Pasión por la lectura

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Hace tiempo no encontraba un libro que me generara tanto entusiasmo. Daniel Pennac en “Como una novela” había producido un efecto parecido. En esta ocasión “Una lectora nada común” del escritor Alan Bennett provoca una especial sintonía con la protagonista. 

El personaje de la narración es La Reina de Inglaterra, introducida en la lectura por un empleado de la cocina del palacio real. Se trata de una cómica narración, entretenida, que muestra cómo al leer ampliamos horizontes, conocemos a las personas y cambiamos nuestra vidas.  Queda evidente en sus páginas que esta afición es una auténtica escuela de humanidad y para quien la practica con dedicación, pasión y honestidad, es el camino perfecto para conectar con los valores más altos y nobles del ser humano.

Casi siempre se comienza a leer por obligación. El gusto viene después de pasar horas delante del libro, muchas veces impuesto por la lección escolar. Pero “aleccionar no es leer. De hecho, es la antítesis de la lectura. Aleccionar es sucinto, concreto y pertinente. Leer es desordenado, disperso y siempre incitante. El aleccionamiento cierra un tema, la lectura lo abre”.

El siguiente escalón es el “interés próximo”. La mejor forma de amar la lectura es buscar libros sobre temas que apasionen. En este caso, la Reina de Inglaterra empezó por la literatura donde aparecían perritos o autores cuyos apellidos le sonaban conocidos. Luego “un libro llevaba a otro libro, nuevas puertas se abrían mirase donde mirase, y los días no eran lo bastante largos para leer todo lo que ella quería”.

Se pasa a leer autores contemporáneos que usando un lenguaje conocido desvelan situaciones familiares; “El poeta joven necesita maestros de su tiempo, los clásicos son un complemento y no vienen sino después”.

Aparecen después las “Perturbaciones de la conducta”. En esta parte el autor muestra situaciones graciosas. Por ejemplo el día en que la reina simula un resfriado, algo inaudito en más de sesenta años, sencillamente para tener más tiempo para leer.

El quinto estadio se refiere a las “Perturbaciones morales”. La protagonista reconoce que la lectura la transforma por dentro. Se percibe a sí misma más capaz de atender de forma empática a las personas. “Creo que me estoy convirtiendo en un ser humano. No estoy segura de que sea una evolución bien recibida”.

En la fase de las “Perturbaciones estéticas” descubre que libros, música o cuadros que antes no le gustaban, a medida que avanza en la lectura, le entusiasman.

Las “Perturbaciones anímicas” producidas por la lectura le llevan a descubrir la lectura como actividad se defiende sola. Además de enriquecernos, nos hace pasarlo bien, reírnos, ver el lado luminoso de la existencia más cotidiana, emocionarnos con las inevitables tragedias, calibrar la grandeza de los detalles pequeños, abismarse en la hondura de los tiempos muertos…

En el octavo escalón se mira el secreto de la voz del autor. Detrás del estilo, el lector sintoniza con la voz del que narra y se produce una conexión mágica con sus intereses, sentimientos y propósitos. Pasado este punto, casi siempre se da el salto a tratar de expresar por escrito, en primera persona el mundo interior. Comienza de forma incipiente el deseo de imitar a los autores favoritos y transmitir a otros las propias experiencias. Es aquí cuando se comienza a leer con lápiz y papel en mano, tomando notas e intentando atrapar para sí, y para los demás, la genialidad de los mejores escritores.

El último paso es la “vida nueva”. Los libros pasan a ser amigos. Bien seleccionados, los mejores compañeros de viaje, alas que elevan y conducen a mejores destinos. Sin duda el inicio de nuestra mejora personal.

 

Juan Carlos Oyuela

 

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