deberían hacerlo: olvida que la murmuración y la crítica, al igual que la caridad, deben empezar por la propia casa, es decir, por uno mismo. Su ignorancia va acompañada de la soberbia, y de cualquier cosa relacionada con la envidia o los celos, porque quien hace la crítica está admitiendo su falta de capacidad o su fracaso personales.”

No es momento para críticas. Cuando está en juego la seguridad y el bienestar de tantos compatriotas, no queda más que volcar las fuerzas en acciones concretas de solidaridad. Gracias a Dios, igual que hace veinte años, con ocasión del Huracán Mitch, estas inundaciones dejaron también en evidencia el gran corazón de muchos buenos hondureños.
Circularon por las redes sociales, imágenes mostrando el trabajo responsable de muchos servidores públicos que nos dieron ejemplo de servicio desinteresado poniendo a salvo la vida y los bienes de muchos compatriotas. No puedo dejar de mencionar la entrega y el heroísmo de varios bomberos rescatando de las aguas del río Choluteca a un señor de edad avanzada o los miembros de la cruz roja que actuaron con prontitud para rescatar a una persona atrapada en su automóvil al caerle un árbol encima. Serán muchos los agentes policiales, empleados municipales, bomberos y personas particulares que no fueron noticia pero que para mí constituyen la reserva de solidaridad que sostienen en pie a nuestra sociedad. Algunos podrán decir que es parte de su deber. Por mi parte, no quiero dejar pasar la oportunidad para decirles gracias.
Dicen que en las dificultades se muestra lo mejor y lo peor de las personas. Para algunos, las tragedias sirven para remarcar las deficiencias. Para otros, yo incluido, ver a personas en dificultades, es una llamada para ponerse manos a la obra y colaborar desinteresadamente. Estas situaciones que sacuden nuestra seguridad, son una ocasión privilegiada para construir entre todos un proyecto común de sociedad más humana y solidaria.
Hemos de comenzar nosotros trabajando en la cultura de la prevención. Despertando en el día a día nuestra conciencia solidaria. Principalmente en nuestro entorno cercano; en la familia, con los que nos rodean. En primer lugar, aprendiendo a darnos cuenta de las necesidades ajenas y no pasar indiferentes. Para los que creemos en Dios, habituarse a rezar por las necesidades de personas puede ser un buen comienzo para luego pasar a acciones concretas.
La solidaridad es la virtud de la unidad, no de la división. Nos lleva a dar sin esperar nada a cambio. Se vive dejando de lado los intereses personales y poniendo en primer lugar las necesidades ajenas. Esta actitud ante la vida no se improvisa. Como decía Sally Koch,

“las grandes oportunidades para ayudar a los demás rara vez vienen, pero las pequeñas nos rodean todos los días”.

 

Juan Carlos Oyuela

 

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