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Corrupción

Se puede dejar de ser corrupto

Estos días escuché algunas noticias en las que se mencionan ciertas dudas sobre el manejo de los fondos para combatir la pandemia del Covid-19 en Honduras. Diferentes sectores manifiestan sus sospechas con relación a facturas sobrevaloradas, enseres innecesarios o compras asignadas a personas allegadas al gobierno etc. Es preciso darse cuenta de que la gravedad de un acto de corrupción se ve incrementado en estas circunstancias en las que muchos compatriotas padecen extremada carencia de alimentos y productos de primera necesidad. Es fundamental dilucidar y desvanecer cualquier falta de confianza en este asunto tan delicado.

En estos momentos existen requerimientos entendibles de parte del gobierno que debe adquirir insumos para atender a las diferentes necesidades de esta pandemia. No es deshonesto ofertar servicios y productos para atender a esta demanda. Sería incorrecto pensar que todos los que venden al gobierno están actuando ilícitamente. También es lógico que en estos días algunos precios se hayan incrementado, simplemente porque muchos países están solicitando los mismos suministros y la demanda ha incrementado. Una simple factura con precios superiores no es suficiente prueba de un comportamiento incorrecto. Haría falta que la autoridad competente analizara esta información en el contexto adecuado.

Los que difunden información que induce a la desconfianza y a la suspicacia deben tener en cuenta que pueden estar cometiendo una injusticia al difundir datos incompletos o incorrectos sin las pruebas o el contexto suficiente. Son corruptos tanto el que infla artificialmente los precios como el que difunde información de forma irresponsable.

En todo caso, el gobierno debe asegurar la transparencia y el buen manejo de los fondos. Tal como menciona la Conferencia Episcopal de Honduras en un mensaje recién publicado, daría más confianza facilitar que entidades de la sociedad civil como el CNA y el Fosdeh realicen auditorías sobre las compras y el manejo de los fondos.

Nunca se justifica una actuación de corrupción. Pero en estos momentos es necesario plantear un cambio para los que se han dejado llevar por actos deshonestos en otras ocasiones. Al pensar de que es posible mejorar el comportamiento en estos temas me hizo recordar una historia escuchada hace algunas semanas. Alexander Havard, un experto reconocido en liderazgo virtuoso, cuenta en su libro Creados para la grandeza lo siguiente:

“Julio de 2013, Mombasa, en la costa del océano Índico. El presidente de la Comisión para la aplicación de la nueva Constitución Keniata me ha invitado a presentar mi sistema de liderazgo virtuoso ante medio centenar de diputados, senadores y gobernadores.

Por mi parte es la primera vez que me dirijo a políticos. Llega el momento de las preguntas, y Gerald Otieno Kajwang se levanta.

Kajwang es un senador famoso, muy corpulento. Con frecuencia ha recurrido a la fuerza física para defender sus ideas.

Pues bien, este individuo coge el micro y dice: ”Alexandre, predica usted a un público que no es el suyo. Somos políticos precisamente porque no somos virtuosos. Somos, todos los aquí presentes, bandidos, y quizá hasta criminales. Es nuestro trabajo”.

La sinceridad de sus declaraciones me cogió por sorpresa. Pero me repuse: -El hecho de que sea usted un bandido y un criminal no supone un problema.

Kajwang me miró estupefacto.

-No, el problema no es que sea usted malo. El problema es que es pequeño. El problema del mal no es el mal en sí: es la disminución del ser, el estrechamiento del corazón, el raquitismo espiritual que implica y la catástrofe estética que provoca. Es la disminución de ser lo que constituye un problema para usted, y estoy aquí para ayudarle a remediar el problema, porque un ser pequeño es un ser feo.

Kajwang se calló humildemente. Al año siguiente murió de un paro cardíaco. Tenía 55 años.

Más tarde me enteré de que cambió profundamente en el mes anterior a su muerte: convirtió su corazón. Había salido de su pusilanimidad ramplona para entrar en la esfera sublime de la magnanimidad, de la grandeza y de la belleza. Kajwang se convirtió en una persona magnífica, un ser noble y libre.

Son muchos los que toleran ser malos, pero pocos los que toleran ser pequeños. Son muchos los que toleran tener una voluntad perversa, pero pocos los que toleran tener un corazón raquítico.

La educación del corazón, eso es lo que todos necesitamos para levantar el vuelo como las águilas y dejar de batir las alas como pollos de corral”.

Se puede dejar de ser corrupto. Al político mencionado en la historia le bastó escuchar una conferencia para reconocer con sinceridad y valentía que su comportamiento no estaba bien. Es verdad que no se cambia de la noche a la mañana, sin embargo en las actuales circunstancias necesitamos autoridades, empresarios y ciudadanos de corazón grande que no piensen exclusivamente en su provecho personal. También hace falta que los que infunden sospechas y desconfianzas infundadas recapaciten. Es posible que su comportamiento imprudente esté motivado por la buena voluntad de ayudar. La buena voluntad es necesaria pero no es suficiente.

Hacen falta virtudes reales para sostener el comportamiento ético de una persona. Y sobre todo, solo las personas virtuosas tienen la fuerza para levantar y sostener a la sociedad en este momento de crisis.

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