Vuela como las águilas

Hacía tiempo escuché esta historia. La memoria me hacía dudar sobre algunos detalles. La versión más completa la encontré en Comparto con ustedes esta anécdota sobre cómo hacer las cosas de corazón, y cumplir. La primera pregunta que me lleva a hacerme es: ¿Tengo una misión clara y definida en mi vida?

Wally el taxista es una muestra de cómo plantearnos hacer nuestro trabajo con dedicación y excelencia. Lo que está hecho de la mejor manera nos mejora, deja una huella. Y al mismo tiempo es una preparación para ir creciendo en la calidad de nuestras labores futuras.

Él estaba haciendo fila para ir al aeropuerto, cuando un taxista se le acercó. Lo primero que Harvey notó fue que el taxi estaba limpio y brillante. El chofer muy bien vestido, con una camisa blanca, corbata negra y pantalones negros muy bien planchados, salió del auto, dio la vuelta y le abrió la puerta trasera del taxi a Harvey. Le alcanzó un cartón plastificado y le dijo: “Yo soy Wally, su chofer. Mientras pongo su maleta en el portaequipaje, me gustaría que lea mi misión”.
Después de sentarse, Harvey leyó la tarjeta: Misión de Wally: “Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera más rápida, segura y económica posibles, brindándole un ambiente amigable.”
Mi amigo Harvey quedó impactado. Especialmente cuando se dio cuenta que el interior del taxi estaba igual que el exterior, limpio, sin una mancha! Mientras se acomodaba detrás del volante, Wally le dijo: “¿La gustaría un café? Tengo unos termos con café regular y descafeinado”. Mi amigo, bromeando, le dijo: “No, preferiría un refresco”. Wally sonrió y dijo: “No hay problema, tengo un conservador con coca cola regular y dietética, agua y jugo de naranja”. Casi tartamudeando, Harvey le dijo: “Tomaré la coca cola dietética”. Pasándole la bebida, Wally le dijo: “Si desea usted algo para leer, tengo el Wall Street Journal, Time, Sport Illustrated y USA Today.”
Al comenzar el viaje, Wally le pasó a mi amigo otro cartón plastificado diciéndole: “Estas son las estaciones de radio que tengo y la lista de canciones que tocan, si quiere escuchar la radio”. Y como si esto no fuera demasiado, Wally le dijo a Harvey que tenía el aire acondicionado prendido y preguntó si la temperatura estaba bien para él. Luego le avisó cuál sería la mejor ruta a su destino a esa hora del día. También le hizo conocer que estaría contento de conversar con él, o si Harvey prefería, lo dejaría solo en sus meditaciones.
“Dime Wally -le preguntó mi asombrado amigo-, ¿siempre has atendido a tus clientes así?” Wally sonrió a través del espejo retrovisor y dijo: “No, no siempre. De hecho solamente los últimos dos años. Mis primeros cinco años manejando los gasté la mayor parte del tiempo quejándome, igual que el resto de los taxistas. Un día escuché en la radio acerca de Wayne Dyer, un “gurú” del desarrollo personal. El acababa de escribir un libro llamado “Tú lo obtendrás cuando creas en ello”. Dyer decía que si tú te levantas en la mañana esperando tener un mal día, seguro lo tendrás, muy rara vez te frustrarás. Él decía: “Para de quejarte, sé diferente de tu competencia. No seas un pato. Sé un águila, para alcanzar la cima”. Esto me llegó a mí en medio de los ojos -dijo Wally. Dyer estaba realmente hablando de mí. Yo estaba todo el tiempo haciendo bulla y quejándome. Entonces decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Miré alrededor a los otros taxis y sus choferes. los taxis estaban sucios, los choferes no eran amigables y los clientes no estaban contentos. Entonces decidí hacer algunos cambios. Uno a la vez. Cuando mis clientes respondieron bien, hice más cambios”.
“Parece que los cambios se han pagado” -le dijo Harvey.
“Sí, seguro que sí -le dijo Wally-. Mi primer año de águila, dupliqué mis ingresos con respecto al año anterior. Este año posiblemente lo cuadriplique. Usted tuvo suerte de tomar mi taxi hoy. Usualmente ya no estoy en la parada de taxis. Mis clientes hacen reserva a través de mi celular o dejan mensajes en mi contestadota. Si yo no puedo servirles, consigo un amigo taxista confiable para que haga el servicio”. Wally era fenomenal. Estaba haciendo el servicio de una limusina en un taxi normal.
Posiblemente haya contado esta historia a más de cincuenta taxistas, y solamente dos tomaron la idea y la desarrollaron. Cuando voy a sus ciudades, los llamo a ellos. El resto de los taxistas hacen bulla como los patos y me cuentan todas las razones por la que no pueden hacer nada de lo que les sugería.
Wally, el taxista, tomó una diferente alternativa. El decidió dejar de hacer bulla como los patos, y volar por encimadle grupo, como las águilas. Los patos hacen bulla. Las águilas vuelan alto.

Que diferente es la vida planteada para vivirla como las águilas a contentarse con ir tirando y dejarse llevar por la rutina. La diferencia está en hacer cada trabajo por amor, cuidando los detalles con heroísmo.

Prevenir la pornografía en los niños

Me encontré con un artículo interesante en el que Kristen Jenson, madre de familia, junto a la doctora Gail Poyner, psicoterapeuta experta en adicciones, apoyándose en el trabajo de psicólogos, neuropsiquiatras y pedagogos, mencionan cómo escribieron el libro «Imágenes buenas, imágenes malas» (Glen Cove Press). El propósito del libro es ayudar a niños de entre 6 y 10 años –y a sus padres– a combatir la pornografía de forma eficaz.
«el cerebro infantil es más vulnerable al porno porque está diseñado para imitar lo que ve, cuenta con menor control” y además el porno «altera las vías neuronales, desencadena una adicción que a menudo es más difícil de superar que la drogodependencia», y pueden llegar a «actitudes sexuales insalubres» que condicionan las relaciones humanas.
No sólo es necesario controlar los dispositivos y los filtros sino que es necesario que los propios niños tengan también sus propios filtros. Aunque dicen los autores que «los filtros de internet son importantes, pero no bastan. Cuando se trata de niños y pornografía, la ignorancia es riesgo».
El libro traza con sencillez los mecanismos del cerebro, y da estrategias, especialmente, el plan PUEDO, que es el acrónimo de cinco pasos para que los niños establezcan «sus propios filtros internos».
La «P» es de «Parar de mirar»: Bastan pocos segundos para que una imagen pornográfica se fije en la memoria y despierte el deseo de consumir más. Jenson y Poyner recomiendan cerrar o apagar el dispositivo sin mirar la pantalla.
La «U» es de «Un adulto de confianza»: Mantener la pornografía en secreto nunca es buena idea. La imagen mala puede molestar más si no se lo cuento a nadie. Un adulto de confianza tiene que saberlo siempre.
La «E» es de «Etiquetar lo visto»: Si se topan con porno, recomiendan: «Dilo en voz baja: ‘¡Eso es pornografía!’. Ponerle nombre ayuda a mi cerebro a saber lo que es, y a rechazarlo».
La «D» es de «Distraerme con otra cosa»: Si me molesta una imagen –explican– puedo distraerme con otra cosa positiva, interesante, o que implique esfuerzo físico. Así se distrae la atención y, al tomar esa decisión, “fortalece” la parte del cerebro que regula el autocontrol, la voluntad y la distinción entre el bien y el mal.
La «O» es de «Ordenar al ‘cerebro de pensar’ que mande»: Apoyado en un amplio conocimiento en la neurociencia, el libro mencionado usa el símil de los dos cerebros: el de sentir y el de pensar. Una forma de ordenar a mi cerebro de pensar que se ponga al mando es que se comunique con mi cerebro de sentir: ‘Cerebro de sentir, puede que sientas curiosidad por ver más imágenes malas, pero elijo usar mi cerebro de pensar para permanecer libre’”. Mi cerebro de pensar “me ayuda a tomar decisiones inteligentes” y “si lo ejercito puedo hacerlo más fuerte”.

El mandamiento nuevo… en educación

 

Ninguno que quiera dedicarse a la enseñanza debe olvidarse de su primera responsabilidad; estar constantemente aprendiendo y llenándose de aquello que quiera dar a otros. Para enseñar, más que hablar, se trata de escuchar mucho y aprender de todo. La transmisión de la fe, o de cualquier otra virtud, se realiza siempre por desbordamiento, por rebalse… solamente se da lo que se tiene. Y esto no a un nivel aceptable, sino que casi siempre de forma ejemplar y eximia. No basta vivir de las rentas pasadas, sino que ha de ser un empeño mantenido con constancia, a diario.

En mi experiencia docente me encuentro cada vez con más adolescentes a los que se les dificulta aceptar algunas enseñanzas de la Iglesia. El testimonio, que encontré en el excelente artículo El ateísmo juvenil y la educación cristiana me dejó pensando…

Yo creo que no se trata tanto de si crees en Dios o no, sino más bien de cómo lo haces. Fui a un colegio católico y hasta 3º de la ESO [educación secundaria] iba a misa todos los domingos; hasta llegué a recibir la confirmación. Ahora me considero atea; esta postura tiene muchísimas más causas de las que podría escribir aquí. En la universidad es un tema que sale en las conversaciones con mis compañeros cristianos. Mi amiga Ainhoa, por ejemplo, me comentó que ella es creyente, pero que no va a la iglesia porque vive su fe de otra manera más personal en su intimidad; describe su relación con Dios como más “privada” que la de otros que sí van a misa.
En ningún momento quiero decir qué está bien y qué está mal, pero uno de los motivos de mi deserción fue la incoherencia que veía. Se predicaba el amor, el respeto y la tolerancia, y yo no los veía en las personas que repetían ese discurso. Veía a veces malas caras e insultos hacia personas que no encajaban en el molde tradicional, vejaciones a las personas homosexuales y una aparente superioridad moral que estaba muy lejos de la humildad que orgullosamente exhibían como suya.
Me dolía también lo que sentía como autoritarismo, como imposición de que hay una manera establecida para relacionarte con Dios, y yo no lo veía así. Cada cual es persona y por ello, de alguna forma, única. Una relación tan importante como ha de ser la que tengas con quien consideras tu Creador, no puede ser rígida ni impuesta, igual que en cada familia es diferente la relación entre padres e hijos. […]
La religión cristiana pone sus bases en valores que en teoría son moralmente buenos, pero no estoy segura de si se llevan bien a la práctica. Creo que una forma de vida cuyo Mesías dijo “Amad al prójimo como yo os he amado” tiene que estar presidida por el respeto, incluso a personas que no piensan lo mismo. Y me repito: no lo veo en ningún lado. Lo que sí percibo son desprecios, miradas por encima del hombro, empatía solo hacia los que piensan igual, y falta de comprensión y de ganas de comprender hacia los que difieren. […] Creo que tiene que ser maravilloso tener algo que guíe tu vida, pero creo que debe estar guiado por el amor”.

Y como la virtud esencial, la que da forma a las demás es el amor, me pareció que la lección primordial, que nunca debemos olvidar los maestros, es aquella indicación mencionada por Jesús hace más de dos mil años: «Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros…». Tal vez esto es lo primero que deberíamos examinar los que tenemos la misión de enseñar, ya sea en la familia o frente a un grupo de estudiantes. Más que un conjunto de conocimientos y lecciones, los jóvenes están deseosos de encontrar testimonios de vida creíbles y auténticos.

Mi gratitud a la Iglesia Católica

Fui bautizado católico a los cuatro años. Mis padres quisieron hacerlo simultáneamente con mi hermano menor en la Iglesia Los Dolores. Como único recuerdo tengo la fotografía frente a la Iglesia junto a mi hermano, padres y padrinos. La siguiente escena de mi relación con la fe viene cuatro años después. En tercer grado, acudí a catequesis para preparar la primera comunión en mi barrio natal El Bosque. Unas piadosas catequistas nos ayudaban a dar razón y sentido a nuestra fe haciéndonos repasar oraciones y pasajes bíblicos. Tengo guardado en la memoria el domingo soleado en la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes cuando tuve la inmensa alegría de recibir por primera vez a Jesús Sacramentado de manos del P. Pereira. No olvido la recomendación de mi abuela Ernestina de rezar un padrenuestro después de recibir la Comunión y por supuesto, tengo grabada la celebración familiar con el almuerzo en la casa de mí otra abuela, María Magdalena.
Antes de cumplir los quince años, recibí las clases de preparación para la confirmación en la Catedral de Tegucigalpa. Además de las sabias recomendaciones de un sacerdote mayor, recuerdo la tradicional “cachetadita” prevista en la liturgia de mano de Mons. Héctor Enrique Santos durante la ceremonia.
Ya en el segundo año de universidad, tuve la suerte de participar del ambiente de formación en la Residencia Universitaria Guaymura en colonia la Reforma de Tegucigalpa. Me atrajo el ambiente serio de estudio y al mismo tiempo la alegría y la relación con otros universitarios que asistíamos a formación doctrinal católica. Los sábados dábamos clases de catequesis a niños de la colonia San Miguel en un primer momento y luego de la colonia Estados Unidos al lado de colonia El Sitio. En ese mismo lugar, nos enteramos de una anciana que tenía su casa a punto de caerse al lado de un barranco y tomamos la iniciativa de construirle una casa nueva. No éramos carpinteros expertos, pero entre todos, sábado a sábado fue avanzando el proyecto hasta concluirlo.
Me parece que mi historia no es especial. Seguro que muchos podrían contar también historias similares de su infancia y juventud. Tantas experiencias positivas y agradables que muestran cómo Dios forjó poco a poco, sirviéndose de muchas personas, la alegría de la fe que nos alegramos de profesar hoy en día. Al menos en mi caso, puedo mencionar que solamente he recibido invitaciones a ser más generoso, más abnegado en el servicio de los demás, a ser buen profesional, respetuoso de las leyes y dentro de mis posibilidades, piadoso y testigo del amor que Dios nos tiene a todos.
Ante diversas noticias que han circulado en estos días en relación con nuestra Iglesia Católica me pareció que sería desagradecido de mi parte no dejar constancia de todas las cosas buenas que he tenido la fortuna de recibir en estos años. Es verdad que existen dificultades —las que ponemos tristemente los cristianos con nuestra falta de fe y de lucha— pero es de justicia también hacer balance y no dejar de mencionar la vida de servicio y entrega de miles de católicos, pastores y fieles, que no hacen ruido y que sostienen con su entrega y ejemplaridad la vida de tantos otros que van por el mundo necesitados de ayuda espiritual y material.
Es verdad que en el mar agitado de esta vida también existen dificultades. Jesús las tuvo también. Pero no olvidemos que incluso estas imperfecciones están previstas en los planes de la providencia divina para espolear nuestra generosidad en la oración de unos por otros. Para poner nuestra seguridad exclusivamente en Dios y estar más cerca de los instrumentos previstos por Él para fortalecer la comunión.

Reducir la pobreza

Uno de estos días escribí una cita en mis redes sociales. La tomé del artículo «Estamos progresando y usted no lo sabe» de revistadelibros.com. Se trata de la siguiente: “Un hecho chocante es lo poco que en apariencia haría falta para resolver el problema de la pobreza en el mundo. Bastaría, por ejemplo, con que cada adulto estadounidense transfiriera un dólar al día a los habitantes pobres del resto del mundo para que todos ellos rebasaran el umbral de la pobreza. Si en esta cruzada contra la pobreza intervinieran otros países ricos, sería suficiente con que cada uno donase medio dólar diario, o incluso algo menos. Esto parece que debería servir de reclamo estridente para que los países ricos ayudasen a los pobres a salir del hoyo.”
Después de una primera buena impresión, descubrí que la cita no me convencía. Pensé entonces en ciertos programas paternalistas que intentan resolver la pobreza repartiendo dinero o bienes de primera necesidad. Desafortunadamente Honduras es un caso digno de estudio. En los últimos años se invirtieron miles de millones de dólares en los programas sociales y curiosamente no estamos mejor en ninguno de los indicadores de desarrollo humano. Por supuesto, mi intención no es criticar. La solidaridad es importante y necesaria, sin embargo, algo no debe estar funcionando.
El post no pasó desapercibido. Carlos, buen amigo de Guatemala, escribió el comentario: «Con eso no resolvés el problema de la pobreza, sólo alivias temporalmente una necesidad». Respondí de esta manera: «Tienes razón. Al final solo se resuelve con educación, oportunidades y libertad para que cada uno sea artífice de su propio desarrollo». Carlos añadió: «Así es. La pobreza va más allá, mucho más, de lo material».
Miriam, también añadió un comentario: »Mi querido Juan Carlos la pobreza va a donde los gobernantes quieran llevarnos. De qué sirven títulos de doctores, abogados, maestros etc si nosotros como pueblo no hacemos nada. Nuestro país Honduras es pobre hasta donde el gobernante quiera, así de simple».
Al final, descubrí la razón de mi inconformidad con la cita inicial. Centrar el propio desarrollo en la generosidad ajena es siempre una vía fácil de enunciar pero representa un callejón sin salida. Vivir de la limosna nos hace más dependientes. Me parece más correcto plantear la solución en términos de la propia responsabilidad. El auténtico desarrollo no es asunto de disponer o no de ciertos medios económicos. Es un proceso que requiere el crecimiento y la colaboración de cada ciudadano de acuerdo a sus propias capacidades. No existe solución fácil. Hace falta plantearse hacer nuestros deberes lo mejor que podamos; el trabajo y el estudio hechos con esfuerzo, con amor y competencia.

Publicado en Diario El Heraldo

19 de marzo de 2019

Malala, un ejemplo de valentía

Cuando leí la historia de esta niña pakistaní me impactó. Tuvo la audacia, desde la tierna edad de 11 años, de levantar la voz en contra de las injusticias en su país. Nos enseña a perder el miedo en defensa de la justicia y los derechos de los más pobres y desfavorecidos. Podría parecer que la acción sencilla de escribir en un blog no tiene mucha importancia. Sin embargo, en la tarea de hacer el bien, todo cuenta, incluso las pequeñas acciones.

“Malala Yousafzai ha pasado a ser un símbolo icónico del derecho universal de las niñas a la educación. Con su lucha y su valentía se ha convertido en una destacada portavoz de los derechos de la mujer. “Ha demostrado con su ejemplo, bajo las circunstancias más peligrosas, que los niños y los jóvenes también pueden contribuir a mejorar su propia situación”, decía el comunicado del comité que concedió el premio Nobel.” (interrogantes.net)

“Malala Yousafzai nació en 1997 en Mingora (Pakistán), y en octubre de 2014, a los 17 años, recibió el Premio Nobel de la Paz y pasó a ser la persona más joven premiada con este galardón en cualquiera de sus categorías en toda la historia. A principios de 2009, cuando aún no tenía 12 años de edad, Malala empezó a escribir un blog en línea en la BBC, en lengua urdu, bajo el seudónimo Gul Makai. En sus relatos iba contando el transcurrir de su vida bajo el régimen del temible Tehrik e Taliban Pakistan (TTP), grupo terrorista vinculado a los talibanes, que estaba intentando tomar el control del valle del río Swat. Las escuelas privadas habían recibido orden de cerrar a través de un edicto talibán que prohibía también la educación de las niñas. Trataban de imponer su interpretación de la Sharia y habían destruido cerca de 150 escuelas en el último año. Malala seguía escribiendo en ese blog y era cada vez más conocida por su encendida defensa de los derechos civiles. Pero su lanzamiento definitivo fue el verano de que aquel mismo año 2009, con el documental Class Dismissed: The Death of Female education, dirigido por Adam Ellick e Irfan Asharaf, del New York Times, que mostraba la vida de Malala y su padre, Ziauddin Yousafzai, y cómo la educación de las mujeres era casi imposible en aquellos lugares. El 9 de octubre de 2012 Malala fue víctima de un atentado en Mingora a manos de un miliciano del TTP. Aquel hombre, después de abordar el vehículo que servía como autobús escolar, le disparó en repetidas ocasiones con una pistola impactándole en el cráneo y en el cuello. El portavoz del TTP, Ehsanullah Ehsan, afirmó que intentarían matarla de nuevo. Dos estudiantes que iban en el mismo autobús también fueron heridas. Malala fue llevada en helicóptero a un hospital militar. El atentado suscitó inmediatamente la condena internacional y el día 15 fue trasladada al Queen Elizabeth Hospital de Birmingham, en Reino Unido, para seguir con su recuperación, donde tuvo que continuar con la rehabilitación y fue sometida a una cirugía reconstructiva. Después de implantarle una placa de titanio y un dispositivo auditivo, Malala regresó a las clases en una escuela secundaria británica en Birmingham: “Volver al colegio me hace muy feliz. Mi sueño es que todos los niños en el mundo puedan ir a la escuela porque es su derecho básico”, afirmaba en unas declaraciones a la prensa.” (interrogantes.net)

Algunos escritos del blog de Malala nos pueden servir de muestra de la calidad humana de esta joven.

Sábado 3 de enero. Tengo miedo

Tuve un sueño terrible anoche en el que había helicópteros del Ejército y talibanes. Tengo esos sueños desde ue se lanzó la operación militar en el Swat. Fui a la escuela con miedo porque el Talibán había emitido un edicto en el que prohíbe que las niñas vayamos a la escuela. (…) Mis tres amigas se fueron con sus familias a Peshawar, Lahore y Rawalpindi después del edicto. (…) Mientras iba a la escuela escuché a un hombre decir “Te voy a matar’. Apuré el paso y cuando miré hacia atrás el hombre venía detrás de mí. Pero, para mi gran alivio, él estaba hablando por teléfono así que debía estar amenazando a alguna otra persona.

Domingo 4 de enero: Debo ir a la escuela

Hoy me levanté tarde, a eso de las 10 de la mañana. Antes de la operación militar solíamos ir de picnic los domingos. Pero ahora la situación es tan mala que no hacemos un picnic hace más de un año y medio. (…) Hoy hice tareas del hogar y jugué con mi hermano. Pero el corazón me latía rápido porque mañana tengo que ir a la escuela.

Lunes 5 de enero: No uses vestidos de colores

Me estaba vistiendo para ir a la escuela y me iba a poner el uniforme pero me acirdé de que la directora nos había dicho que no usáramos el uniforme sino nuestra ropa habitual. Así que me puse mi vestido rosa favorito. (…) Más tarde, en la escuela, nos dijeron que no usáramos ropa de colores porque el Talibán no estaría de acuerdo.

Miércoles 7 de enero: Ni fuego ni temor

Vine a Bunaria a pasar Muharram (día de fiesta musulmán). Me encanta Bunair por sus montañas y exuberantes campos verdes. Mi Swat también es muy hermoso, pero no hay paz. En Bunair hay paz y tranquilidad. Tampoco hay fuego ni temor alguno. Todos estamos muy contentos.

Miércoles 14 de enero: Quizás no vaya más a la escuela

Hoy estaba de mal humor mientras va a la escuela porque mañana empiezan las vacaciones de invierno. El director anunció las vacaciones, pero no mencionó la fecha en que la escuela volverá a abrir. Es la primera vez que ocurre esto.En el pasado la fecha de reapertura fue anunciada siempre con claridad. (…) Mi conjetura es que el Talibán va a prohibir la educación de las niñas desde el 15 de enero.(…) Como hoy era el último día de nuestra escuela, hemos decidido jugar en el patio un poco más.

Jueves 15 de enero: Noche de disparos

Hubo disparos de artillería toda la noche y me desperté tres veces. Pero como no había escuela, me levanté más tarde, a las 10. (…) Hoy leí mi diario escrito para la BBC (en urdu) y publicado en el periódico.

A mi madre le gusta mi seudónimo ‘Gul Makai’ y le dijo a mi padre, ¿por qué no cambiarmos su nombre por el de Gul Makai? A mí también me gusta, porque mi nombre verdadero significa “dolor afligido”.

Mi padre me contó que hace unos días alguien le trajo un copia impresa de este diario diciendo lo maravilloso que era. Mi padre sonrió, pero ni siquiera podía decir que eso había sido escrito por su hija.

Puedes ver el blog de Malala en el siguiente link: http://www.malala-yousafzai.com/

El documental «Class Dismissed: The Death of Female education» se puede ver en: https://www.nytimes.com/video/world/asia/100000001835296/class-dismissed-malala-yousafzais-story.html

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¿QUÉ LE ACONSEJARÍAS A ISIDORO?

El esfuerzo por mejorar en las virtudes se puede enfocar de muchas formas. Se puede plantear de forma negativa, tratando de erradicar un defecto. Aunque la experiencia de personas de todas las culturas y de distintas épocas, nos enseñan que es mejor plantear la estrategia de forma positiva. El esfuerzo por ser mejor se vuelve mucho más atractivo si nos planteamos ocupar nuestro tiempo haciendo el bien y avanzando mediante muchas acciones positivas en las virtudes que deseamos alcanzar.
Incluso, para los que ven presente un gran defecto en sus vidas, siempre se puede dar la vuelta al planteamiento. Buscar la virtud opuesta a ese vicio. Por ejemplo, si descubrimos que la pereza es nuestro principal enemigo, la estrategia de lucha sería trabajar la diligencia y el orden, por ejemplo. Al final se trata de fortalecer el amor natural que todos tenemos por el bien y por hacer cosas buenas.
También se puede plantear la estrategia descubriendo cuáles son las virtudes que tenemos más arraigadas. En este caso, se trataría de apoyarnos en esas cualidades buenas que todos tenemos para apalancar la mejora en los puntos que vemos como negativos. Los clásicos hablaban de que existía una «conexión» entre todas las virtudes. La «Conectio virtutum» se puede representar mediante el principio físico de los vasos comunicantes. Subir el nivel del agua en uno de los conductos, hace que todos suban de nivel. Si mejoramos en fortaleza, por ejemplo, diciéndonos que no a pequeños caprichos, esto repercutirá necesariamente en que mejoremos en amabilidad y en espíritu de servicio en los demás.
Tengo un amigo que hizo el test de 24 virtudes de Martin Seligman. Por razones de espacio no entraré a describirlo. Baste con decir que este prestigioso profesor de la Universidad de Pensilvania desarrolló una propuesta de clasificación de virtudes.
Vamos a llamar a este amigo Isidoro. El test consta de 240 preguntas. Está disponible en esta dirección: https://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/es/user/login?destination=node/629 para acceder es necesario inscribirse mediante un usuario y un password.
Después del test, Isidoro encontró que sus cinco fortalezas, en orden de importancia, son las siguientes:

  • Curiosidad, interés por el mundo: Es un intenso deseo y motivación por explorar la información novedosa de nuestro alrededor.
  • Espiritualidad, fe, sentido religioso: La espiritualidad es la fortaleza más humana y sublime, consiste en tener creencias coherentes sobre un significado y una finalidad en la vida que trasciende nuestra existencia.
  • Amor por el conocimiento y el aprendizaje: Esta fortaleza psicológica es la que genera la motivación en las personas para adquirir nuevas habilidades, conocimientos o experiencias.
  • Sentido de la justicia, equidad: Esta fortaleza conlleva el desarrollo de habilidades para el consenso equitativo, la sensibilización con la justicia social, la expresión de compasión por los demás y la perspicacia necesaria para comprender las relaciones y obtener resultados equitativos.
  • Liderazgo: El líder es aquella persona que es capaz de influir en los demás. Es la referencia dentro de un grupo (ya sea un equipo deportivo, un curso universitario, una compañía de teatro, el departamento de una empresa, etc.). Es la persona que lleva “la voz cantante” dentro del grupo; su opinión es la más valorada.
    Estos son los valores o virtudes que están más directamente conectados con las necesidades de felicidad y trascendencia de mi amigo. Si solamente contáramos con esta información ¿Cómo le ayudarías a plantear un plan de mejora? Sería interesante que tomaras papel y lápiz e hicieras el esfuerzo por proponerle a Isidoro actividades y motivaciones que le ayudaran a explotar de mejor forma sus talentos.
    Se me ocurre que un plan de mejora podría ser:
  • Curiosidad, interés por el mundo. Esta fortaleza hace que se posea una gran inquietud intelectual. Se desea buscar conocimientos, se tienen hambres por saber de todo. Sin embargo, también se puede convertir en un defecto porque puede llevar a saber un poco de todo, a comenzar múltiples proyectos pero no tener la perseverancia para terminar ninguno. Yo le plantearía a Isidoro que tuviera un tiempo diario fijo de estudio. 15 minutos o media hora podrían bastar. Atención, me refiero a estudio, no lectura. La inquietud de saber se debe dirigir a profundizar no a saber poco de muchas cosas. Podrían haber muchas propuestas más pero me quedaría en esta para comenzar.
  • Espiritualidad, fe, sentido religioso. Es un aspecto muy positivo que puede dar una gran sentido del por qué y para qué de la vida. Sería interesante que Isidoro tuviera algunas momentos diarios para meditar y conversar con Dios. Tener esas prácticas y momentos definidos puede ayudar a ser constantes.
  • Amor por el conocimiento y el aprendizaje. En este momento, lo conectaría con lo propuesto al inicio. Más adelante sería interesante ver los puntos fuertes y débiles en la formación intelectual y Isidoro y hacer un plan de estudio y lectura de acuerdo a sus necesidades.
  • Sentido de la justicia, equidad. En esta línea le plantearía a Ignacio que desarrollara una iniciativa, solo una, en la que pueda colaborar para ayudar a personas que son víctimas de las injusticia, la pobreza o la marginación. Existen muchas posibilidades de voluntariado en las que podría colaborar. Más adelante, incluso se podría plantear a Isidoro que él mismo propusiera alguna iniciativa que genere impacto en su comunidad.
  • Liderazgo. Se ve que Isidoro tiene talentos para servir a los demás organizando y dirigiendo. Podría unir este talento con cualquiera de los puntos anteriores. Por ejemplo, que liderara un grupo de promoción social o de la cultura.
    Para simplificar el plan de mejora, tal vez valdría la pena comenzar con los puntos 1, 2 y 4. Obviamente esto es completamente opinable y desde luego, estaría sujeto a la disponibilidad de tiempo y a las preferencias del mismo Isidoro. Para que el plan avance, el mismo interesado debe ser el principal protagonista. Valdría también la pena que Isidoro contara con la ayuda semanal de un coach que le ayude a mantener el rumbo y la constancia.
    Desde luego, esto es solamente un ejemplo. Existen muchas alternativas para plantear la solución. Tal vez el puesto aquí se vea extremadamente simple, pero para mejorar de verdad, es mejor la constancia en pequeños propósitos que grandes esfuerzos que duran poco tiempo.

Si hicieras el test y me enviaras tus virtudes, estaría totalmente disponible para ayudarte a elaborar un plan similar.

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UNA RESPUESTA ADECUADA ANTE LA INJUSTICIA

Me gusta la siguiente historia porque es un ejemplo de misericordia y perdón. Muchas veces nos encontramos con acusaciones injustas y la tentación de devolver mal por mal está a la vuelta de la esquina.

Una forma de cambiar nuestra sociedad dividida por la intolerancia es atreverse a dar una respuesta novedosa. Que solamente podemos dar con la ayuda de Dios. Es más, para mí, una de las demostraciones de que Dios existe es que existen personas que son capaces de cambiar el odio por la misericordia.

Esta historia también nos enseña que las generalizaciones siempre son injustas. Ante los casos de abusos de menores por parte de algunos sacerdotes de la Iglesia Católica, se ha de ser claros y buscar la justicia. Pero también, respetar el debido proceso y partir de la presunción de inocencia. Cualquiera puede lanzar una acusación, pero cada caso es único. Y en atención a la justicia, debe ser investigado con objetividad.

A mediados de los años 90 el Cardenal Bernardín se vio acusado ante los Tribunales de Chicago por abuso sexual por un seminarista llamado Steven Cook.

Como él narra en su libro “El don de la paz” (The Gift of Peace) decidió enfrentarse a esta terrible acusación con la fe en la verdad, puesto que, de lo profundo de su corazón salían las palabras del Señor “La verdad os hará libres” (Jn. 8,32). Su primera reacción fue escribir una carta a su acusador en la que con su instinto de pastor, le pedía reunirse con él, pues estaba convencido de que tenía problemas, para rezar. Tras cien días de proceso judicial, que habían sido precedidos de una terrible campaña, protagonizada por la cadena “liberal” CNN, el Tribunal acordó, ante lo infundado de la acusación, archivar el caso.

El Cardenal decide no abrir uno nuevo contra el falso acusador porque “no quería disuadir a personas que verdaderamente habían sufrido un abuso sexual que continuasen con sus reclamaciones”.

Conocedor de la triste situación de su acusador, Steven Cook, enfermo de Sida, el Cardenal le encomienda en sus oraciones y busca la oportunidad de encontrase con él. A través de la madre Cook, recibe el mensaje de que éste lo desea. La entrevista tiene lugar el 30 de diciembre de 1994 en el Seminario “San Carlos Borromeo” de Filadelfia y Steven pide perdón al Cardenal y la conciliación desemboca en la celebración de una misa en la que Steven recibe de manos del Cardenal la unción de los enfermos. La reconciliación es perfecta, la realidad de la Iglesia como familia espiritual cobra todo su sentido. Steven Cook mantiene relación epistolar con el Cardenal y muere en casa de su madre el 22 de septiembre de 1995, totalmente reconciliado con la Iglesia Católica, diciendo que este era el regalo para ella.

La grandeza de esta conducta del Cardenal contrasta con la zafiedad con la que se presentó a la Iglesia Católica en este supuesto caso escandaloso. Después de aclararda la verdad, lamentablemente la heroica actitud del Cardenal no tuvo casi ninguna repercusión en los medios de comunicación. Las declaraciones del sacerdote que le acusó falsamente tuvieron una enorme cobertura mediática en todo el mundo, pero su retractación apenas fue difundida. El Cardenal Bernardín sufrió mucho con todo este proceso. A los pocos meses se le descubrió un cáncer de páncreas del que fue operado. Tiempo después el cáncer vuelve a manifestarse en el hígado. Tomó la decisión de rechazar la quimioterapia y vivir en plenitud los días que le quedasen hasta regresar a la morada del Padre. Finalmente, el Presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, le concedió la más alta distinción del pueblo norteamericano, “La medalla de la Libertad”, por su espíritu conciliador, entrega al prójimo y atención a los enfermos y menesterosos.

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MIEDO A DECIR LA VERDAD

Leí hace años un ejemplo que muestra cómo las personas se retraen de expresar su propia opinión ante la presión de un grupo. Es la llamada “paradoja de Abilene”. Fue narrada en 1988 por Jerry B. Harvey en su libro “The Abilene Paradox and other Meditations on Management”.

“Una calurosa tarde en Coleman (Texas), una familia compuesta por un matrimonio y sus suegros están muy animados jugando al dominó cómodamente a la sombra en su pequeño jardín. De repente, el suegro propone hacer un viaje a Abilene, ciudad distante 80 kilómetros. La mujer dice «Suena muy bien, una gran idea», pese a tener sus reservas porque el viaje promete ser largo y caluroso, pero piensa que sus preferencias personales no coinciden con las del resto del grupo. Su marido dice: «A mí me parece bien. No sé si tu madre tendrá ganas de ir.» La suegra después asegura: «¡Por supuesto que quiero ir. Hace mucho que no vamos a Abilene!». Así, todos de acuerdo, emprenden viaje. Hay mucho tráfico y mucho calor, por lo que el desplazamiento resulta largo y pesado. Cuando por fin llegan a Abilene, dan una vuelta por el poblado y no encuentran ningún sitio interesante para disfrutar, ni para hacer una parada. Entran en una cafetería y acaban disgustados por el mal servicio y la pésima comida. Finalmente deciden regresar y, después de varias horas de camino, están de nuevo en casa, totalmente agotados y decepcionados. A la llegada, uno de ellos, con cierta intención, dice: «¿Fue un gran viaje, no?». La suegra explica entonces que, de hecho, hubiera preferido quedarse en casa, pero apoyó la idea porque los otros tres parecían estar muy entusiasmados. El marido dice: «Vaya, pues yo solo fui para satisfaceros a vosotros». La mujer añade: «Pues yo igual, solo fui para agradaros. No me apetecía nada salir con el calor que hace». El suegro por último confiesa que él lo había sugerido únicamente porque le pareció que los demás lo estaban deseando. El grupo se queda perplejo por haber decidido en común hacer un viaje que ninguno de ellos quería hacer. Cada cual hubiera preferido quedarse sentado cómodamente en el jardín, como estaban, pero no llegaron a decirlo cuando todavía tenían tiempo para quedarse a disfrutar de la tarde allí.” (interrogantes.net)

En este caso, las consecuencias del temor a expresarse no son tan graves. Sin embargo, en otras ocasiones, las omisiones pueden significar la diferencia entre la vida o la muerte.

En su libro «Conversaciones Cruciales», Ron McMillan cuenta una historia en la que varios profesionales de la salud se abstuvieron de decir lo que pensaban. Tal vez por temor a quedar mal.

“Una mujer ingresó en un hospital para que le operaran de las amígdalas, y el equipo quirúrgico le amputó por error una parte del pie. ¿Cómo pudo suceder esta tragedia? En realidad, ¿cómo se explican las casi 200 000 muertes hospitalarias al año en Estados Unidos debidas a errores humanos?1 En parte, porque muchos profesionales de la salud tienen miedo a decir lo que piensan. En este caso, hubo al menos siete personas que se preguntaron por qué el cirujano intervenía el pie de la paciente, pero no lo manifestaron. El significado no fluyó libremente porque los involucrados tenían miedo de expresar lo que pensaban.” (Ron McMillan, Conversaciones Cruciales – Edición Revisada)

Es importante estar pendientes para que nunca los silencios nos coloquen en una situación de complicidad culpable. Que nunca los respetos humanos o el miedo al «qué dirán» nos cohíban de cumplir con nuestros deberes. Cultivemos la valentía que nos lleve a expresar nuestros pensamientos con respeto y naturalidad. Será una forma de conquistar la libertad.

PARA SER BUENOS

Debo a Alexander Solyenitsin una de las intuiciones más certeras que conozco sobre el hombre. El escritor ruso desterrado al archipiélago Gulag cuenta en sus memorias cómo un día, tras recibir una golpiza, tuvo un delirio de venganza. Imaginó que la situación se invertía. Que sus verdugos pasaban a ser presos y él, verdugo. Sintió de pronto cómo la maldad hacía erupción en su interior. Manaba a borbotones desde una oscura y hasta entonces desconocida fuente. Se vio a sí mismo, casi extasiado, desquitándose con extrema saña y crueldad. Entonces recapacitó y cayó en la cuenta de una tremenda e inquietante realidad: la línea divisoria entre el bien y el mal no está en el exterior. No podemos trazar una línea divisoria que separe a unos hombres de otros —los «buenos» y los «malos»—, sino que atraviesa de punta a punta el corazón de cada hombre.

Todos tenemos una lucha interior que define externamente lo que somos. Para ser buenos, hemos de saber que somos capaces de hacer las acciones más depravadas y perversas. Por eso, hemos de vigilar sobre nosotros mismos. De forma natural no deseamos hacer el mal, pero cuando lo cometemos, incluso esas acciones malas las podemos aprovechar para ser mejores.

En estos días un grupo de amigos fue a una excursión a un conocido lago de mi país. Alquilaron kayaks y comenzaron su alegre travesía. Después de un par de horas remando, uno de ellos notó que estaba entrando agua a su medio de transporte. Fue entonces que comenzó a pedir ayuda a sus amigos y regresar al muelle fue toda una odisea. Se tiró al agua, y entre varios compañeros intentaron sacar su canoa. Otro, un poco más liviano, se subió al kayak dañado y dejó el suyo al temeroso de perecer en el fondo de las aguas.

Al regresar al punto de origen, resultó que habían dado el kayak n. 4, el defectuoso, a mi amigo. El dueño de los alquileres de kayak dijo a sus compañeros de negocio: «cuántas veces les he dicho que no entreguen el kayak n. 4 ya que está en mal estado».

Cuando conté las historias contadas por mis amigos, pensé que a veces somos el kayak n. 4. Tenemos desperfectos, fallamos, cometemos errores. Pero, ¿cómo había sido la excursión sin el kayak n. 4? Tal vez una excursión como cualquier otra. Gracias al desperfecto, mis amigos vivieron mejor el compañerismo, el trabajo en equipo. Se interesaron unos por otros. Gracias al Kayak n. 4, mis compañeros tuvieron una historia interesante que contar por la noche. El desperfecto inesperado hizo que pasaran una gran experiencia.

Así pasa también en nuestra vida. Quisiéramos una vida perfecta y sin contratiempos. Pero las faltas y los errores son los que más nos sirven para mejorar. La humildad consiste precisamente en eso: aceptar nuestros errores, no perder la alegría y además sacar experiencia de ellos.

Para ser buenos hemos de saber que podemos ser malos, y que de hecho lo somos en diversas ocasiones. Pero ese conocimiento lejos de producirnos tristeza nos debe llevar a estar vigilantes, aprender de nuestras fallas y recomenzar de nuevo, siendo más conscientes de nuestra debilidad. El conocimiento de nuestra debilidad nos permitirá romper nuestra autosuficiencia y nos llevará a pedir ayuda. Este es otro aspecto importante de nuestra mejora personal. Nadie puede ser mejor si no cuenta con amigos con los que compartir sus problemas y dificultades. Recibir consuelo y ayuda nos permite mantener el combate contra nosotros mismos.

¿Qué hacer con nuestros defectos? No tomarlos tan en serio. En este deporte que consiste en ser mejores cada día es más importante levantarse que no caer. Así, aprenderemos a perder y a ganar. Adquiriremos la agilidad que da la humildad para reiniciar nuestra lucha por ser mejores, aprovechándonos de nuestras faltas diarias.

Gracias por acompañarme un día mas en este reto de 365 días de historias sobre virtudes.

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