Recuperar el prestigio y la confianza

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Por razones de interés académico, aprovechando las bondades del Internet, pido a Google que me reporte cada cierto tiempo cuáles son las búsquedas más frecuentes en Honduras. De forma recurrente, en estas últimas dos semanas, me reportó que la búsqueda de la palabra “ética” tuvo un repunte vertiginoso.

Pensé que esta situación tal vez se deba a que cada vez más pensamos que el “respeto del bien ajeno” por el que vela la ética, forma parte de la salida a la delicada situación en que se encuentra nuestro país. 

Me viene a la memoria un discurso que en su momento fue inusual en un presidente electo. “Mis queridos ciudadanos: durante cuarenta años oísteis de mis predecesores en este día diferentes variaciones del mismo tema: cómo floreció nuestro país, cuántos millones de acero produjimos, qué felices éramos todos, cómo confiábamos en nuestro gobierno y que brillantes perspectivas se abrían ante nosotros.

Supongo que no me habéis propuesto para este cargo para que mienta también. Nuestro país no está floreciendo. El enorme potencial creativo y espiritual de nuestras naciones no se usa sensatamente…”. Vaclav Havel tomaba posesión como presidente de Checoslovaquia en febrero de 1993. Después de largos años de régimen comunista asumía el gobierno de un país atravesado por numerosos problemas.

Este discurso es un ejemplo acabado de cómo poner las bases para restablecer la confianza en una sociedad polarizada, desmotivada y con una clase política desprestigiada. 

Atraer a todos los ciudadanos detrás de un discurso esperanzador que les una requiere en primer lugar recuperar el prestigio y la generación de confianza.

Hemos llegado a tal situación que para sacar adelante Honduras no son suficientes las palabras y promesas. Hace falta la humildad para aprender del pasado. El diálogo tantas veces mencionado en estos días, deberá partir del deseo sincero de rectificar y enmendar tanto desatino. De recuperar la sensatez y el sentido común.

“Pero todo esto no es el principal problema. Lo peor es que vivimos en un ambiente moral contaminado. Nos sentimos moralmente enfermos porque nos hemos acostumbrado a decir algo diferente a lo que pensamos. Aprendimos a no creer en nada, a ignorarnos, a preocuparnos solamente por nosotros.”

El siguiente paso para salir adelante será hacer un compromiso decidido con la verdad. En mi opinión, el primer problema de Honduras es que nos hemos vuelto incapaces de escuchar la verdad. Esto nos ha llevado a plantarnos como incorregibles y rebeldes obstinados. Al que se considera intocable, por encima de la ley, con licencia para tratar injustamente a los otros, no le gusta escuchar la verdad y después, tampoco pronunciarla. 

“Todos nos acostumbramos al sistema totalitario y lo aceptamos como un hecho inmutable y esto contribuyó a perpetuarlo. En otras palabras, todos nosotros somos -aunque naturalmente en distinta medida- responsables del funcionamiento de la máquina totalitaria. Ninguno de nosotros es sólo su víctima: todos somos, además, sus co-creadores”.

Necesitamos como sociedad el coraje suficiente para asumir las propias responsabilidades. Sólo así, podremos ser conscientes que nosotros, y no otros, serán los que tomarán esos problemas y los convertirán en ocasión de convertirlos en un reto común que una a la sociedad hondureña, no el pretexto para culparse unos a otros.

Con la verdad en las palabras y en las obras, reconociendo con valentía los propios errores y la consecuente responsabilidad, podremos rectificar en conjunto en un clima de confianza. Solamente así tendremos la solvencia moral para solicitar la colaboración de todos e implicaremos a todas y todos en sacar adelante nuestro hermoso país. Solamente así, suscitaremos la iniciativa y creatividad de los mejores hombres y mujeres de este atribulado y maravilloso país.

 

Juan Carlos Oyuela

 

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