¿En qué consiste el bien común?

Múltiples ocupaciones me habían impedido escribir algunas líneas en el blog. Estoy de regreso con la idea de escribir con un nuevo formato; más libre y espontáneo. Tocar temas básicos sobre la ética que combinen, por un lado, los conceptos básicos con situaciones de actualidad que sirvan como explicación práctica de cómo debería actuar de forma ética un ciudadano en el mundo actual. En este caso, comentaré algunas ideas sobre el bien común. Se trata de un concepto fundamental para los políticos y en general para los ciudadanos que deben tender a un modelo de convivencia solidaria.

 

El bien comun

¿Qué es el bien común?

Por bien común se entiende “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, n. 26).

Es evidente que la vida en solitario es inviable. Necesitamos de los demás y los otros también nos necesitan. Madurar es descubrir ese delicado equilibrio entre la autonomía personal y la sana dependencia entre unos y otros. Esas relaciones de dependencia entran dentro del ejercicio de virtudes como la justicia y la solidaridad. Vivir en sociedad es encontrar fines comunes por los que vale la pena esforzarse. De hecho, trabajar en fines comunes es una de las soluciones para una sociedad fragmentada en donde la disparidad de opiniones, a veces contrapuestas, puede plantear una dispersión que desemboque en aumentar el individualismo. Trabajar en proyectos comunes es una forma adecuada de fomentar la capacidad de diálogo.
¿Por qué dialogar?

Para muchos, el diálogo nacional en marcha nació muerto. Dicen que no están los que deberían

Un ejemplo usado con frecuencia para explicar esa dependencia mutua, entre los ciudadanos, es la similitud entre la sociedad y el cuerpo humano. Platón usaba ese símil para explicar que los filósofos eran como la cabeza pensante que debería gobernar una sociedad ideal; el pecho eran los militares y las piernas los artesanos y granjeros. La idea parece buena; unos y otros prestan funciones al buen desempeño de la sociedad en su conjunto. Para que el cuerpo se sostenga haría falta que cada uno cumpliera con su cometido. Pensadores como santo Tomás de Aquino presentan como finalidad del Estado la consecución del bien común.

La responsabilidad de edificar el bien común compete, además de a las personas particulares, también al Estado, porque es la razón de ser de la autoridad política. La persona concreta, la familia, los cuerpos intermedios no están en condiciones de alcanzar por sí mismos su pleno desarrollo; de ahí deriva la necesidad de las instituciones políticas, cuya finalidad es hacer accesibles a las personas los bienes necesarios —materiales, culturales, morales, espirituales— para gozar de una vida auténticamente humana.

Esto significa el bien para todos y cada uno de los miembros de una determinada sociedad. Para él, el bienestar común serían las condiciones necesarias para que los individuos, las familias y las asociaciones alcanzaran su máximo desarrollo. Esas condiciones mínimas serían tres: la paz, el bienestar material y los valores. El concepto de paz del que se habla tiene unas características especiales; tendría que ser externa e interna, individual y social. Producto más de una concordia y armonía voluntaria que un producto de la imposición de un agente externo y coercitivo. Esa paz tendría que ser fruto de la cooperación voluntaria para alcanzar objetivos comunes. En ausencia de paz no se puede dar equilibrio ni armonía social. En presencia de la violencia se impone la teoría de la supervivencia y del imperio del más fuerte. Es por esto que es uno de los primeros bienes a conseguir, para que se den las demás condiciones. La violencia solo engendra violencia.

El bienestar material responde a la condiciones físicas, biológicas y psíquicas básicas de supervivencia del hombre, tenemos unas necesidades básicas de salud, alimentación y educación que deben ser atendidas para luego aspirar a otros bienes menos necesarios pero también importantes para el hombre. El dicho clásico de “primum vívere, deinde philosophare” atiende al hecho que mientras no se satisfagan esas necesidades básicas, se hace muy difícil a las personas a aspirar a otros bienes más altos. El bienestar común debe atender a que todos y cada uno de los ciudadanos, sin excluir a ninguno, debemos contar con los recursos vitales necesarios para el desarrollo personal y colectivo. Los valores son cualidades por las cuales se puede decir que existen cosas buenas y deseables para todos.
El hombre es un ser ético por naturaleza, es capaz de distinguir cosas y acciones que le convienen en orden a conseguir sus fines. Para santo Tomás de Aquino el bien más alto para el hombre es de carácter sobrenatural, esto significa gozar de Dios en el cielo. Para esto, el Estado debe promover y favorecer las buenas acciones de los ciudadanos: al mismo tiempo, se deben establecer normas que marquen límites para, dentro del respeto de la libertad ciudadana, se informe y en cierta forma se obstaculice que alguien opte por acciones que representen un daño para él mismo o los demás. Así como en una carretera se ponen vallas que indican la presencia de un peligro, de igual forma deben existir leyes que indican con claridad comportamientos que va en contra de la sociedad.
Un conductor puede hacer uso de su libertad para saltarse una valla y caer en el precipicio pero en atención al bien común deben existir las advertencias y medidas de seguridad para disuadir de estos comportamientos a los ciudadanos. De igual manera, en atención al bien común, deben existir leyes que garanticen el respeto de la vida o que cuiden la moralidad de los espectáculos públicos o se promueva la libertad de expresión.
El bien común involucra tres elementos esenciales: el respeto de la persona y de sus derechos fundamentales. Una particular atención debe prestarse a que pueda ejercer las libertades indispensables para su propio desarrollo. Exige el bienestar común y el desarrollo. Como se mencionó es imposible conseguir el bienestar común de los ciudadanos si se carece de la estabilidad que brindan el respeto de la paz y de la seguridad ciudadana.
Los obispos de Honduras, en un comunicado reciente recalcaban la importancia de la búsqueda del bienestar para todos los hondureños: La invitación, dirigida a “toda la ciudadanía, la clase política, empresarial, académica, colegios profesionales, campesinos y obreros” es a llevar adelante “un proceso de transformación del país que tenga como norte el Bien Común y su mayor beneficio que es la paz”. Una tarea que requiere “una seria revisión de los valores, sobre todo los valores morales, de las actitudes y de los actores que tengan la mejor disponibilidad para servir con transparencia, fidelidad en el cumplimiento de la ley, luchadores por establecer la justicia; una justicia que permita edificar un país con equidad y nos ayude a superar esta página tan dolorosa de la historia patria, empañada por el peso del narcotráfico, la corrupción, la impunidad y el abuso del poder”.