La nueva religión del bienestar

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Uno de mis mayores placeres es entrar a las librerías. La mayoría de las veces solo para ver las novedades o las diversas ediciones de obras ya conocidas. En otros tiempos, me atraía la sección de libros de autoayuda. Hasta que conducido por un buen amigo, descubrí otros autores clásicos que decían lo mismo, mejor dicho y en menos páginas.
Basta dar un repaso rápido por los títulos de estos libros para descubrir promesas diversas. Desde aprender a ser millonario con la receta que empleó no sé que gurú (luego se descubre que hizo su dinero vendiendo libros y no precisamente aplicando sus consejos) hasta historias de cómo encontrar el éxito o la felicidad aplicando los principios del estoicismo o del budismo.
Encontré que la más famosa practicante de las artes del bienestar es la actriz Gwyneth Paltrow. Lanzó la marca de estilo de vida Goop en 2008 con un boletín semanal por correo electrónico con consejos para sus seguidores que, por ejemplo, “vigilaran sus pensamientos” y “eliminaran los alimentos blancos”, bajo el lema “Alimentar el aspecto interior”. Sus productos de bienestar, van desde el Jabón de Baño Desintoxicante Emocional hasta los suplementos vitamínicos. Goop se ha convertido en un imperio de estilo de vida valorado en 250 millones de dólares.
La cultura y los productos que promueven el bienestar creció vertiginosamente en los últimos cinco años desde “un interés marginal para una audiencia mayoritariamente femenina, hasta una industria multimillonaria que incluye suplementos nutricionales, masajes a la carta, ropa interior de época, tés enriquecidos con CBD, elixires de champiñones, y otros más”. Es claro que uno de los valores en boga de la sociedad es el autocuidado que hemos de procurar para tener vidas más prósperas y saludables.
Cuidar la propia salud y emplear consejos para ser más productivo o exitoso no debería ser un problema. Sin embargo, no se puede negar que esta preocupación por el confort, si no se cuenta con el debido enfoque y ayuda, puede degenerar en algunas personas en una obsesión enfermiza.
Sin el debido cuidado, se puede partir con el deseo exclusivo del propio bienestar y se puede terminar en una vida atrapada por el narcisismo, el miedo exagerado al sufrimiento, el rechazo al esfuerzo o una vida que busca a toda costa el placer.
Recuerdo que conocí hace años a un joven que el mismo temor a sufrir le atormentaba hasta el extremo que su vida era un auténtico calvario. Su imaginación desbocada le hacía intuir detrás de cada vuelta de esquina las catástrofes más escalofriantes.
Para muchos, la cultura del bienestar ha tomado incluso los matices de una verdadera religión. Siguen al pie de la letra las enseñanzas de supuestos gurús, participan en comunidades de apoyo, hacen viajes para participar en convenciones, llevan un estilo de vida que sería la envidia de un monje tibetano y siguen rituales que configuran por completo sus relaciones y compromisos laborales.
Sin embargo, aunque pareciera que comparten muchos elementos, la verdadera relación con Dios, la de las religiones monoteístas como la católica por ejemplo, avanza en una dirección totalmente opuesta. En lugar de centrar la atención en sí mismo, el verdadero amor a Dios lleva a salir de sí. En lugar de buscar la propia excelencia a costa de lo que sea, el ideal del auténtico amor es darse mediante el servicio y el sacrificio personal.
Así como una habitación cerrada es caldo de cultivo de gérmenes, una vida centrada en la propia excelencia termina por enfermar. Simplemente porque estamos hechos para alcanzar la plenitud mediante la entrega generosa a un ideal que pasa por aprender a amar sirviendo a los demás.
 

Juan Carlos Oyuela

 

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