Una democracia atractiva para los jóvenes

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Existe un desencanto generalizado hacia la política y la democracia. Para las nuevas generaciones, realidades como elecciones, partidos políticos, candidatos y asambleas legislativas son fuente de desconfianza. “El gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo” no es perfecto. Luis Salazar Carrión, filósofo y político mexicano menciona que “La democracia es un conjunto de reglas que intentan traducir en términos reales algunos valores importantes como la paz, la pluralidad, la libertad, igualdad, lo hace mal, muy mal, pésimamente mal. Pero hasta ahora, sin esas reglas no han existido más que tiranías, dictaduras, autocracias, totalitarismos, que resultan, por lo menos, mucho peor que la peor de las democracias…”
El futuro de nuestra sociedad depende de que transmitamos a los jóvenes una educación en los auténticos valores democráticos. Que comprendan su dinámica y leyes propias. Sobre todo que abandonen la apatía y el rechazo que algunos sienten hacia la participación en los espacios públicos.
Me impresionó positivamente el libro de José Woldenberg [Cartas a una joven desencantada con la democracia”. El prestigioso politólogo mexicano y escritor desarrolla de forma interesante, usando el género epistolar, una apología de la democracia que valdría la pena plantearse en la educación de las nuevas generaciones. Basta salir a la calle y conversas con los jóvenes para ver la apatía cada vez más pronunciada a involucrarse en los asuntos públicos y a practicar, por sistema, la dejación de los propios derechos y deberes civiles.
Tristemente no forma parte de las aspiraciones de la mayoría de los jóvenes la participación y el involucramiento en la política. Actividad desprestigiada pero necesaria que requiere de una nueva actitud más realista y sobre todo de mayor patriotismo.
Sin duda, influyen los sonados casos de corrupción que parecieran ser una enfermedad endémica y contagiosa entre los políticos, pero sobre todo la escandalosa impunidad con la que todo un sistema pareciera consentir de forma cómplice.
Donald Trump dijo el veinte de enero de dos mil diecisiete, en su primer discurso como presidente “La ceremonia de hoy tiene un significado muy especial. Porque hoy no estamos simplemente transfiriendo el poder de una administración a otra, o de un partido a otro, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington D.C., y devolviéndolo a ustedes, el pueblo estadounidense”. Demagogia o no, se trata precisamente de que la clase política sea más consciente que los tiempos han cambiado. La nueva realidad y sensibilidad de los jóvenes requiere abrir nuevos espacios para escuchar sus intereses e inquietudes. Desconocer esta necesidad de apertura puede condenar al fracaso cualquier buena intención de gobernanza política. El mencionado discurso continuaba de esta forma: “Los políticos prosperaron, pero los empleos desaparecieron y las fábricas cerraron. El sistema se protegió a sí mismo, pero no protegió a los ciudadanos de nuestro país…” Tal vez, esta sinceridad es parte del cambio de nuestros políticos para ganarse las simpatías de los jóvenes.
Una sociedad no puede salir adelante sin la participación activa de sus miembros. La política requiere en estos momentos personas valientes que digan la verdad y se atrevan a ir en contra de un sistema complaciente con los intereses de unos pocos. Hoy más que nunca, necesitamos una educación que forme ciudadanos conocedores de sus derechos y deberes, que formen con libertad su criterio y pierdan el miedo a la transparencia y a la rendición de cuentas.
 

Juan Carlos Oyuela

 

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